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CRÍTICA: 'LOS AMORES DE LA INÉS' Y 'LA VERBENA DE LA PALOMA' EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA. Por Gonzalo Lahoz

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Autor: Gonzalo Lahoz
24 de octubre de 2013
Foto: Fernando Marcos
FALLA SE "COMPRIME" ANTE LA VERBENA

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 23/10/13. Manuel de Falla: Los amores de la Inés. Susana Cordón (Inés). Pepa Gracia (Felipa). Montse Peidro (Blasa). Enrique Ferrer (Juan). Santos Ariño (Señor Lucas). Juan Carlos Martín (Fatigas), entre otros. Tomás Bretón: La Verbena de La Paloma. Enrique Baquerizo (Don Hilarión). Emilio Sánchez (Don Sebastián). Damián del Castillo (Julián). María Rodríguez (Señá Rita). María Rey-Joly (Susana). Mar Abascal (Casta). Amelia Font (Tia Antonia), entre otros.

   Por muy lejos que estilísticamente podamos situarlos al uno del otro, hubo un tiempo en el que el vanguardista Falla y el tradicionalista Bretón se profesaron mutua admiración. Los amores de la Inés y La verbena de La Paloma apenas se distancian ocho años, un tiempo suficiente que puede suponerlo todo. Mientras que el joven gaditano buscaba hacerse un hueco en el panorama musical español (hueco que llegó un año más tarde con la composición de La vida breve), Bretón, a sus 43 años, se encontraba ya en lo más alto de su carrera; a sus espaldas contaba con más de 25 zarzuelas que bien le hacían valedor del título de maestro del género. En apenas un año vería la luz su ópera más aclamada: La Dolores.
   Ambos compositores, uno buscando afianzarse y otro reafirmarse, eligieron Madrid para mostrar su ingenio una vez más. La suerte de las dos obras fue bien diferente; Los amores de la Inés no había vuelto a subirse a un escenario desde la fecha y hasta hoy, cuando felizmente el Teatro de la Zarzuela la ha recuperado. La verbena de La Paloma por su parte, puede que sea uno de los títulos más reconocidos del género, así como reconocible en cualquier parte del mundo y raro sería si dejase de programarse una temporada en nuestro país.

   Este Madrid que une a Bretón y Falla es recogido por José Carlos Plaza y Francisco Leal a través de los ojos de la pintora Amalia Avia (1930 - 2011), de realista pincel, gran observadora del paso del tiempo y el hacer y deshacer de transeúntes y vecinos por las calles de la capital. Quien haya vivido en el centro de Madrid, como es el caso de un servidor, en los barrios más castizos, de esos en los que aún hoy es fácil oler a leña en los días de invierno, les será fácil reconocer los cuadros de Avia y, a su vez, las distintas estampas y fachadas madrileñas en las que se inspiró la toledana. Para quienes les sea desconocido, les animo a visitar la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde estos días tiene lugar una interesantísima exposición sobre Avia, Bretón y Falla.
   En lo que considero un gran acierto por parte de Plaza, muchos de los personajes que se dan cita en la primera parte de la velada con Los amores de la Inés, interaccionan y se dejan ver también en los bailes de La Verbena, así como la taberna "Celedonio Lorenzo" del Señor Lucas, resulta ser también la del Tabernero de La Verbena, marido de Señá Rita. Todos ellos conforman un Madrid oscuro, avejentado, de posguerra, en lo que podría ser ese realismo que tan bien recogió Cela en La Colmena. Es innegable el parecido que puede establecerse entre la cuadrilla de muchachos que pululan constantemente por ambas tabernas y los jóvenes poetas que se dan cita en "La Delicia". Estamos en el Madrid del sereno, del sacar la silla a la calle a ver qué se cuece y en el que todo se soluciona entre vecinos, como en muchas ocasiones sigue ocurriendo por los alrededores de la Calle Toledo. Con todo, ¿esta es la visión más adecuada para dar luz al Género Chico? Plaza parece llegar a un momento en el que piensa si más que costumbrista, el cuadro le está quedando demasiado escepticista, más "Barojiano" si se me permite la expresión. De esta manera llegamos a una salida que en cierto modo chirría: la sobreactuación de algunos personajes, como el caso de los guardias o la Tía Antonia en ciertas situaciones, que pecan de exageradas buscando, entiendo, el contrapunto cómico que nos recuerde que estamos en días de verbena.
   Por otro lado es curioso como, a pesar de perseguir la escena más realista, dentro de los habituales cambios de rigor que suelen sufrir, al texto de Emilio Dugi en Los amores de la Inés le son embutidas algunas respuestas por parte de las féminas, defendiéndose ante las exaltaciones machistas, violentas incluso por parte de los hombres, reflejo del momento en que se escribió e inaceptables en cualquier caso, tanto ahora como antes.
   En La Verbena destacó la buena labor de Enrique Baquerizo como Don Hilarión, así como la de Emilio Sánchez en el papel de Don Sebastián, muy mejorado respecto a su intervención en el mismo rol la temporada pasada en los Teatros del Canal, felizmente su voz parece encontrarse en un momento de mucha mayor frescura. Damián del Castillo se mostró en plenas facultades con su Julián y a destacar la importante voz de Gerardo Bullón en el breve cometido del Sereno.
   En cuanto a las voces femeninas, todas cumplieron con creces su parte, especialmente María Rodríguez como Señá Rita y María Rey-Joly como Susana.
   En la música de Falla, Susana Cordón regaló arte en su Inés, seguramente lo mejor de toda la noche. Lo cierto es que Los amores de la Inés no da para mucho más, de ahí la inclusión de otras obras de Falla entre la partitura, que en algunos casos - Melodía - atraen por su belleza mucho más que la obra que se representa en sí.
   Por cierto, hubo desatinados patinazos con el texto en general: no es lo mismo por ejemplo decir "sigo la pública opinión" que "dejo la pública opinión"...
   Al frente de la orquesta, el valenciano Cristóbal Soler, con una visión digamos personal, algo tajante en los finales de frase, sin hedonismos y con algunas aportaciones cuestionables, como se aprecia en las primeras seguidillas, más ralentizadas que de costumbre.

   Para terminar dos reflexiones:
   Magnífica la intervención del coro. De corazón espero que las noticias y rumores que me llegan sobre su posible futuro sean inciertas. Si no hablo más de las voces en Los amores de la Inés, es porque se hace difícil valorar la actuación o el canto de un artista en la Zarzuela habiendo amplificación de por medio.
 
Foto: Fernando Marcos 
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