CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: Andreas Schager con Guillermo García Calvo en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Óscar del Saz
27 de octubre de 2026

Crítica de Óscar del Saz del recital de Andreas Schager, acompañado al piano por Guillermo García Calvo en el Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) y Teatro de la Zarzuela

Andreas Schager con Guillermo García Calvo en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

Experimento fallido 

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 26-X-2026. Teatro de la Zarzuela. XXXIII Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM]. «Die schöne Müllerin», D795 (1823), de Franz Schubert (1797-1828), con textos de Wilhelm Müller (1794-1827). Andreas Schager (tenor), Guillermo García Calvo (piano).

   El XXXIII Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) recibía en el Teatro de la Zarzuela la interpretación íntegra de «Die schöne Müllerin», el primer gran ciclo schubertiano y una de las piedras angulares del Lied alemán. Más que una sucesión de canciones, estas veinte miniaturas constituyen una auténtica novela psicológica musicada, donde el entusiasmo juvenil, la naturaleza, el deseo amoroso, la frustración -por el amor imposible- y la muerte se encadenan con una asombrosa coherencia dramática.

   La presencia del debutante tenor austriaco Andreas Schager (1971) -considerado como uno de los «heldentenor» de referencia de la actualidad- suponía, además, un atractivo singular, un cantante acostumbrado a encarnar algunos de los personajes más heroicos y extenuantes de Wagner. Y no es que cantar Lied signifique lo opuesto a cantar Wagner. En realidad, ambas cosas no tienen nada que ver, pero sí hay que saber -contando con el tipo de voz que tengas y tus recursos expresivos- sustituir la épica por la intimidad y concentrar toda la expresividad en la palabra, la línea de canto, el fraseo, el matiz y el color vocal. Adelantamos que poco de ello vimos.

   Ya hemos comentado alguna vez la mala estadística de los artistas españoles en cuanto a su comparecencia en el Ciclo de Lied. Afortunadamente, en este recital -para acompañar a Schager- se ha unido a la pléyade de pianistas elegidos a Guillermo García Calvo, más conocido por su faceta de director de orquesta, aunque comenzó su formación musical como pianista y estudió en Viena, ciudad donde ha mantenido una intensa relación profesional con la Wiener Staatsoper, con sólida especialización en el repertorio germánico, particularmente Wagner y Strauss. Aún así, la tasa de pianistas españoles se nos antoja como insuficiente porque no supera el 16% (15 pianistas españoles sobre un total de 94). Lo mismo ocurre con los cantantes españoles (13%, es decir 15 cantantes españoles frente a un total de 116). Esperemos que esto se revise y la estadística mejore.

   La valoración que hacemos de la interpretación de la obra maestra que nos ocupa, por parte de Andreas Schager, fue profundamente negativa, decepcionante. Para empezar, el cantante dependió absolutamente de la partitura, que utilizó en todo momento, sobre el atril, pasando una hoja tras otra. Tampoco supo reducir la escala de sus medios vocales sin que ello le pasase factura técnica, musical y estilística. Alguien podría pensar que fue porque Andreas Schager no abordó «Die schöne Müllerin» desde la tradición del liederista puro, que desde luego no lo hizo, sino desde una visión eminentemente teatral, sobre humanizada y ruda, del personaje. En realidad, ello tampoco fue así ni constituyó el principal problema para que el experimento saliera mal, como comentaremos a continuación.

Andreas Schager con Guillermo García Calvo en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

   Técnicamente, la voz de Andreas Schager -no especialmente bella-, actualmente fuera de horma, destemplada y ensanchada, un tanto inestable, aunque de buena dicción, posee un timbre brillante en el registro agudo, quizá en exceso lacerante, pero sustentado por una zona media de carácter marcadamente baritonal, con un metal penetrante, que es capaz de proyectarse por encima de grandes masas orquestales wagnerianas. La emisión es muy abierta y a veces con sonidos fijos, con gran capacidad para la proyección. El Registro central es sólido y ancho, y el centro vocal tiene un peso casi de barítono dramático, de cariz autoritario. Los agudos son metálicos, con impacto acústico pero no catalogables como «bellos».

   En los cuatro primeros números de «La bella molinera» -primera toma de temperatura de la interpretación-, comienza el viaje, aparece el arroyo y el protagonista decide seguir su curso -su destino- y, por fin, descubre el molino. Es en este momento donde el arroyo deja de ser paisaje para convertirse en interlocutor. En todos esos números encontramos una interpretación muy plana, aunque el cantante aprovechó su solvencia en los graves, que no sirvió más que para remarcar alguna parte de la dicción en ciertas palabras clave, pero hubo algunas subidas al agudo, muy fijo, problemáticas.

   En el resto de piezas hasta el número 11., «Mein!», con un canto asertivo y más ajustado a lo que el texto pide, encontramos en el cantante muchas dificultades para abordar la dinámica piano y los ‘tempi’ lentos, con voz desvaída, incluso desafinada en algunos momentos -número 6, «Der Neugierige», y número 9, «Des Müllers Blumen»-, cuando no en clave aburrida, como en 10, «Tränenregen»-; ambos inconvenientes se repitieron en los números 12, «Pause» y 16, «Die liebe Farbe», también con un canto un tanto vociferado. Los tres últimos números resultaron con la misma tónica de lento aburrimiento y tono desvaído, por lo que no pudieron pasar por un enfoque afectado que podría haber funcionado. 

   En definitiva, se salvaron únicamente los números 14, «Der Jäger» (donde irrumpe el cazador) y 17, «Die böse Farbe», que se pueden cantar en forte, lo que les vino bien; el primero, además, es un difícil ‘parlato’ que el cantante sacó de forma aseada. En cuanto a la labor al piano de García Calvo, resultó muy valiosa una colaboración más introspectiva que otra cosa, siempre pendiente del cantante, con una lectura sólida, atenta a las transiciones dramáticas, con buena caracterización del arroyo, verdadero hilo conductor de la obra.

   En definitiva, un experimento fallido vocalmente hablando -inentendible que fuera, ni siquiera intentado, por parte de un cantante tan experto como Schager que seguro que conoce sus limitaciones estilísticas y su estado vocal actual-, y que no pudo ser compensado con una discutible capacidad narrativa ni con una más o menos adecuada dicción-inflexión expresiva para reflejar la evolución psicológica del personaje protagonista. Eso sí, si el experimento sale mal, nada como intentar resarcir -o compensar- con la brillante propina «Winterstürme wichen dem Wonnemond» de «La Valquiria», donde sus prestaciones llegaron a ser formidables, y por las que surgieron algunos bravos del respetable.

   Enfrentarse a «Die schöne Müllerin» necesita de la progresiva transformación del protagonista y venir muy preparado, con todo muy interiorizado y convencer desde la ingenuidad casi popular de «Das Wandern» hasta la desolación «metafísica» de «Der Müller und der Bach» o la doliente y transfiguradora nana final. Ahí reside el verdadero desafío de la obra, más aún que en sus dificultades vocales, que las tiene, y para las que se necesita otro tipo de cantante o uno que domine más de un tipo de repertorio. Concluimos diciendo que «experimentar a ver si te sale bien» no es de recibo en el Ciclo de Lied del CNDM.

Fotos: Rafa Martín

Andreas Schager con Guillermo García Calvo en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela
  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico