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CRÍTICA: GALA HOMENAJE A TERESA BERGANZA EN EL TEATRO REAL DE MADRID. Por Raúl Chamorro Mena

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Autor: Raúl Chamorro Mena
25 de junio de 2013
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  LA GRAN DOÑA TERESA BERGANZA
 
Gala Homenaje a Teresa Berganza. Madrid, Teatro Real, 21-6-2013. Piezas de Rossini, Mozart, Alonso, Giménez, Vives y Sorozábal. Presentador: José Luis Gómez. Varios solistas. Orquesta y Coro del Teatro Real. Directores: Alejo Pérez y Sylvain Cambreling.


      La mezzosoprano Teresa Berganza, que ha paseado su glorioso arte por el mundo, como española y madrileña castiza, recibió el pasado día 21 un merecidísimo homenaje en el Teatro Real. Como dijo en su estupendo y emocionante discurso final, a pesar de haber nacido a unos metros del recinto, sus participaciones en el mismo han sido escasas. En la fase inicial de su carrera, el Teatro Real estaba cerrado, era conservatorio (y no el suyo), luego fue sala de conciertos en la que actuó poco y en la reapertura, ya era tarde. "E tardi" recalcó la gran artista. También fueron escasas sus intervenciones en las temporadas del Teatro de La Zarzuela, aunque ahí quedan sus creaciones de Carmen y Rinaldo, así como inolvidables recitales (incluido uno en que dió ¡10 propinas!), que algunos tuvimos la oportunidad y la inmensa suerte de disfrutar en el coliseo de la calle Jovellanos.
      Podría incidirse en el mayor o menor brillo del elenco elegido para el evento, pero resulta, sin duda, preferible, resaltar la oportunidad y merecimiento del homenaje a esta exquisita artista. El evento, presentado por José Luis Gómez, comenzó con un gran abucheo al ministro José Ignacio Wert, presente en el palco Real junto a la Reina Sofía y la homenajeada. Unas protestas que parecieron no tener fin y que, al alargarse, fueron replicadas por algunos aplausos, si bien los silbidos, abucheos y sonoros reproches al ministro fueron claramente mayoritarios. Gómez, con un oportuno "Si me permiten", logró terminar con el embarazoso espectáculo.
      Dos obras, dos personajes (Rosina y Cherubino) y sus dos compositores, esenciales en el carrera de Teresa Berganza, fueron las centrales en cada una de las partes de la gala: Il barbiere di Siviglia de Rossini y Le nozze di Figaro de Mozart (cuya música es las más escuchada en el Teatro Real, con mucho, desde su reapertura). El final del primer acto del Barbero fue conducido por Alejo Pérez con algunos desajustes, falta de chispa y teatralidad.
      Serena Malfi fue una Rosina correcta, pero anónima como cantante e intérprete; el tenor español David Alegret, ligerísimo, mostró una voz minúscula, blanquecina y filiforme, pero de canto aseado; Renato Girolami fue un intencionado Bartolo y Tassis Christoyannis un burdo Figaro. También participó una cumplidora Susana Cordón y un rebasado Jose Van Dam, única estrella del elenco y compañero de Berganza en algunos momentos de su carrera, como la conocida película de Don Giovanni dirigida por Joseph Losey.
      El eximio cantante belga, que, desgraciadamente, se exhibió mermadísimo, sin aire y en las últimas vocalmente, apenas pudo demostrar sus tablas en "La calumnia" interpretada previamente. Antes, habían intervenido, Marie-Nicole Lemieux en la gran escena de salida de Tancredi, cantante especializada en  género barroco que mostró un sonido justito de volumen, desguarnecido en el grave (a pesar de que la cantante intenta falsearlo exagerando las resonancias de pecho) y una agilidad trabajosa y aproximativa. Peor aún fue la intervencíón de Annick Massis en la magnífica "Bel raggio lusighier" de Semiramide, en la que exhibió una vocecilla de sopranino con centro sordo y mate, proyección limitada, agudos chillones y expresión melindrosa.
     

      La primera parte terminó con zarzuela, género que no podía faltar en una gala homenaje a doña Teresa, que ha sido brillantísima embajadora universal de nuestro género. Precisamente, en su discurso final, hizo responsable a las nuevas generaciones de cantantes españoles de continuar con su difusión mundial. Un ovacionadísimo Carlos Álvarez, en su feliz reencuentro con el público del Teatro Real, interpretó con un material vocal mermado de brillo, redondez y sonoridad, pero con sus consabidos gusto y nobleza la romanza "En la cárcel de villa" de La linda tapada de Alonso. La maravillosa romanza y vals de La Tempranica de Giménez de la que Berganza ha dejado registros referenciales, tuvo como intérprete a una cantante muy querida por la mezzo madrileña desde sus comienzos, la soprano navarra María Bayo, cuyos defectos de siempre aparecieron muy acentuados: emisión constantemente calante, extrañisima y esforzada gesticulación facial y gazmoñería en los acentos. Después de que el coro titular del teatro luciera en una buena interpretación del coro de románticos de Doña Francisquita, José Bros arrancó una gran ovación del público del Real que tanto le aprecia, con su entregadísima intepretación de la romanza de Leandro "No puede ser" de La tabernera del puerto, que pusto punto final a la primera parte y a la que sólo cabe achacar unos ascensos al agudo forzados y balanceantes.
      Mucho mejor desde el punto de vista de la dirección musical, fue la segunda parte con un siempre equilibrado, detallista y refinado Sylvain Cambreling, que ofreció una aquilatada obertura de La clemenza di Tito y un buen final del acto segundo de Las bodas de Fígaro, mucho más cuidado en los ajustes, pero algo plano y falto de brío. A destacar en esta segunda parte, desde el punto de vista vocal, a la soprano ucraniana Sofia Soloviy, de atractiva presencia escénica y que mostró sentido del legato y algún filado de buena factura en su interpretación de "Dove sono", así como en su intervención en el final del segundo acto de la obra mozartiana, en que también acusó falta de temperamento y de comunicatividad.
      Muy agradable la presencia de una entusiasta Auxiliadora Toledano que agradeció a Teresa Berganza su labor como profesora, antes de abordar "Deh viene non tardar" con un timbre muy ligero, pero penetrante y un canto necesitado de pulimiento. Incomprensible la presencia de cantantes de tan pobre nivel como Jonathan Lemalu o Helene Schneiderman, que junto a los veteranos Jose Van Dam y Raúl Giménez, la citada Sofia Soloviy, Ekaterina Siurina como Susanna y Carlos Álvarez como el Conde (el que fue su primer papel operístico en el Teatro Real y del que cantó asimismo el aria "Hai già vinta la causa" con cierta pesantez y entubamiento en la emisión) completaron el elenco del acto segundo de Las bodas de Fígaro, que puso punto final al concierto, que no al evento. Después de la proyección de unos vídeos con sus interpretaciones, la homenajeada puso un emocionante broche final con un magnífico discurso, que desgranó con lágrimas en los ojos ante un público en pie que le tributó atronadoras ovaciones, entre una lluvia de pétalos de rosa. Gracias eternas doña Teresa por una ejemplar carrera al servicio del arte.

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