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CRÍTICA: LA FURA DELS BAUS DECEPCIONA EN LA ARENA DE VERONA CON SU PROPUESTA ESCÉNICA PARA 'AIDA'. Por Andrea Merli

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Autor: Andrea Merli
6 de julio de 2013
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Foto: L`Arena di Verona

 GRAN DECEPCIÓN

14/06/2013. L'Arena di Verona. Giuseppe Verdi: Aida. Aida: Hui He, Amneris: Giovanna Casolla, Radamès: Fabio Sartori, Amonasro: Ambrogio Maestri, Re: Roberto Tagliavini, Ramfis: Adrian Sampetrean, Mensajero: Carlo Bosi, Sacerdotisa: Elena Rossi. Director: Omer Meir Wellber. Puesta en escena: LaFura dels Baus, Carlus Padrissa y Alex Ollé.

      Hace algún tiempo, en una charla amistosa e informal, el fraternal amigo Leo Nucci, muy serio, comentò una cosa que muchos piensan y pocos hoy, en Italia, se atreven a decir públicamente: "La opera es uno de nuestros mejores productos nacionales. Deberíamos agregarla a nuestra lista de "denominación de orígen" y orgullosamente defender nuestra tradición, no sólo en las voces y en los músicos, sino también en lo que se refiere a la parte visual, pues estamos dejando que los otros, los extranjeros, experimenten sus teorías dramatúrgicas y teatrales en nuestro país". Parole sante, decimos en estas latitudes; y añade el que firma: la mayoria de los 14.000 asistentes a la nueva produciòn de Aida la noche del estreno llegan a Verona para disfrutar de la "ópera italiana a la italiana".
     La Fura dels Baus ha sido contratada para celebrar dos centenarios: el de la Ópera en la Arena y el bicentenario del gran Verdi. La decepciòn ha sido muy grande, aunque eso sí, previsible.  El célebre conjunto, capitaneado por Carlus Padrissa y Alex Ollé, viene repitiendo una fórmula ya muy agotada de recursos y que, evidentemente, no puede aplicarse a todos los titulos con los mismos resultados. Si la Tetralogía de Wagner causó sensación en su día, hoy ha dejado de ser novedoso el uso de una maquinaria excesiva y autoreferencial, como si fuera una firma reconocible y obligatoria. Además hay otro inconveniente: se aprecian unos bocetos muy sugerentes y hasta bonitos pero que luego no resultan en lo mas mínimo similares a la realidad. En este caso las dunas, magníficas en el proyecto, parecieron unos souflés desinflados que para nada sirvieron al desarrollo de la acción y que fueron hinchándose ruidosamente de aire mientras la soprano cantaba una de sus  máss esperadas páginas de la noche: "Ritorna vincitor!". Por otro lado, las dos enormes grúas entre las que se construye un inmenso espejo solar durante la escena del triunfo, en el resto de la ópera resultaron totalmente estáticas y fuera de lugar, aparte de representar un autentico peligro, pues durante los ensayos cinco tramoyistas acabaron heridos y un figurante casi se quema vivo al prenderse fuego su vestuario mientras sostenía una insignia de fuego.

      Amén de toda la parafernalia a la que La Fura ya nos tiene acostumbrados y que ellos suponen adecuada para toda ocasión. Mientras la gente se va acomodando en la Arena, se simulan unas excavaciones en el desierto y el descubrimiento de una estatatua de dudoso origen y estilo, que supuestamente representaba el beso de Radamès con Aida. En el templo de Vulcano una incontable cantidad de figurantes atravesaron la platea sujetando unas lámparas blancas mientras una equilibrista quedaba suspendida en el aire teniendo como fondo la luna, eso para quienes pudieran verla claro, pues resultó visible sólo desde el centro del aforo. ¿Qué decir de unos carritos tipo coches de choque y de los contenedores de material radiactivo en la escena del triunfo? ¿O de los mimos-cocodrilo, bailarines como los de Fantasia de Disney, en los charcos que simulaban ser el Nilo durante el tercer acto? Así, ,mientras Aida, Amonasro y Radamès, chapoteaban con los pies como niños en el estanque mientras cantaban lo de "Rivedrai le foreste imbalsamate" y el "Pur ti riveggo mia dolce Aida", en el lado izquierdo del vasto escenario unos supuestamente hambrientos egipicios improvisaban un picnic, asando en una hoguera un cocodrilo, como si se tratara de un pollo, sin hacer caso alguno al drama que acontecía a unos pocos metros. Sobran más comentarios y, por lo visto y en tiempos de crisis, sobra también el dinero, pués se rumorea que el coste de la producción ronda los tres millones de euros. Una cifra que, de ser cierta, es escandalosa.
     ¿Trabajo de actores? Nulo. ¿Vestuario? De todo tipo, desde unos monjes tipo La Favorita a obreros con casco como los de las plataformas petrolíferas, pasando por vestimentas de colorines y tejidos chabacanos. Merece una descripciòn el traje de Radamès, que le hizo parecer a una nevera metalizada con dos lamparitas en el pecho y que tuvo, todo hay que decirlo, su punto de gracia. Si lo que se queria era realizar una versiòn cçomico-grotesca de la ópera, desde luego ha sido un logro. Lástima que La Cubana con su satírico espectáculo "Una nit d'Ópera" ya lo hizo, pero de manera mucho más efectiva y en otro contexto. Con todo ello, La Fura logró un hito: que se silbara y abucheara la escena del triunfo, cosa que no había ocurrido en los cien años anteriores. Los 28 segundos de aplausos, cronómetro en mano, que acogieron el final del segundo acto han representado una auténtica bofetada en una Arena donde el triunfo siempre se ha concluido con un ... triunfo, precisamente!

      Musicalmente las cosas fueron mejor, pero tampoco fue la noche mas gloriosa de Verona: bien la orquesta y el coro dirigidos por Omer Meir Wellber, que repitiò su conocida Aida, con algún que otro desbarajuste en el control de las masas, comprensible en unavbatuta inexperta en su debut en Arena.  Hui He es hoy en dia una de las más autorizadas y apreciables intérpretes del rol de Aida, pero ciertamente ha tenido noches mejores y en el "Cieli azzurri" le traicionó la emoción llegando casi a un do agudo galleado, pero es un acciente que le puede pasar a cualquiera. Fabio Sartori supone una auténtica garantía cual Radamès, fiable y seguro en el agudo y buen fraseador, con puntos de ternura además del heroismo que la parte requiere. La veterana Giovanna Casolla es un monumento a la vocalidad, integra y segura; su Amneris es temperamental, pero le traiciona el color de soprano y, al no quere renfrentarse con notas de pecho, sus graves son evidentemente insuficientes. Aun así, ¡qué nos dure aún muchos años! El bariíono Ambrogio Maestri fue un Amonasro de lujo: cantante areniano donde los haya, distribuye generosamente su impresionante riqueza de harmonicos y resulta un interprete de notabilísimo nivel.  Correctos tanto el Rey de Roberto Tagliavini como el Ranfis, un pelin anodino, de Adrian Sampetrean, bajos más bien claros para la Arena. El Mensajero de Carlo Bosi y la sacerdotisa de Elena Rossi completaban dignamente el reparto. En agosto se repondrá la Aida de hace un siglo. Es decir, ¡la de verdad!

 

Foto: L'Arena di Verona 

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