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CRÍTICA: BALLET DU GRAN THÈÂTRE DE GENÈVE EN LA TEMPORADA DE DANZA DEL TEATRO CAMPOAMOR

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Autor: Aurelio M. Seco
2 de mayo de 2012
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Lugar: Teatro Campoamor. Fecha: 30 de abril. Ciclo: Festival de Danza de Oviedo 2012. Compañía: Ballet du Gran Thèâtre de Genève. Obras: "Transit umbra" y "Sed lux permanet" de Francesco Ventriglia y Ken Ossola

MALA MEZCLA DE GINEBRA

A veces sucede que un ballet de notable nivel artístico decepciona por culpa del trabajo del coreógrafo. El Ballet del Gran Teatro de Ginebra visitó la Temporada de Danza del Campoamor con dos de sus últimos trabajos coreográficos: "Transit Umbra" y "Sed Lux Permanet", dos creaciones realmente discretas de Francesco Ventriglia y Ken Ossola,  que fueron aplaudidas por los asistentes con excesiva generosidad. Se trata de dos obras complementarias, una especie de díptico que, según explica en los programas de mano Philippe Cohen, director del Ballet del Gran teatro de Ginebra, nacen a instancias del propio Cohen que, inspirado por la música de Schoenberg -su "Noche Transfigurada"- y la de Fauré -"Réquiem"-, propone a los coreógrafos sendos trabajos. En realidad, el texto en el que explica el fundamento de las obras está repleto de frases vacías, de preguntas sin respuesta, de razonamientos banales y palabras y reflexiones gratuitas dignas del mejor pintor Art Nouveau, un estilo más decorativo que profundo. Después de un nutrido soliloquio, tan personal como ineficaz, el director decide que en lugar de encontrar atinadas respuestas a sus preguntas, es mejor apoyarse "en la relación música-danza", y añade que, "Sin ser una respuesta en sí, me parecía interesante ver cómo la una se arraiga en la otra, dando ese efecto de ascenso hacia el lado espiritual de la danza mientras que la música trabaja el cuerpo gracias a un extraño poder físico...Ascensión y encarnación".  No sabemos lo que Cohen quiere decir, y creemos que él tampoco pero, tras la lectura de su alucinante texto, lo primero que hay que hacer es reflexionar sobre la escasa preparación académica de algunos de los más influyentes gerentes de nuestros teatros. "Transit Umbra"- La sombra pasa- y "Sed Lux Permanet" -Pero la luz permanece- son dos obras diferentes que parecen haber sido cortadas por el mismo patrón. La primera es una creación de Francesco Ventriglia, joven coreógrafo italiano que, hace dos años, fue nombrado el director de Maggio Danza, la compañía de danza del Maggio Mussicale Fiorentino. Para el Ballet del Gran Teatro de Ginebra, Ventriglia realiza un trabajo cuya escenografía y vestuario se inspiran en la estética de Gustav Klimt, concretamente en uno de sus "besos", el del famoso "Friso de Beethoven". El Art Noveau de Klimt  coincide más o menos cronológicamente con la música que se coreografía, la famosa "Noche transfigurada" de Arnold Schoenberg, pero la estética elegida por Ventriglia para su trabajo, no. Este es uno de los mayores defectos de ambas obras, que sus movimientos parecen ir en contra de la intencionalidad de la música. Ventriglia no se da cuenta, seguramente, de que "La noche transfigurada" tiene todavía mucho de romántica, y que su propuesta parece, a su lado, demasiado primitiva, incluso tribal, salvaje, dispersa. Ambas obras, la de Ventriglia y la de Ken Ossola -"Sed Luz Permanet"- pecaron de lo mismo: parecían ir o contra o independientemente de la música. Sobre la escena, los bailarines mostraron un numeroso arsenal de movimientos y elementos técnicos, pero sin una idea clara de qué hacer con ellos. Se ejecutaron, eso sí, con notable pulcritud. En cualquier caso, al trabajo de Ossola hay que reconocerle una cierta inspiración estética, que reconcilió su propuesta con el precioso "Réquiem" de Fauré. Estamos convencidos de que ambos creadores han dado un paso en falso con sus propuestas, independientemente de su intencionalidad. Es una pena que una compañía como la del Ballet del Gran Teatro de Ginebra no sacase más partido a la notable preparación técnica de sus componentes, profesionales de calidad contrastada cuyo trabajo no fue suficiente aliciente para alimentar el interés del público conocedor. Las obras supusieron una buena excusa para evadir el pensamiento. A pesar de todo, los asistentes aplaudieron bastante. Qué le vamos a hacer. Así estamos.

 

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