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CD: 'WAGNER' DE JONAS KAUFFMAN. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
12 de marzo de 2013
"Un disco de referencia a cargo de un intérprete de primera magnitud, en tiempos donde no abundan las voces sobresalientes y los intérpretes consumados".
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LA CONFIRMACIÓN DE LA PERSEVERANCIA

Jonas Kaufmann. "Wagner". Orchester der Detuschen Oper Berlin. Donald Runnicles. Decca - Feb. 2013

 

       Jonas Kaufmann se ha confirmado como uno de los valores más relevantes del presente panorama vocal. Y lo ha hecho después de bastantes años de esfuerzo y empeño, perseverando en una emisión y en una técnica que le han valido no pocas críticas durante la pasada década, la de su definitiva consolidación. Lo cierto es que Kaufmann posee un instrumento de indudable valía (resuelto en el agudo y de notables resonancias baritonales en el centro y en el grave) y unas importantes dotes actorales e interpretativas, amén de una técnica, como decíamos, no menos sui generis que la de, pongamos por caso, alguien con una carrera tan longeva como Plácido Domingo. Así las cosas, confirmada su valía, no extraña que cada representación que cuenta con la presencia de Kaufmann cuelgue el cartel de 'no hay entradas' con muchas semanas de antelación. Su calendario, en este sentido, se orienta cada vez más al repertorio que nos ocupa en este CD: Wagner.
       De hecho, en este momento, interpreta Parsifal en el Metropolitan de Nueva York y hará lo propio a finales de marzo, con ese mismo rol, en la Staatsoper de Viena. Su repertorio wagneriano es todavía limitado, pero sólido, con sus referenciales interpretaciones de Lohengrin, Siegmund y Parsifal. La grabación que nos ocupa se antoja, entre otras cosas, una tentativa por ampliar su repertorio, visto el contenido de las pistas que forma el CD, con fragmentos, además de los citados Lohengrin y Siegmund, de Rienzi, Tannhäuser, Siegfried y Los maestros cantores de Núremberg. El disco incluye también una espléndida recreación de los Wesendonck Lieder, lo que nos permite advertir, de algún modo remoto, cómo sonaría el Tristan de Kaufmann. Un disco muy distinto, pues, a sus anteriores registros con arias de repertorio italiano y francés.

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      A la vista de lo que ofrece en este CD y de lo que le hemos podido escuchar en directo, la voz del tenor alemán no es la de un heldentenor. Es en todo caso la de un lírico pleno con acentos heroicos y dramáticos. La vocalidad ideal para Lohengrin, por entendernos, que no en vano es el papel con el que Kaufmann ha subyugado a medio mundo. Si hay una virtud principal en el canto de Kaufmann es su capacidad para sonar lírico y dramático con casi idéntica solvencia. Eso se advierte ya desde la primera partitura, el "Ein Schwert verhieß mir der Vater" de Die Walküre, donde lo mismo destacan el ímpetu y desahogo de sus dos "Wälse!" como el lirismo y ensoñación de su "Ist es der Blick... Nächtiges Dunkel...". Recuerda muchísimo a Domingo en las notas graves que cierran este fragmento. Kaufmann ha grabado la parte completa de Siegmund en un registro reciente, que esperamos comentar pronto en estas páginas, con Gergiev a la batuta y un reparto de altura, compuesto por Kampe, Pape y Stemme, entre otros (mariinskylabel.com/page/wagner-die-walkure).
      A continuación, en el CD que nos ocupa, sorprende quizá la inclusión del "Daß der mein Vater nicht is... Du holdes Voglein!" de Siegfried en este disco, por ser una partitura un tanto extrema en sus demandas y a priori lejos de las capacidades de un lírico pleno de acentos dramáticos como es Kaufmann. Pero lo cierto es que el tenor alemán entiende esta página con notable inteligencia y acierta con el tono y el acento, convenciendo mucho más de lo esperado durante toda la escena. A continuación, la plegaria de Rienzi es una de las pistas más relevantes de este CD. Kaufmann acierta de pleno al recrear esta página desde una media voz orante que va creciendo y decreciendo, en un despliegue de dinámicas digno de un intérprete meditado y consciente de lo que se trae entre manos. Se echa de menos sin embargo una mayor ligereza y nitidez, amén de una mayor poesía, en la recreación de las notas breves que se encadenan en cada nuevo "Du". En todo caso, una recreación magistral, modélica, que da cuenta de un domino absoluto de un estilo y de un lenguaje, los de Wagner, que exigen una implicación vocal y temperamental singulares. No es menos cierto que quedan algo lejos de las dotes actorales y de la naturaleza tímbrica de Kaufmann, al menos por ahora, los acentos de Tannhäuser, donde se echa de menos una mayor desenvoltura en el fraseo y un agudo algo menos envarado y grueso, con más punta. No es una página menor, por su exigencia vocal, el "Inbrust im Herzen", y Kaufmann la resuelve con apabullante soltura, pero como decimos quizá no sea un rol tan dado a priori a sus acentos. Lo contrario que sucede no sólo con Lohengrin, su papel fetiche, sino con el Walther de Los maestros cantores de Núremberg, papel que Kaufmann ya interpretó en versión concierto, si no nos falla la memoria. Se incluye aquí el hermosísimo "Am stillen Herd" en lugar del más frecuente "Morgenlich leuchtend". Y el resultado es sobresaliente, de un lirismo comunicativo y poético. Se incluye también, como apuntábamos, el "In fernem Land", con ese sonido mágico que logra Kaufmann sobre "Taube" (si bien menos sostenido y etéreo que el que nos ofreció en directo, en las funciones de la Scala). En este caso, destaca por su interés la inclusión, tras el citado "In fernem Land" de unas estrofas a menudo omitidas, el "Nun höret noch, wie ich zu euch gekommen", que el propio Wagner determinó omitir y que sólo encontramos en contados registros de esta partitura.
      Y sin embargo, quizá el mayor acierto del CD estribe en la inclusión del ciclo de canciones Wesendonck Lieder, generalmente interpretado por voces femeninas, para las que fue escrito. No es Kaufmann, sin embargo, el primer tenor que acomete su intepretación; ya lo hicieron Melchior, Kollo o, ya en nuestros días, Dean Smith. En este caso, pues, no estamos ante una tentativa tan polémica como la que suscitó Goerne al interpretar los Frauenliebe und Leben. Como indicábamos al principio, con este Kaufmann nos ofrece, de algún modo, una tentativa de primer acercamiento a la partitura de Tristán e Isolda, si bien de un modo colateral. Resuenan aquí los ecos de dos discos anteriores de Kaufmann, uno dedicado a los lieder de Strauss y otro con el ciclo Dieschöne Müllerin de Schubert . Y decimos esto porque el detalle, la atención al matiz, el intimismo de la emisión que encontramos en "Im Treibhaus" y en "Träume", por ejemplo, dentro de este ciclo wagneriano, son del mismo perfil que los que cabe demandar a un intérprete consumado del lied, que es el al fin y al cabo el género al que pertenecen estas partituras, por mucho y evidente que sea su parentesco operístico. Recomendamos encarecidamente, pues, la escucha de este ciclo en la voz de Kaufmann porque alcanza cotas extraordinarias de expresividad.
      En general, pues, un disco sobresaliente, quizá el mejor de Kaufmann junto con sus registros de lied. Encontramos en él a un intérprete plenamente identificado con un repertorio en el que se encuentra cómodo, luce su instrumento y saca partido a sus facultades técnicas. En este sentido, convence lo mismo en el agudo que en el grave, lo mismo en el forte que en el piano, y demuestra una emisión constantemente sostenida sul fiato, haciendo gala de una regulación del sonido continuada y solvente. Desaparecen, además, ciertos coqueteos con el falsete en la transición hacia el piano y en la recreación de la media voz, como se observaba años atrás. Además, y quizá parezca una perogrullada, pero no lo es, se agradece una dicción tan nítida y tan consciente del texto, por mucho que Kaufmann se encuentre en terreno natural con este repertorio alemán. De hecho, quizá a veces nos pueda parecer que "mastica" en exceso algunas sílabas y consonantes, precisamente por ese constante y voluntarioso hincapié en el sentido del texto. Un disco, pues, que se sitúa en las antípodas, por estilo, por material vocal y por convencimiento interpretativo, de las tentativas wagnerianas de otro tenor empeñado en orientar sus dotes hacia el repertorio wagneriano, como Klaus Florian Vogt, con nada menos que dos recientes discos dedicados al compositor alemán.
      Junto a esta valoración del desempeño de Kaufmann, merece una elogiosa mención el acompañamiento orquestal, a cargo de la orquesta de la Deutsche Oper de Berlín, lugar donde curiosamente apenas canta Kaufmann, dicho sea de paso. A la batuta, el titular de dicha formación, Donald Runnicles, un maestro ya veterano y que siempre se ha mostrado diestro en variedad de repertorios, aunque con prioritario interés por el entorno wagneriano. Runnicles obtiene un sonido más que convincente de su orquesta, beneficiado además de una toma de sonido nítida y suntuosa, que nos lleva a recordar, salvando las distancias, los años dorados de la casa Decca, con Solti y compañía. Destaca sobremanera el tejido terso, sedoso y denso de las cuerdas y el sonido nítido y bien timbrado de los metales. El balance del sonido es inmejorable y la batuta de Runnicles saca un tremendo partido a cada una de las páginas, lo mismo en los fragmentos orquestales que en el acompañamiento al tenor.
      Un disco de referencia a cargo de un intérprete de primera magnitud, en tiempos donde no abundan las voces sobresalientes y los intérpretes consumados.
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