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CRÍTICA: '¡AY, AMOR!' EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA DE MADRID

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24 de septiembre de 2012
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 HUBO EMBRUJO DE AMOR 

 ¡AY, AMOR! Teatro de La Zarzuela, Madrid, 23-9-2012. El amor brujo  (Manuel de Falla). Natalia Ferrándiz (Candelas bailaora ) Esperanza Fernández (Candelas cantaora) La vida breve (Manuel de Falla) Lola Casariego (Salud), José Ferrero (Paco), Milagros Martín (La abuela)  Enrique Baquerizo (El Tío Sarvaor), Josep-Miquel Ramón (Manuel)  José Ángel Carmona (Cantaor), Gustavo Peña (Una voz en la fragua). Coro del Teatro La Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid (titular del Teatro de La Zarzuela). Dirección Musical: Juanjo Mena. Producción de Herbert Wernicke realizada por Wendeling Lang.

El veneciano Paolo Pinamonti ha comenzado su periplo como director del Teatro de  La Zarzuela con un programa dedicado a su admirado Manuel de Falla, en el que se unen dos mujeres que aman apasionadamente pero no son bien correspondisas por sus amados . Si bien el principal cometido de este teatro sería la promoción del género que le da nombre, también lo es, como Teatro Nacional,  la difusión de la música y los compositores patrios, y entre ellos, cómo no, el que para muchos es el primero de ellos y el de mayor difusión internacional. De todos modos, el Teatro de La Zarzuela, además de al género lírico nacional por antonomasia, está abierto también a otras manifestaciones líricas, como puede ser su ya tradicional ciclo de lied, las óperas de cámara o de reducido formato que complementen la programación del Real (sería un teatro mucho más adecuado para el repertorio barroco y, en general, del Settecento) o el ballet. El problema es que está infraexplotado y, en mi opinión, debería tener una programación mucha más amplia que tuviera como columna vertebral la zarzuela y, dentro de este género, la programación de títulos valiosos poco representados.  Habrá que esperar a tiempos económicamente mejores.

Ha manifestado el nuevo responsable del teatro que intentaría atraer a los mejores directores musicales y potenciar ese apartado en esta nueva etapa. Pues bien, Juanjo Mena  (que se alternará en el podio con Guillermo García-Calvo otro joven director español de gran presencia internacional) justificó ese anhelo con una estupenda labor, trabajada y plena de detalles y todo ello con una orquesta mediocre. "El amor brujo" se interpretó con orquesta reducida de 14 músicos, conforme a la versión original de su estreno por la gran Pastora Imperio en el Teatro Lara de Madrid, en 1915. Buena interpretación de la cantaora Esperanza Fernández, que, aunque estuvo amplificada, en realidad no pareció necesitarlo. Transmitió todo el desgarro, el "quejío" de la amante atormentada, con una voz amplia y notas altas percutientes, muy bien secundada por la bailaora Natalia Ferrándiz. En  la magnífica "La vida breve", en la que Falla integra genialmente los elementos populares, el flamenco, la danza y el folklore español, con las influencias de Debussy, Dukas, Wagner, Puccini y el verismo, Mena, ya con orquesta completa, recreándose en tempi más bien pausados, pero sin decaer nunca la tensión, apuntaló su notable interpretación. Obtuvo el mejor sonido posible de una orquesta con carencias, creó atmósferas, hilvanó detalles de gran elegancia y refinamiento, contruyó tensiones como en la primera y más popular de las danzas en la escena de la Boda, en que comenzó en  un sedoso pianissimo para ir graduando la tensión hasta el forte final. En el apartado vocal,  Lola Casariego, con grave desguarnecido y problemas en el paso al agudo, donde mostró sonidos abiertos y laminados, cantó con buen gusto y corrección, además de haberse entregado en el apartado dramático, un aspecto en el que, quizás, faltó un punto más de emoción. José Ferrero, en el ingrato y poco desarrollado papel de Paco, cantó con voz robusta, pero gutural y retrasada, además de ayuna de ductilidad. Un desvencijado y temblón Enrique Baquerizo aprovechó con veteranía y tablas las frases del Tío Sarvaor, entre ellas la impactante "¡Déjame que lo mate!" del primer acto. La experiencia y las intenciones también salvaron a Milagros Martín, que no estuvo cómoda en ningún momento en un papel como el La abuela, que pide un registro grave mucho más consistente. Cumplidor el cantaor José Angel Carmona, cuya voz también resultó amplificada. Muy bien el coro, que demostró su solera y dominio del repertorio lírico nacional.

 

La producción del ya fallecido Herbert Wernicke se basa en una plataforma circular en cuyo centro, en "El amor brujo", se sitúa la cantaora Esperanza Fernández y desfilan elementos de la España eterna: el guitarrista, el torero, los nazarenos y también el fuego, mediante las llamaradas que emiten en la magnífica y plena de embrujo danza ritual, las piedras que rodean el escenario circular. En "La vida breve" se mantiene la misma escenografía que, de manera inteligente, se transforma en la escena de la fiesta de la boda de Carmela y Paco donde el regista demuestra habilidad en el movimiento escénico y una buena dirección de actores . Durante el interludio previo al acto II, la cantaora recita unos versos que no figuran en la obra y que molestan el disfrute de la mangífica orquestación de Falla. Al final, después de la muerte de Salud y el último acorde orquestal, llueven flores y vuelve a aparecer la cantaora para unirse con la otra víctima del amor, entonando la Nana de Sevilla de los cantos populares de García Lorca: "Este galapaguito no tiene mare, le parió una gitana, lo echó a la calle..." En resumen, una apertura de temporada y comienzo de etapa con buen nivel musical y escénico.

 

 

Autor:Raúl Chamorro Mena
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