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CRÍTICA: RECITAL DE LEO NUCCI DEDICADO A VERDI EN EL EUSKALDUNA DE BILBAO. Por Rubén Martínez

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Autor: Rubén Martínez
21 de enero de 2014
PURA EMOCIÓN

Palacio Euskalduna, sábado 17/01/2014. Leo Nucci (barítono) y la Italian Chamber Opera Ensemble

   El barítono Leo Nucci y las geniales partituras de Giuseppe Verdi fueron más que suficientes para lograr el pasado viernes una de las veladas de mayor magia y emoción de los 60 años de historia de ABAO. Este concierto no estaba inicialmente programado cuando se anunció la presente temporada lírica de la asociación siendo a raíz del enorme éxito de las funciones de Rigoletto en el mes de septiembre y teniendo previsto el gran barítono italiano presentar el espectáculo La parola scenica en varias ciudades europeas cuando se ha tenido el acierto de incluirlo como celebración del 60º aniversario de ABAO.

   De todos es sabido que existe un género de "abonados a la ópera" no siempre receptivos a la hora de acudir a espectáculos líricos que se queden al margen de su abono, por mucha calidad que éstos planteen. En este sentido el anuncio por parte de ABAO de que durante dicho evento se haría entrega de la medalla de oro y brillantes de la asociación al alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, la cuál le había sido otorgada en 2012 por su apoyo incondicional a la ópera y al progreso de esta asociación, constituyó un importante revulsivo a la taquilla logrando de este modo un abarrotado Palacio Euskalduna que, sin duda, contribuyó a lo lucido y emocionante del resultado final del espectáculo presenciado. En pocas ocasiones se ha podido ver a todo un recinto de esta magnitud puesto en pie y entregado a su alcalde y a la música de Verdi. No es de extrañar, por tanto, que este evento fuese portada de los más importantes diarios del País Vasco a la mañana siguiente.

  En el terreno estrictamente musical el barítono Leo Nucci, quién cumplirá 72 años el próximo 16 de abril, presentaba un espectáculo en torno a la figura de Giuseppe Verdi con la peculiaridad de no estar acompañado ni por un pianista ni por una orquesta sinfónica sino por el grupo de cámara Italian Chamber Opera Ensemble, con Paolo Marcarini al piano, Pierantonio Cazzulani y Lino Pietrantoni al violín, Christian Serazzi a la viola, Andrea Cavuoto al violonchelo y Marta Pettoni al arpa. Con este formato Nucci ya había obtenido un extraordinario éxito en Piacenza el pasado 1 de noviembre, siendo programado posteriormente en ciudades como Bari, Bérgamo, Ginebra, Londres o Viena.
   No vamos a negar que, en un principio, el espectador experimenta cierta resistencia a adecuar su oído a esas melodías tan célebres que le llegan con un código musical camerístico tan poco asociado a las partituras verdianas. Sin embargo, la destreza e impecable musicalidad de este conjunto consigue que el oyente termine rindiéndose a una experiencia novedosa y extrañamente enriquecedora en la que se asiste a una nueva puesta en valor de las notas inmortales del maestro de Buseto de la mano de unos arreglos impecablemente diseñados no sólo en las páginas en las que el grupo de cámara actuó en solitario (especialmente destacadas las variaciones sobre temas de Aida y Vespri Siciliani) sino también a modo de preludio de los fragmentos vocales elegidos, en los que evocando melodías del título en cuestión lograban una atmósfera singularmente atractiva que ayudaba a la introspección psicológica de un Nucci totalmente entregado en la caracterización de los personajes.

  Tras abrir el concierto con "Tre preghiere" en adaptación musical y poética firmada por el propio Leo Nucci y Paolo Marcarini  llegó el primer momento conmovedor de los muchos que habría a lo largo de la velada: nos referimos al "Dio di Giuda" del Nabucco. Como le gusta subrayar al maestro no se trata de un aria sino de una plegaria y, como tal, cantó la primera parte de la misma cubriéndose el rostro con las manos en un sobrecogedor gesto que no dejó indiferente al público. En esta página la voz aún tenía que asentarse, recurriendo el artista a aclararse la garganta en más de una ocasión ya que, como nos confesaría tras el concierto, había tenido un día muy exigente en cuanto a compromisos sociales y hablado en demasía.
  De conmovedora intensidad se manifestó el recitado "Eccomi solo alfine" que precede al "O vecchio cor" de I due Foscari, página que Nucci desgranó con sobrecogedora vehemencia y con el instrumento ya más a punto. El tercer fragmento vocal de la noche pertenecía al Attila, obra que el boloñés no ha abordado con excesiva frecuencia a lo largo de su extensísima carrera. En el aria "Dagli immortali vertici", atacada sin el recitativo "Tregua è cogli'Unni", exhibió ya un sonido baritonal pletórico, brillante, de fraseo incisivo e italianísimo y que constituye el paradigma del enmascaramiento del sonido. Es imposible detectar en el artista un sonido engolado. Hasta su registro más débil, el grave, lo soluciona de forma inteligente y nunca forzando ni engrosando artificialmente un instrumento que, desde siempre, se ha sentido más cómodo en las notas altas del pentagrama. La página fue coronada por un inesperado e impactante sol natural en la cadencia final que desató muestras de asombro en el respetable. La primera parte concluyó con "L'esule", auténtico tour de force y desafío para la resistencia diafragmática de cualquier cantante en la que Nucci exhibió una amplia paleta de recursos, con especial espectacularidad en el fragmento final de la página atacada con tempi de ágiles dinámicas y culminando la stretta con un impecable fa sostenido y un mi natural conclusivo mantenido ad libitum.
   La segunda parte se inauguró con el "Di Provenza il mare il suol" de La Traviata. Este fragmento suele incluirlo el maestro al inicio de las segundas partes de sus conciertos ya que le ayuda a volver a asentar el instrumento tras la pausa. En esta ocasión volvió a aparecer alguna inoportuna flema que el veterano Nucci soslayó teniendo como aliada su impecable técnica. A su edad aún sigue ofreciendo exhibiciones de fiato ligando con brillantez los dobles "Dio mi guidò" y "Dio m'esaudí" al final de sendas estrofas. El aria de I Vespri Siciliani que entona Guido di Monforte al inicio del tercer acto, "In braccio alle dovizie", sin el recitativo previo "Sí, m'aborriva", siguió a un espectacular interludio musical sobre temas de esta misma ópera. Fue este fragmento en el que encontramos a un Nucci algo más ausente en cuanto a la caracterización del personaje y más preocupado por cuadrar los tiempos en una página de escritura complicada, algo que se evidenció por su permanente uso de los brazos a modo de dirección y metrónomo pero que no le impidió lanzar un auténtico latigazo en forma de fulgurante la bemol en la cadencia final.
   El precioso final de violonchelo del aria "morrò ma prima in grazia" de Amelia sirvió de preludio al recitativo "Alzati, là tuo figlio" de Un Ballo in Machera que el barítono italiano brindó con su habitual solaridad y poderío dando paso al aria "Eri tu che macchiavi" del que continúa logrando una auténtica recreación. Es una pena que los teatros no le ofrezcan con más frecuencia un papel como el Renato, que lleva una buena temporada sin figurar en su agenda (la última ocasión lo cantó en Viena, en enero de 2012) y que, según nos comentó él mismo, estaría encantado de hacer con mayor asiduidad. Sin embargo sí le ofrecen el Conte di Luna de Il Trovatore para el que sigue anunciado en la web del Teatro alla Scala y que sin embargo ha decidido hace tiempo cancelar por considerar que ya no se ve adecuado al personaje, no porque no pueda cantarlo, cosa que demostró con creces en los bises.

  Una brillante fusión de melodías del Don Carlo sirvió de preliminares para que Nucci atacase el "Per me giunto" durante el que sufrió un inoportuno despiste con la letra que pudo subsanar rápidamente para logar una rutilante conclusión del fragmento al que le siguió sin solución de continuidad el "O Carlo, ascolta....Io morrò" en el que el barítono italiano demostró que también saber hacer medias voces, algo que sus detractores siempre le han criticado. Pero es que Nucci también lució un fiato que para sí lo querría algún coetáneo que últimamente se está empeñando en invadir apresuradamente el repertorio baritonal desluciendo el final de su carrera.
  En pleno ebullición del público  llegó la primera propina de la noche en forma del esperado e inevitable "Cortigiani, vil razza dannata" que desgranó con la pasmosa e insultante facilidad a la que nos tiene acostumbrados y que sólo parece valorarse adecuadamente cuando se asiste a la impotencia de otros colegas mucho más jóvenes que apenas tienen los fundamentos de impostación, apoyo y proyección requeridos para empezar a hacer justicia a estas páginas. De apabullante debe calificarse la interpretación que acto seguido ofreció de "Il balen del suo sorriso" y que, como comentamos anteriormente, demuestra que Nucci no ha eliminado papeles de su repertorio porque no pueda hacerles justicia vocal sino por cuestiones de credibilidad escénica. De hecho consideramos que es casi imposible encontrar a un intérprete lírico que superados los setenta haya podido mantener todo su repertorio al alcance de su vocalidad actual. No nos cabe la menor duda de que Nucci podría seguir haciendo en estos momentos un Figaro rossiniano de referencia ya que mantiene la agilidad y coloratura de su instrumento, como lo suele demostrar en el dúo de Nemorino y Belcore "Venti scudi" que tantas veces le hemos escuchado en épocas recientes. Tras Il Trovatore le llegó el turno al "Mal per me" de la primera versión del Macbeth, página no especialmente lucida, pero que en el italiano adquiere verdadero interés. Como cuarta propina asistimos a un cambio total de repertorio así como a uno de los momentos mágicos y emocionantes de una velada para recordar. Nucci entonó el "Non ti scordar di me" de Ernesto de Curtis para, armado de un micrófono, descender del escenario hasta el asiento donde se encontraba Iñaki Azkuna rogándole que le ayudase a entonar "no te olvides de mi, Bilbao querido yo pienso en ti" fundiéndose con él en un sincero abrazo, gesto que el público agradeció y refrendó con una espontánea ovación.

   A estas alturas de la velada el veterano barítono tendría que estar agotado pero aún así volvió a saludar una y otra vez a un público entregado como en pocas ocasiones a una auténtica personalidad que trasciende lo meramente artístico y logra una empatía sin igual con el auditorio, alguien que canta por amor al arte, por pasión y con suma generosidad. En esos momentos Nucci ya no sabía qué propina ofrecer, prácticamente en diálogo con el público sobre la pieza a seleccionar. Finalmente fue una vez más el "Cortigiani" el fragmento elegido, en una versión mucho más teatral que la primera, desplazándose por el escenario y terminando saludando a los palcos del Euskalduna como si del mismísimo Arena de Verona se tratase. Un auténtico espectáculo.

   Es de agradecer a la ABAO que tras unos primeros intentos fallidos por diversos motivos, hayan logrado vincular finalmente de forma tan intensa al mejor barítono verdiano del momento a un proyecto tan especial, emblemático y ambicioso como el Tutto Verdi siendo de lamentar, en cualquier caso, que no haya estado presente en títulos tan propicios para él que ya han sido abordados en el mismo.
 
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