CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: «Cardillac» de Hindemith en la Ópera de Zúrich

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Aurelio M. Seco
3 de marzo de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Cardillac de Hindemith en la Ópera de Zúrich, bajo la dirección musical de Fabio Luisi

Cardillac en la Ópera de Zúrich

Lo creado debe volver a su creador

Por Raúl Chamorro Mena
Zúrich, 1-III-2026, Opernhaus, Cardillac (Paul Hindemith). Gabor Bretz (El orfebre Cardillac), Anett Fritsch (Su hija), Michael Laurenz (el Oficial), Sebastian Kohlhepp (El caballero), Stanislav Vorobyov (El comerciante de oro), Dorottya Lang (La dama), Stanislav Knat (El rey). Orquesta y coro de la Ópera de Zúrich. Dirección musical: Fabio Luisi. Dirección de escena: Kornél Mundruczó. 

   Inspirada en “La señorita de Scuderi” de ETA Hofmann, una de las primeras novelas policíacas de la historia, Paul Hindemith (1895-1963) estrena en Dresde en 1926 su ópera Cardillac, sobre libreto de Ferdinand Lion.

   El protagonista, caso insólito, es un asesino en serie, un orfebre obsesionado con las fabulosas joyas que fabrica y que, una vez vendidas, recupera asesinando a las compradoras, que sólo tienen dinero, pero nada más, y no merecen portar sus creaciones únicas. 

   Teatralmente la ópera, de apenas 90 minutos de duración en su primera versión, que fue la ofrecida, posee una primorosa concisión y un desarrollo dramático de corte cinematográfico, que no da un respiro. La orquestación es densa, germánica, compacta, suntuosa, con abundante presencia de los metales, también de las maderas, y el profuso impulso rítmico resulta muy importante en esta partitura. 

   Cardillac no ha logrado instalarse en el repertorio, tampoco la otra ópera más conocida de Hindemith, Mathis der MalerMatías el pintor, de doble duración que aquélla. Por ello, hay que celebrar que la Ópera de Zúrich con ocasión del centenario de su estreno, recupere en su coqueta y bella sala esta muy interesante ópera.

 

Cardillac en la Ópera de Zúrich

   Fabio Luisi firmó una magnífica dirección musical, plena de teatralidad y flamígero sentido narrativo. No faltaron detalles, especialmente hermosas armonías de las maderas y un sonido compacto, vigoroso, a veces excesivo para los cantantes, pero es muy complicado evitarlo con esta orquestación tan contundente, apabullante, a veces incluso agreste, con constante y exuberante presencia de los metales. El coro asume un importante cometido en la ópera y lo resolvió a alto nivel, tanto en el aspecto vocal como escénico. 

 Inteligente y acertada, asimismo, la puesta en escena del húngaro Kornél Mundruczó, que encuadra la acción en un centro comercial parisino de la actualidad. En el centro, la joyería de Cardillac, en cuyo interior transcurrirá la acción en el segundo acto. La escenografía es indudable vistosa y uno puede reconocer al público típico de cualquier lugar de este tipo hoy día, con sus compras, los selfies, la vorágine consumista y demás muestras de su vacuidad. Todo ello contrasta con el oscuro y violento drama que protagoniza Cardillac, un ser complejo y atormentado, que ama patológicamente las joyas que fabrica, por encima de cualquier cosa, incluso de su propia hija, presa de una irresistible, más que lealtad, fascinación por su padre. Impactante el violento y sanguinolento asesinato con el que concluye el primer acto. Mundruczó encauza su experiencia cinematográfica en un montaje que transcurre expeditivo, pleno de fuerza dramática, intensidad y flamígera teatralidad apoyado en un movimiento escénico muy bien trabajado. Adecuado sello es ese final en el que, una vez linchado Cardillac por la turba, su hija, ya liberada de sus “cadenas psicológicas” hacia él, junto a su enamorado, el oficial, venden una a una las joyas y pertenencias a un público que hace cola, deseoso, en su necedad, de tener un recuerdo del orfebre asesino. 

   El elenco vocal lo encabezó Gabor Bretz, más barítono que bajo, con emisión gutural y timbre poco atractivo, pero sonoro. Espléndida resultó su entrega y caracterización escénica de Cardillac. Anett Frisch, soprano de voz bien emitida y homogénea, pero sin especial belleza tímbrica y con una franja aguda un tanto desabrida, cantó con musicalidad y encarnó impecablemente a la hija del orfebre en el aspecto interpretativo. De los dos tenores, destacar el sinuoso oficial de Michael Laurenz, una especie de Mime, de timbre poco grato, pero penetrante, y acentos siempre intensos e intencionados. Magnífico como actor. Más flojo Sebastian Kohlhepp, tenor de menor proyección y monótona línea canora. 

   Muy interesante la mezzo Dorottya Lang en su intervención del primer acto como la Dama. Voz atractiva, bien colocada, canto y expresión sensualísimos, fraseo bien torneado y comunicativa presencia escénica. 

Fotos: Monika Rittershaus

Cardillac en la Ópera de Zúrich
  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico