Crítica de Pablo Sánchez Quinteiro de la Final del X Concurso Internacional de Piano Ciudad de Vigo
Mayoría de edad
Por Pablo Sánchez Quinteiro
Vigo, 14-VIII-2026. Auditorio Mar de Vigo. X Concurso Internacional de Piano Ciudad de Vigo. Gran final. Jacky Xiaoyu Zhang, Yang Gao y Hyo-Eun Park, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. José Trigueros, director. Concierto para piano nº 3 en re menor, op. 30 de Serguei Rachmaninov; Concierto para piano nº 2 en sol menor, op. 16 de Serguei Prokofiev; Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 de Ludwig van Beethoven.
El Concurso Internacional de Piano Ciudad de Vigo llegó a la gran final de su décima edición dejando la sensación de haber alcanzado una auténtica mayoría de edad. No sólo por la dimensión de los nombres que han conformado su jurado ni por unas cifras de participación difíciles de imaginar cuando nació el certamen, sino porque además, a lo largo de una semana evidenció una personalidad propia construida alrededor de no pocos aspectos que lo distinguen de buena parte de las competiciones pianísticas tradicionales.
Las impresiones que había dejado el excepcional concierto inaugural, con Martha Argerich, Pablo Galdo y Jeremy Irons, aquí reseñado, se confirmaron durante las jornadas siguientes. Estas fueron el fruto de la candidatura de cuatrocientos pianistas procedentes de 77 países a una edición que terminó reuniendo en Vigo una amplia representación de escuelas, generaciones y maneras de entender el piano. A lo largo de las tres rondas que precedieron a la gran final, los pianistas se enfrentaron al constante escrutinio de un jurado de lujo. Junto a Argerich y al propio Galdo se sentaron figuras de la dimensión de Paul Lewis, Robert Levin, Mauricio Vallina y Valerian Shiukashvili. Particularmente extraordinaria resultó la implicación de Argerich. A sus ochenta y cinco años asistió a la totalidad de unas sesiones que algunos días comenzaron a primera hora de la mañana y terminaron bien entrada la madrugada, siempre con una curiosidad y una energía que desmentirían cualquier prejuicio acerca de lo simbólico de su presencia.
El elevadísimo nivel de las primeras rondas colocó repetidamente al jurado ante decisiones nada sencillas y provocó incluso que en diferentes fases se ampliase el número inicialmente previsto de concursantes que continuaban adelante. Para quien pudo seguir las sesiones en el Auditorio del Conservatorio Superior de Vigo o hacerlo a través de unas retransmisiones en streaming que permanecerán como valioso archivo del concurso, la experiencia permitió además comprobar hasta qué punto la excelencia técnica ha dejado de ser, por sí sola, un criterio suficientemente discriminante en este nivel de competición. Y es que todos los pianistas que llegaron hasta esta fase exhibieron una técnica formidable. Escalas, octavas, saltos, control dinámico o resistencia parecían en manos de estos pianistas un juego de agua. Necesariamente, la selección iba un poco más allá centrándose en la diferencia entre quién tiene algo que decir y quien no. Desde el jurado el objetivo fue la búsqueda de la personalidad, la capacidad para construir un discurso y, sobre todo, la difícil cualidad de hacer olvidar la dificultad física de lo que se está tocando.
En ese sentido resulta particularmente atractiva una de las señas de identidad del certamen vigués: la libertad de repertorio. El concurso está concebido como una sucesión de recitales de libre elección y carece, además, de límite de edad. Ambos aspectos, hipotéticamente sencillos, modifican profundamente la naturaleza de la competición. Los concursantes no tienen que demostrar su competencia en un catálogo obligatoriamente común de Bach, Mozart, Beethoven, Chopin o música contemporánea, sino que pueden construir una especie de autorretrato artístico a través de aquello que eligen tocar.
Tras la primera criba, el número de concursantes quedó reducido a 32, una cifra superior a la inicialmente prevista, pero a la que el jurado se remitió ante el altísimo nivel generalizado. El siguiente corte dejó únicamente trece semifinalistas, pero a partir de ahí el panorama quedaba completamente abierto: cualquiera de esos trece podía encontrarse, apenas unos días después, disputando la gran final con piano y orquesta. En este sentido resultaba también reveladora la elección del concierto que cada candidato preparaba para esa eventualidad. Aunque sobre el papel las posibilidades eran amplias, las preferencias se concentraron en un repertorio bastante reducido: Hyo-Eun Park optaba por el Concierto nº 4 de Beethoven; Juhee Lim y Anaïs Cassiers, por el Quinto; Máximo Klyetsun, por el Segundo de Chopin, compositor elegido también por Bella Schütz; mientras que Matteo Weber y Yang Gao coincidían en el Concierto nº 2 de Prokofiev. Beethoven, Chopin y Prokofiev acaparaban así prácticamente las opciones, otro indicio de hasta qué punto, incluso entre pianistas muy jóvenes y de procedencias muy diversas, el gran repertorio de concurso continúa gravitando alrededor de un núcleo relativamente reducido de obras.
La gran final, en el Auditorio Mar de Vigo, adquirió una dimensión muy distinta en comparación con ediciones previas gracias a la incorporación de la Orquesta Sinfónica de Galicia, una de las novedades más relevantes de esta décima edición. Para la orquesta suponía también un desafío considerable: preparar en un margen de tiempo muy reducido tres conciertos de enorme amplitud y exigencia. Por suerte, los tres forman parte de su repertorio y su director, José Trigueros, es un profundo conocedor de sus músicos y de su funcionamiento interno.
Los tres finalistas llegaron con partituras que planteaban problemas pianísticos casi opuestos. Jackie Xiaoyu Zhang afrontó el Concierto para piano nº 3 de Rachmaninov; Yang Gao propuso el Segundo concierto de Prokofiev; y Hyo-Eun Park optó por el Cuarto concierto de Beethoven.
Zhang abrió la noche con el Tercero de Rachmaninov, llevado a un tempo muy vivo y un dominio técnico indudable, aunque inevitablemente surgieron dificultades en una de las partituras más inabarcables del repertorio. Su recorrido previo ya había mostrado una clara inclinación hacia el gran virtuosismo: en la primera ronda había interpretado la Sonata nº 3 de Prokofiev; en semifinales, el Scherzo nº 2 de Chopin; y en la fase inmediatamente anterior había afrontado las Réminiscences de Don Juan de Liszt y las Variaciones sobre un tema de Corelli de Rachmaninov.
Gao fue quizá quien mejor convirtió sus propias condiciones pianísticas en parte sustancial de la interpretación. Su dominio absoluto del teclado, los amplios brazos y unas manos poderosas le permitieron extraer toda la energía, el peso y la violencia rítmica del Segundo de Prokófiev. Se echó en falta, sin embargo, particularmente en el extensísimo primer movimiento, una concepción musical todavía más profunda, capaz de explotar hasta el límite todo lo que encierra una partitura cuyo interés trasciende ampliamente la formidable exhibición pianística. Su camino hacia la final había comenzado con la Sonata-Fantasía de Scriabin, continuado con Barber y la Barcarola de Chopin y, en la ronda previa, había combinado Schubert, Brahms y los Momentos musicaux de Rachmaninov.
Park, finalmente, volvió a mostrar en Beethoven las cualidades que había dejado entrever durante todo el concurso: seguridad, musicalidad, elegancia y un sonido especialmente cuidado. Su repertorio previo había sido amplio pero orientado hacia los clásicos: Haydn y Ravel en la primera ronda; Bach y la Sonata nº 31 de Beethoven en semifinales; y, ya en la fase final, Brahms y la Sonata nº 14 de Beethoven. El Cuarto concierto era quizá el menos aparatoso de los tres, pero también el que dejaba al pianista más expuesto, y la coreana respondió desde la búsqueda cuidadosa del diálogo orquestal y una línea narrativa coherente y ajena a efectismos.
Cualquier decisión hubiese sido justa, peor sólo un pianista podía ganar. El jurado otorgó finalmente el primer premio a Yang Gao, con Hyo-Eun Park segunda y Jackie Zhang tercero. Gao, pianista chino de 22 años, llegaba además a Vigo con una trayectoria ya notable: ganador en 2023 del “Walter W. Naumburg International Piano Competition”, formado en Juilliard con Jerome Lowenthal y distinguido posteriormente con el Martha Argerich Piano Award, había debutado también en Carnegie Hall y actuado como solista con la Juilliard Orchestra. Su triunfo con Prokofiev puso el broche a una final en la que tres pianistas, tres conciertos de perfiles radicalmente distintos y la presencia de una gran orquesta sinfónica hicieron que el Concurso Pianístico de Vigo terminase tal como había comenzado: yendo más allá de lo estrictamente competitivo para convertirse en el gran acontecimiento musical del verano gallego.
Fotos: PSQ
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