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CRÍTICA: 'CRISPINO E LA COMARE' EN EL FESTIVAL DELLA VALLE D'ITRIA. Por Andrea Merli

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Autor: Andrea Merli
22 de septiembre de 2013
  UNA AUTÉNTICA JOYA
 
Martina Franca. XXXIX FESTIVAL DELLA VALLE D'ITRIA. CRISPINO E LA COMARE - Luigi e Federico Ricci. Crispino: Domenico Colajanni, Annetta: Stefania Bonfadelli, La Comare: Romina Boscolo, Contino del Fiore: Fabrizio Paesano, Fabrizio: Mattia Olivieri, Mirabolano: Alessandro Spina, Don Asdrubale: Carmine Monaco, Lisetta: Lucia Conte, Bortolo: Francesco Castoro. Director: Jader Bignamini. Dirección de escena: Alessandro Tallevi. Decorado: Ruth Sutcliffe. Vestuario: Manuel Pedretti. Luces: Giuseppe Calabrò. M° del coro: Franco Sebastiani. Palazzo Ducale: 29 de julio 2013.

     Tengo que admitir mi parte de responsabilidad en la recuperaciòn de este titulo, que vio la luz de las candilejas en pleno carnaval, un 24 de febrero de 1850, en el Teatro di San Benedetto de Venecia. Crispino e la comare fue durante un  tiempo famoso, no solo en Italia -era una de las operas favoritas por Luisa Tetrazzini y que el rol de Crispino llegaron a cantarlo miticos baritonos, cuales Scotti y Battistini- y representó el ideal tramite entre la ópera bufa de escuela napolitana, en la figura de sus autores y hermanos Luigi y Federico Ricci, que a menudo componían a cuatro manos siendo el uno la sombra del otro, carne y una, y la comedia goldoniana que surge del ameno libreto del veneciano Francesco Maria Piave, poeta "favorito" de Verdi y que ni siquiera un año más tarde le escribiría los versos de Rigoletto y Traviata.
     Charlando con el director del Festival y entrañable amigo Alberto Triola, le sugerí esta ópera, que no se representaba en Italia desde 1989 y que es una autentica joya. El festival tiene como bandera el Belcanto. Esta brillante comedia, en la que se entreven los gérmenes de la futura opereta vienesa, supone para todos un reto vocal, y particularmente para la soprano que juega el rol de Annetta, la mujer del zapatero que gracias a La comare (Dona Justa, la muerte) se transforma en médico para burlar la arrogancia y ignorancia de los doctores. Las grabaciones que nos dejó Joan Sutherland (una en disco y dos en video) atestiguan esta peculiaridad.
     Pues la idea pareció buena. La dirección artistica optó por un reparto prevalentemente joven, dejando a dos veteranos con muchas tablas los dos roles principales, el de Annetta y el de Crispino, la Comare siendo un personaje episódico pero determinante, sobre todo en la escena en la que lleva al ex zapatero en su "casa", donde muchas lamparitas de aceite indican la vida de la gente. Para la parte de Annetta, que precedentemente en Italia se disputaron Lucia Aliberti, en Nápoles, Daniela Lojarro, en Piacenza y Savona, y Daniela Mazzucato en Venecia (hay grabaciones en vivo) Stefania Bonfadelli pareció sencillamente ideal. Actriz donde las haya, con una gracia muy peculiar y comunicativa, detiene todavia el record de unas agilidades de campanillas. El sobreagudo, que lanza con franqueza y buen timbre, resulta a veces un poco tirado, pero precisamente por eso su Annetta, una cantante callejera que se las da de gran dama, adquirió una valencia superior. Empezando con el vals "Istorie belle a leggere", siguiendo con la popular aria "Io non sono più l'Annetta" y terminando con la picara "aria de la fritola" en puro dialecto veneciano (siendo ella veneta) donde la "fritola" se supone que es... otra cosa!

    Gustó muchisimo Domenico Colajanni, barítono de Puglia, que ofreció un Crispino a la vez patético y humano -en la escena en que intenta suicidarse tirándose y ahogándose en el pozo de un "campielo" veneciano, de donde surge, precisamente, la Comare- y brillante, divertido. Muy resultón en la parte cómica, cuando cura a un supuesto moribundo con buen vino tinto. La voz corre con fuerza y definición, siendo -y eso es lo mas importante- perfectamente intelegible la palabra cantada. Este rol era también un caballo de batalla de Salvatore Baccaloni, ejemplo preclaro de lo que se entendia por "buffo parlante" en la vieja escuela italiana. Un solo detalle hubiese sido auspicable: ya que los autores tradujeron su letra al napolitano y tratándose de una ciudad, Martina Franca, al sur de Italia, se echó en falta que el cómico Colajanni no cantara más que pocas frases en la lengua partenopea, que al par del andaluz para los hispánicos, tiene de por sí una gracia propria.
     Hay dos otros roles bufos en esta ópera, los de los doctores Fabrizio, también farmacista, y Mirabolano. Una de las páginas mas cómicas es un largo terceto que los une a los tres, Crispino, Mirabolano y Fabrizio que intenta hacer de intermediario entre los dos "colegas" que se insultan. "Di Pandolfetti il medico" es otra pieza deliciosa en la que se respira un aire donizettiano, pero que finalmente tiene identidad propria. A cantar Fabrizio, que tiene en el primer acto un aria muy importante, se lució el apuesto baritono Mattia Olivieri, mientras que Mirabolano fue confiado al bajo Alessandro Spina, también muy metido en su parte. El tenor no tiene mucho que cantar, pero lo poco es bien difícil. Il contino Del Fiore, enamorado sin esperanza de Lisetta, una infeliz joven a la que su avaro tutor, Don Annibale, impide el matrimonio pretendiéndola para sí y garantizándose su dote (como el Don Bartolo del Barbero de Sevilla) tiene una primera aria: "Bella siccome un angelo", en la que Piave ensaya el "Pura siccome un angelo" que luego escucharemos por boca de Giorgio Germont, expuesta con una elegancia belliniana, luego un bonito dúo, que recuerda también el entre Figaro y Almaviva de Rossini.
 
    El tenor Fabrizio Paesano cumplió con creces. Muy bien el tremendo Don Asdrubale de Carmine Monaco, al que Crispino detecta un síncope y se muere ipso facto. Romina Boscolo, contralto, fue una Comare muy sexy y verbenera, aunque la voz tenga algo de caricaturesco. Bien la Lisetta, que se sana de golpe al morir el tutor y finalmente se casa con el conde, de Lucia Conte y el Bortolo, el que se salva de la muerte bebiendo buen vino, de Francesco Castoro. Ambos de la Academia de canto del Festival.
    Desde el podio el joven y prometedor Jader Bignamini dominó el conjunto con un ritmo desenfadado y con mucha atención a las exigencias del canto. Se ejecutó, logicamente, la ópera sin cortes y hubo variaciones, muy apropriadas en las repeticiones de las cabalette y de las strette en los concertantes. Bien la orquesta internacional y perfecto el coro masculino del Teatro Petruzzelli de Bari dirigido por Franco Sebastiani.

     La puesta en escena fue actualizada: la comedia lo consiente, aunque la verdad, precisamente con esta ópera se hubiera podido sondear la Comedia del Arte y las mascaras napolitanas, pues la historia llega de aquella tradición teatral. Aun así, fue coherente y divertida, con detalles destornillantes -por ejemplo las mujeres que se operan los labios y salen de la "clinica" de Mirabolano con bocas exageradamente grandes- y una dosis de comicidad irónica que nunca ha superado el limite del buen gusto y ha subrayado, sobre todo, la arrogancia de los nuevos ricos, de Crispino en este caso, que finalmente se redime, obtiene el perdón de la Comare y vuelve arrepentido en los brazos de su mujer. Una fabula que, evidentemente, nada tiene que ver con la relalidad. Firmaron: Alessandro Talevi, la dirección escenica, Manuel Pedretti el vestuario, Ruth Sutcliffe el decorado y Giuseppe Calabrò la ilumninaciòn.  El público, en la ultima función, abarrotó el espacio del Palazzo Ducale y decretó un éxito alagador. Por fin, a la salida, caras sonrientes y comentarios alegres. Esto tampoco no pasa todos los dias.
 
Foto: Laera Martina Franca
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