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CRÍTICA: FRÜHBECK DE BURGOS TRIUNFA CON 'LA TEMPRANICA' EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA. Por Gonzalo Lahoz.

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Autor: Gonzalo Lahoz
24 de septiembre de 2013
Foto: Ignacio Gil

                                                  VUELVE FRÜHBECK


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 21/09/2013. Isaac Albéniz: Suite española (selección). Gerónimo Giménez: La Tempranica. María José Montiel (María). Carlos Bergasa (Don Luis). Virginia Wagner (Grabié / Salú). Juanma Cifuentes (Cantaor). Ricardo Bernal (Zalea). Entre otros. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro de la Zarzuela. Rafael Frübeck De Burgos, director.

   Más de veinte años sin pisar el foso del Teatro de la Zarzuela son demasiados, máxime cuando hablamos de alguien como Rafael Frühbeck de Burgos, uno de los mayores exponentes y defensores del género dentro y fuera de nuestras fronteras. Volvía pues el director burgalés a encontrarse con el foso del Teatro de la calle Jovellanos en una cita que incluía una partitura que conoce a la perfección: La Tempranica, de Gerónimo Giménez.
   Hábil concertador y sinfonista, Giménez, que estudió composición con Ambroise Thomas, superó en el premio fin de carrera a Debussy y murió prácticamente en la indigencia, tras saborear un fulgurante éxito durante toda su vida. Con La Tempranica,  dibuja una partitura colorista en la que, una vez más en el género de la zarzuela, la confrontación de las clases sociales mueve la trama.

   La mezzosoprano madrileña María José Montiel dio vida a la protagonista, María la Tempranica, con todo un derroche de medios vocales; fue la única a la que siempre pudo escucharse por encima de la orquesta, en una colocación sobre el escenario, con los solistas entre los instrumentos y el coro, que se entiende, atendía a la comodidad del maestro. Una pena como cuando, en casos como éste, nos encontramos ante una artista que también canta con la mirada. Voz densa, de sugerente timbre, caudaloso y oscurecido que dotó de sensualidad al personaje a la vez que subrayaba su candor a través de la sutil forma en que apianaba certeros finales de frase.
   Muy bien el Don Luis de Carlos Bergasa, de recia voz y clara dicción e insuficiente el Grabié de Virginia Wagner. Correctos el resto de comprimarios, incluidos los miembros del coro, que estuvo entregado y acertado toda la noche, aunque quizá faltó algo de equilibrio al comienzo de "A trabajá con faitigas" entre voces femeninas y masculinas. Pero muy disfrutable por lo demás.
   Y luego estaba Frühbeck. En fin, todo un derroche de color para una partitura que demanda una batuta como la suya. Dentro de una tónica más pausada que su ya mítica grabación de esta zarzuela con Teresa Berganza y Manuel Ausensi a comienzos de los años sesenta, el director imprimió brillo, frescura y pulso a una orquesta no siempre fácil de conducir, como se apreció en el arranque del programa.
  Ciertamente, al comienzo de Castilla, de la Suite Española, op.47 de Albéniz, orquestada por el propio Frühbeck, a la sinfónica le costó encontrarse hasta que empastaron todas las secciones y el fraseo se escuchó claro, dentro de una orquestación que, reconozcámoslo, en ocasiones es un tanto gruesa.
  Sea como fuere, fue una noche única, que quedará para el recuerdo de la Zarzuela, que ha rendido el merecido homenaje que la música de este país debe al gran Rafael Frühbeck de Burgos.

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