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CRÍTICA: 'SIMON BOCCANEGRA' DE VERDI EN EL TEATRO REAL DE MADRID

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Autor: Raúl Chamorro Mena
23 de julio de 2010
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Simon Boccanegra (Verdi). Teatro Real 22-7-2010. Plácido Domingo, Angela Gheorghiu, Ferruccio Furlanetto, Marcello Giordani, Angel Odena, Miguel Angel Zapater. Dirección Musical: Jesús  López Cobos. Producción: Gian Carlo del Monaco

EL FENÓMENO DOMINGO

¡Viva Verdi! se escuchó tras los segundos de silencio que siguieron al  emocionante final de esta obra maestra (una más) del, quizás, más grande  compositor para el teatro que ha existido. Éxito inconmensurable. El mayor del año y de muchos años y especiales ovaciones público en pié a Plácido Domingo que merece ese reconocimiento en su ciudad natal. Que se quiten  de zarandajas. Cuando hay estrellas y divos de verdad en el escenario,  se cae el teatro y el "frío" público de Madrid llega al delirio.

Ni producciones "geniales", ni labores globales. Cantantes es lo que quiere el aficionado. Plácido Domingo no es barítono ni nunca lo será. Grave carencia para un  papel previsto por el compositor para esa cuerda, esencial para encarnar  al padre, uno más en la creación Verdiana, pero también el "uom che  regna". La confrontación entre la política, el poder y las relaciones  personales. A pesar de ello, hemos de solazarnos de poder disfrutar aún  con este mito de la ópera, esta fuerza de la naturaleza, este animal de  teatro, comunicador único que es Plácido Domingo. Ya desde su salida,  ágil, ardoroso, arrebatado, subiendo y bajando las escaleras, parece que no ha pasado el tiempo por él y que estamos viendo ese Des Grieux, ese  Cavaradossi, ese Maurizio de Sassonia... Ese carisma simpar que te hace  estar pendiente de él desde que entra en el escenario. Su timbre de una  belleza y singularidad ya legendaria,  está aún increíblemente íntegro,  sólo algo mermado de volumen y pujanza. Sin oscilaciones, sin sonidos  agrios o "de viejo". Se empeña, de vez en cuando, en oscurecer  artificialmente y buscar resonancias espurias baritonales, pero las notas más bellas son las inconfundiblemente tenoriles. Corto de fiato,  sobre todo en los momentos de canto spianato (En "Figlia ! a tal nome  palpito" especialmente) su entrega y entusiasmo siguen siendo  admirablemente arrolladores y su arrebato e impulsividad congeniales han evolucionado, como el corsario Simon Boccanegra, a un venerable y compasivo padre.

Emocionantísimo el acto III que ha  ofrecido, bien secundado por Furlanetto. El bajo italiano es cavernoso,  de emisión nada ortodoxa, dura y escasamente noble. De canto rudo y descuidado pero... Tiene volumen, suena a bajo y la acentuación es  operística, vibrante. Su química con Domingo en la gran escena de  ambos en el último acto ha sido estupenda. Marcello Giordani no es sutil ni refinado, pero su voz es de tenor  protagonista, los agudos plenos de squillo y expansión tímbrica  (espectacular el  "Per ciel" de la escena de consejo y los "Dammi la morte" del terceto del acto II que ha sido uno de los clímax de la noche), es ardoroso, el timbre es cordial y es italiano.  Todo ello, casi conforma un lujo hoy día.

Angela Gheorghiu ha salido airosa de su examen como Amelia Grimaldi y, además, yendo a más en la función. Es más bien una Musetta, le falta  anchura y robustez en el centro y graves para el papel (la primera frase en "Come in quest'ora bruna" ha sido un tanto embarazosa) pero el  timbre es bello y personal, canta con gusto y musicalidad, juega con las dinámicas, sabe "amorbbidire il suono", busca siempre la colocación y el agudo gana mucho timbre y mordiente. Estupendo uno que ha emitido en la escena del consejo y cómo ha solventado los del terceto, que siempre  ponen en aprietos a las sopranos que interpretan la parte. Es verdad que es amanerada, tiende a la  ñoñez y la gazmoñería, lo que se hace molesto en algunos momentos, pero es un  papel esencialmente lírico y de carácter sumiso donde no molesta tanto como en otros. Espectacularmente sexy. Bien el coro. López Cobos se ha despedido con su mejor Verdi en el Real.

 Una obra que le va más, por su introspección, donde se requiere menos  ese calor, esa expansión, ese fuego teatral tan ajeno a su temperamento y tan importante en otras obras Verdianas y de ópera italiana en general. Fantástico el prólogo con esa atmósfera oscura que le va a su  temperamento. La producción ha sido mejorada en el sentido de que el rojo se ha  cambiado por mármol blanco y la oscuridad casi total y tenebrista, por  una luminosidad mucho mayor. Por lo demás, sin mayores  sobresaltos permite seguir la obra y lucirse a los divos.

 

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