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CRÍTICA: MÚSICA FICTA EN EL AUDITORIO CIUDAD DE LEÓN. Por Mario Guada

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Autor: Mario Guada
27 de enero de 2014
Foto: Musica Ficta
ENTRADA AL NUEVO MUNDO, PERO TAMBIÉN SALIDA

León. Auditorio Ciudad de León. 23-I-2014. Sones de ida y vuelta. IX Ciclo de Músicas Históricas de León. Musica Ficta - Raúl Mallavibarrena. Programa: Columbus. La puerta de entrada del Nuevo Mundo [En conmemoración del V centenario de San Agustín de la Florida]. Obras de Juan de Araujo, Juan Gutérrez de Padilla, Alonso Lobo, Lucas Ruiz de Ribayaz, Gaspar Fernándes, José de Cascante, Francisco Guerrero, Tomás de Torrejón y Velasco, Juan García de Céspedes y anónimos.

   Segundo de los conciertos del ciclo que el Centro Nacional de Difusión Musical programa esta temporada para el Auditorio de León. Uno, a estas alturas de la partitura, agradece conciertos en los que la reflexión haga acto de presencia, por uno u otro motivo. Este fue el caso. Sin intención de desgranar aquí todos y cada uno de los pensamientos que me fueron rondando la cabeza durante el desarrollo del concierto, sí quería, al menos, plantear una breve línea que sirva de guía de por dónde fueron los derroteros, porque al menos la invitación a la reflexión siempre me parece positiva.

   Vaya por delante que la labor de un crítico, y las palabras que le acompañan, son, únicamente, una opinión más -más versada en el tema sobre el que se escribe, al menos a priori [o así debería ser] que la de una persona ajena al mundo musical y a sus circunstancias. Por ello, es siempre complejo plantearse la manera de acometer una crítica de estas características, cuando lo presenciado no concuerda en absoluto con lo que uno tiene en su cabeza después de años de estudio, análisis y escucha de las músicas y repertorios sobre los que luego tienen que versar sus escritos. Este es un dato interesante, porque a veces la impresión que se tiene de una crítica puede ser la de un escrito sin valor alguno, mientras que en otras como una especie de tabla de la ley. Ni una ni otra, me temo. Esta es solo una breve reflexión introductoria; el resto irán apareciendo.
   El presente concierto pretendía ser una muestra de la música que en los siglos XVI y XVII -sobre todo XVII- se estaba componiendo e interpretando en el Nuevo Mundo, interpretando piezas aquí conservadas en archivos de Puebla, México, Guatemala, Sucre y Lima. Desde el punto de vista musicológico esto tiene un amplio interés, huelga decirlo; sin embargo, se nos plantea aquí otra reflexión: ¿por qué no un poco más de riesgo a la hora de acometer programas, como hacen otros intérpretes? Da la sensación de que la lista de compositores aquí traídos solo compusieron o se conservan de ellos las cinco o seis piezas que sistemáticamente se interpretan una y otra vez por este y otros conjuntos españoles, cuando esto no puede estar más alejado de la realidad -en la mayoría de los casos.
   Si bien la calidad de esta música no va a ponerse en duda aquí, principalmente porque no se puede, sí que es cierto que este tipo de obras, más cuando ya son especialmente reiterativas en las programaciones de los ciclos y festivales, acaban por resultar un tanto tediosas, merced a su carácter estrófico y la recurrente alternancia entre estribillo y coplas, que en ocasiones acaba por alargarse en exceso. Esto lleva, indudablemente, a los artistas a tomar «medidas» con el fin de «aliviar» la carga puramente musical -y a nosotros a la siguiente reflexión. ¿La consecuencia? Versiones dotadas de una imaginación considerable, pero en la que la falta de rigor histórico es excesivamente flagrante. Cuando uno conoce alguno de los manuscritos de donde se han extraído estas piezas, puede comprobar que en ellas no aparecen ningún tipo de indicaciones, por lo que ciertas herramientas interpretativas, tales como: arrastres, bruscos cortes, exageración de líneas, dinámicas extremas en contraste, uso de matices desproporcionados, comicidad excesiva... se plantean a veces, más que necesarios, casi paródicos, lo que le resta, en mi opinión, un valor a una música que, per se, no necesita de tamaños aditamentos.
   En cuanto a la interpretación, la de ayer no pasará a la historia por su calidad, eso es más que evidente. Surgen aquí otras muchas dudas que llevan a reflexionar sobre el estado de los grupos de música antigua españoles en cuanto a su acercamiento a la polifonía del Renacimiento. Primeramente, ¿por qué seguimos bajo el influjo de ese sonido tan característico, obscuro, «agarrado» en la parte central de la garganta, tan poco bello en muchos momentos? ¿Es tan disparatado intentar acercarse -manteniendo, si se quiere, el carácter mediterráneo de los españoles [¿por qué no?] al modelo de canto británico o al de la zona holandesa y belga a la hora de interpretar polifonía renacentista, sobre todo cuando hablamos de la europea y estrictamente sacra? ¿Un grupo vocal realmente se compone de cantores solistas que se unen de vez en cuando para interpretar polifonía juntos? Lo que ayer se vio, fue, desde mi perspectiva, una muestra de lo que no debe hacerse cuando uno se enfrenta a según qué música. Y es que el repertorio colonial, por su relativa sencillez y un carácter menos «puro» en lo intelectual puede aceptar ciertas cosas, pero cuando nos metemos con obras de Alonso Lobo, Francisco Guerrero u otras de corte más europeizante como algunas de las de Juan Gutiérrez de Padilla, la cosa cambia mucho. Ayer no había prácticamente nada de lo que debe haber en esas piezas: inteligibilidad de líneas, fraseo en arco, claridad textual, empaste entre voces, un tactus impecable, afinación pulcra, balance, delicadeza, elegancia... Todo lo contrario. Voces toscas, absolutamente inadecuadas estilísticamente para ese repertorio, que además parecían incapaces de escuchar las otras líneas. Por momentos parecía casi una primera lectura después de meses sin haberlo ensayado. Lamentamos que los miembros de Musica Ficta no atiendan al concepto que uno tiene de un conjunto vocal real. Reitero lo sucedido ayer: una serie de cantantes -sobre los que no entraré a valorar individualidades- que no parecen preparados para realizar en condiciones obras de cierto calibre. En cualquier caso, y dejando a un lado las posibilidades interpretativas, lo que no parece admisible para un conjunto profesional son los problemas constantes de afinación, la falta de equilibrio y empaste entre cantores, o el ser incapaces de amoldarse a un grupo, intentando siempre destacar por encima de los demás.

   Respecto a la dirección, Raúl Mallavibarrena me sigue pareciendo un director «excesivo», esto es -nueva pregunta para la reflexión-, ¿realmente se necesita de alguien que esté mercando con un gesto apabullante todas las entradas de las voces, el compás incesante, todas y cada una de las hemiolas, los giros en las líneas...? Desde mi punto, absolutamente no. Ni tan siquiera en el repertorio colonial, pero mucho menos en el puro Renacimiento europeo. Esto no hace sino obstaculizar la fluidez de la música. Cuando una música está tan bien construida como la de Lobo o Guerrero, cuánto más se hace con el gesto, menos se hace por la música. Esto pudo comprobarse con claridad en el que concierto que nos ocupa. De nuevo sería bueno mirar hacia algunos modelos foráneos -desde luego, aquí en la más estricta acepción de la palabra- para comprobar de lo que hablamos.
  Un apartado para sí merece el excelente arpista Manuel Vilas, auténtico protagonista de la velada, merced a un acompañamiento, en sus labores de «continuista», refinado y siempre presente en su justa medida. Brilló especialmente en sus dos piezas a solo: Españoletas y Zarambeque, de Lucas Ruiz de Ribayaz -publicadas en su célebre Luz y Norte Musical-, en las que pudimos comprobar su gran dominio técnico a la par que una notabilísima elegancia y una musicalidad absolutamente patente.

  En definitiva, un nuevo intento fallido de un conjunto español por acercarse con éxito al repertorio polifónico del Renacimiento, al menos a un nivel que pueda ser «competitivo» con el resto del mundo -son muy pocos los que algunas vez han logrado acercarse, aunque fuera de manera circunstancial. Musica Ficta lo hizo en alguna ocasión, pero es evidente que sus buenos tiempos ya han pasado. Desde aquí deseamos que sean ahora ellos los que reflexionen si la vuelta a la senda que parecía más exitosa es accesible de nuevo, o si prefieren continuar por este camino, que no parece vaya a conducirles a un final excesivamente feliz. Ya veremos.
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