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CRÍTICA: YURI TEMIRKÁNOV DIRIGE A LA FILARMÓNICA DE SAN PETERSBURGO EN EL AUDITORIO DE OVIEDO

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Autor: Aurelio M. Seco
25 de enero de 2012
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La Voz de Asturias (Domingo, 22/01/12)

DESDE RUSIA CON AMOR

El ciclo Conciertos del Auditorio acogió una de las citas más destacadas de la actual temporada: la Filarmónica de San Petersburgo con Yuri Temirkánov como director, y un programa de cariz romántico, por el tema - "Romeo y Julieta" de Prokófiev-, y por el estilo - "Sinfonía nº 2" de Rachmaninov. Tras haber pasado por una dura crisis cultural, Rusia está volviendo a sonar con fuerza en los ambientes musicales internacionales. La reapertura del Teatro Bolshoi, el alto nivel artístico del Mariinski, la calidad de algunas de sus más importantes orquestas y el reconocimiento obtenido por directores como Valery Gérgiev, Mikhail Pletnev, Vladimir Spivakov, el propio Temirkánov o el mucho más discutido Vladimir Jurowski, que llegará al ciclo en febrero, han conseguido restaurar su prestigio como gran potencia sinfónica.

La Filarmónica de San Petersburgo es un gran conjunto, en tamaño y calidad. La orquesta cuenta con un pasado ciertamente glorioso, en parte debido al extraordinario trabajo desarrollado por el mítico Evgeny Mravinsky, el Karajan del Este, durante más de 40 años.Yuri Temirkánov ya ha sobrepasado los veinte y, si bien no posee el rigor técnico de Mravinsky ni su pasión por el detalle, su carisma de intelectual sosegado y su gran talento como músico le están permitiendo desarrollar una gran carrera como director, dentro y fuera de la institución. Su versión de "Romeo y Julieta" de Prokófiev sin duda resultó estimulante. La orquesta sonó generosa sin excesos, exhibiendo unos primeros violines relucientes y unos metales compactos y bien balanceados.La colocación de la orquesta resultó mejor en la primera parte que en la segunda, donde Temirkánov resolvió el romanticismo de Rachmaninov con más temple y sensatez estilística que arrebato místico. Es sabido que las orquestas rusas prefieren la vehemencia a la sensiblería pero, lo cierto, es que a esta obra no le hubiera venido mal una mayor estilización y refinamiento. Como propina, dos arreglos, el primero delicioso, de la célebre pieza para piano y violín "Salut d´Amour" de Elgar; el segundo un guiño a España que no resultó tan bien: el "Tango op. 165 nº 2" de Albéniz, con un arreglo para orquesta de discutible gusto del compositor Rodion Shchedrin, marido de la mítica bailarina Maya Plitsetskaya.

 

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