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Miguel Trápaga: 'La relación de la guitarra con la orquesta tiene que ser explotada mucho más'

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Autor: Aurelio M. Seco
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 La Voz de Asturias (28/11/09)

 El próximo domingo a las 19:00 horas, el guitarrista cántabro Miguel Trápaga, ofrece su versión del célebre "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo, en el Centro Municipal Integrado Gijón-Sur. Estará acompañado por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón que, de la mano Óliver Díaz, su director titular, también interpretará las "Danzas Folclóricas Rumanas" de  Bartók y la "Sinfonía nº 103" de Haydn.

- ¿Cuál es el secreto de la popularidad de este "Concierto de Aranjuez"?

- Yo creo que es el segundo movimiento, cuya melodía ha conseguido llegar a todo el mundo de una manera o de otra. También han sido importantes algunas grabaciones de la obra, como por ejemplo la realizada por Ataúlfo Argenta con Narciso Yepes como solista, que en su día fue muy difundida.

- ¿Es una obra difícil de tocar?

- Para los guitarristas es una obra difícil, porque aunque aparentemente todo parece estar muy bien organizado para la técnica guitarrística, en realidad posee uno de los aspectos más complicados para el instrumento, como es el continuo cambio de técnica: por un lado aparecen escalas, súbitamente rasgueados, más tarde arpegios..., este tipo de cambios técnicos continuos la convierten en una obra difícil de tocar, aparte de que es una obra que explora zonas muy agudas.

  - ¿Todavía se pueden aportar cosas desde el punto de vista interpretativo?

- Yo creo que sí. Ha habido versiones fantásticas, como son,  entre otras muchas, las de Narciso Yepes o Manuel Barrueco, pero  es una obra que admite una gran variedad de interpretaciones.

- ¿Qué tipo de guitarra usa?

- Ahora toco con una guitarra americana construida por John Gilbert porque me siento muy cómodo con ella, por su sonoridad, que es muy especial y conecta con mi concepto de sonido. También he tocado mucho con guitarras españolas, que son extraordinarias. No obstante, siempre hay que estar buscando nuevas sonoridades. El sonido de las guitarras ha evolucionado mucho con materiales como el carbono o el nomex. Los constructores están investigando, sobre todo para intentar aumentar su volumen sonoro que, como  sabe, es una de sus limitaciones a la hora de enfrentarse a un gran auditorio. De cualquier manera, creo que lo más importante es que el sonido de la guitarra no pierda su esencia.

- ¿Cómo ve el hecho de amplificar el sonido de las guitarra en concierto?

- No lo veo mal,  sobre todo con orquesta, pero siempre sin perder de vista la sonoridad del instrumento. Creo que el Centro Municipal Integrado  Pumarín Gijón-Sur tiene buena acústica. Hay salas en las que no hace falta amplificar, aunque en la actualidad, lo habitual es amplificar cuando se toca junto a orquestas. Es razonable, el propio Villalobos compuso un concierto para guitarra ya  en los años 50 con la clara intención de que se amplificase el sonido.

- ¿Cuáles han sido los guitarristas más importantes?

- En el Siglo XX, yo destacaría la trascendencia de Narciso Yepes y de Andrés Segovia. Segovia contribuyó muchísimo a la difusión del instrumento, no sólo en los mayores teatros, sino que también logró crear un repertorio que renovó el interés de los compositores que no eran guitarristas, haciendo que el instrumento avanzara. Narciso Yepes también propició que muchos compositores compusieran para él. Al contrario que Segovia, alentaba a las vanguardias. Otro de los que más hicieron en este sentido fue Julian Bream que tiene una importancia capital en el mundo de la guitarra.

- ¿A quién admira actualmente?                                                                                      

- A muchos, pero no me puedo olvidar de David Russell. No enseña en ningún lugar fijo sino que se dedica a impartir masterclass. Es uno de los guitarristas de referencia. Lo que me atrae de su forma de hacer música es la naturalidad con la que interpreta: en su forma de hacer música todo parece fluir muy fácilmente. Incluso los pasajes más complicados resultan fáciles y atractivos cuando él los interpreta. John Williams elevó la técnica a un nivel estratosférico, en su momento. Es un gran difusor del instrumento, en el que también se han fijado diversos compositores.

- Usted es profesor en el Real Conservatorio de Música de Madrid ¿Cómo se compagina la vida docente con la de concertista?

- Es algo más complicado, pero se puede complementar bien siempre que el número de alumnos no sea muy grande. También depende de la institución para la que se trabaje. Sería importante que los conservatorios valorasen y potenciasen la actividad artística de sus profesores, aunque es evidente que no es necesario ser concertista para ser un buen profesor.

- ¿Hay mucho repertorio esperando que se toque?

- Es necesario que el instrumento salga también del campo cerrado del recital de guitarra solista. La relación de la guitarra con la orquesta tiene que ser explotada mucho más. Sí que hay repertorio, pero siempre acabamos cayendo en las mismas obras. Hay otros conciertos  interesantísimos para guitarra. Precisamente intrerpretaré en Ucrania en diciembre uno de José Manuel Fernández. Pero también hay obras de Ernesto Halffter, Bacarisse, Moreno-Torroba, García Abril, Brotons... o, de los foráneos, compositores tan interesantes como Leo Brouwer, Berkeley o Takemitsu.

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