Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Don Giovanni de Mozart en el Palau de la Música de Valencia, bajo la dirección musical de Francesco Corti
Elenco vocal italiano al rescate
Por Raúl Chamorro Mena
Valencia, 12-VI-2026, Palau de la música. Don Giovanni (Wolfgang Amadeus Mozart). Thomas Chenhall (Don Giovanni), Marco Saccardin (Leporello), Francesca Pia Vitale (Donna Anna), Arianna Venditelli (Donna Elvira), Juliette Mey (Zerlina), Marco Ciaponi (Don Ottavio), Louis Morvan (Masetto/Comendador). Coro de la Comunidad de Madrid. Orquesta de Valencia. Dirección musical: Francesco Corti. Concepción escénica: Benoit de Leersnyder. Versión semiescenificada.
La ópera ha tenido tradicionalmente un importante espacio en la programación del Palau de la música de Valencia. En esta ocasión, la Orquesta de Valencia se enfrentaba en este concierto extraordinario a una de las más fascinantes óperas del repertorio, Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart. La obra maestra que combina magistralmente lo trágico con los elementos cómicos de la ópera buffa. Todo desde la atalaya de la ambigüedad, elegancia y refinamiento mozartianos.
A Francesco Corti le he visto buenas direcciones musicales en óperas barrocas, pero en esta ocasión me decepcionó un tanto. No le faltó pulso a su labor, pero fue alterno, y faltaron aristas, contrastes, en un discurso orquestal que resultó plano, más bien anodino y con un sonido orquestal gris y poco transparente. Le faltó empaste, brillo y tersura a la cuerda. Buena prestación del Coro de la Comunidad de Madrid. Se interpretó una versión completísima, que incluyó el dúo de Zerlina y Leporello “Per queste tue manine”.
Nada mejor que los representantes del canto italiano para cantar Mozart y, efectivamente, fueron dos italianos los que dieron lustre a una interpretación un tanto plomiza de esta gran ópera. En primer lugar, la joven soprano Francesca Pia Vitale en una muy estimable Donna Anna. Su centro resultó algo débil, pero en la zona alta gana mucho brillo, timbre y proyección. Por ello, la soprano nacida en Maddaloni interpoló variaciones al agudo, además de demostrar buena escuela canora y dominio de la agilidad. Magnífica fue “Non mi dir” por sentido del legato, canto refinado, ascensos brillantes y notable coloratura. Previamente, la soprano italiana se había lucido en unos rutilantes ascensos en “Or sai che l’onore”. Por su parte, el tenor Marco Ciaponi dio lustre a Don Ottavio, personaje tantas veces descuidado, con magnífica línea canora, incluidas medias voces, fraseo musical y bien torneado. No se trata de una voz de gran caudal, pero el timbre es grato y bien emitido. Destacó una muy apreciable Aria “Il mio tesoro” con destacable agilidad y estupendas variaciones.
La soprano romana Arianna Venditelli mostró garra y entrega en su Donna Elvira, aunque también apreturas en la zona alta. Sacó adelante, aunque con graves desguarnecidos “Ah! chi mi dice mai”. Bien delineada la exigentísima “Mi tradì” con agilidad algo trabajosa, pero bien resuelta y apreciables dosis de expresividad.
El más flojo de la parte italiana del elenco fue Marco Saccardin como Leporello, merced a una emisión retrasada, timbre árido y articulación borrosa, carencias no fueron compensadas con cierta intención en los acentos. La muy lírica mezzo francesa Juliette Mey dotó de carácter a su Zerlina, pero su sonido resultó más bien modesto y su canto no destacó por especial clase. Louis Morvan no pudo brillar en su doble cometido. Su Masetto fue pesante y de escasa vis cómica. Aún peor en el papel del Comendador por la falta de rotundidad, de pasta vocal y unos graves inexistentes, deficiencias que hacen imposible salir airoso en este fundamental personaje.
Dejo para el final, al protagonista, el británico Thomas Chenhall, absolutamente insuficiente por pobreza tímbrica, dicción italiana más que mejorable y canto poco fino, a lo que se unió una total falta de personalidad.
La versión fue semiescenificada, con movimiento e interectuación entre los cantantes, que deambularon por todo el recinto, incluida parte posterior del escenario, tribuna y los anfiteatros. No faltaron algunos efectos de luces, no todos felices.
Fotos: Palau de la Música de Valencia
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