Crítica de José Amador Morales de la ópera El barbero de Sevilla de Paisiello, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, bajo la dirección de Lucas Macías
El otro Barbiere
Por José Amador Morales
Sevilla, 10-V-2026. Teatro de la Maestranza. Giovanni Paisiello: El barbero de Sevilla -Il barbiere di Siviglia, ovvero La precauzione inutile-, ópera cómica en cuatro actos con libreto de Giuseppe Petrosellini, basado en “Le barbier de Séville” de Pierre-Augustin de Beaumarchais. Aitana Sanz (Rosina), Santiago Ballerini (Conde de Almaviva), Pablo Ruiz (Doctor Bartolo), Dario Solari (Fígaro), Pietro Spagnoli (Don Basilio), Luis Raspaqueso (Giovinetto/Alcalde), Andrés Merino (Svegliato/Notario). Orquesta Ciudad de Granada. Lucas Macías, dirección musical. Versioń concierto.
La recuperación de Il barbiere di Siviglia de Giovanni Paisiello en el Teatro de la Maestranza supone un doble punto de partida, máxime cuando nos encontramos ante una versión concertística. En primer lugar, la posibilidad de disfrutar de la obra en sí misma, despojada de la sombra que proyecta su célebre sucesora; en segundo, su adscripción a esa tradición sevillana - real o imaginada - que ha hecho de la ciudad un escenario operístico recurrente, ya sea en clave de ligereza o de oscuridad dramática. Y es que Sevilla, en este sentido, trasciende el marco meramente espacial para alzarse como un símbolo en el que se cruzan multitud de posibilidades teatrales y estilísticas: un espacio donde lo pintoresco, lo amoroso y lo mundano se entrecruzan con naturalidad escénica. Paisiello compuso su Barbiere en 1782 sobre el mismo libreto de Beaumarchais que décadas más tarde reutilizaría Rossini, y lo hizo con una estética evidentemente distinta, más cercana al equilibrio clásico que a la efervescencia del bel canto rossiniano. En este contexto, su escritura se orienta hacia una elegancia contenida, una caracterización más progresiva que chispeante de los personajes y una dramaturgia apoyada en la continuidad de la acción antes que en el contraste.
La dirección musical de Lucas Macías ofreció una excelente lectura, apostando por texturas claras y tempi moderados. El director onubense prestó especial atención al equilibrio entre las distintas secciones, particularmente en las cuerdas, que ofrecieron un sonido compacto sin perder viveza; algo que puso de manifiesto tanto en la obertura como de la “Tempesta”, por citar dos momentos orquestales francamente brillantes. No obstante, tal vez hubiese sido deseable un punto de mayor intensidad teatral y una articulación más incisiva que ayudara a subrayar el carácter pre-rossiniano de algunos pasajes, especialmente en los números de conjunto. Por su parte, la Orquesta Ciudad de Granada tuvo una actuación soberbia, revelándose como un instrumento ideal, tremendamente dúctil en este repertorio.
En el apartado vocal, el reparto resultó homogéneo y solvente, sobre todo en lo relativo a adecuación estilística e idiomática. De gran ligereza y algo escaso de proyección, el instrumento de Aitana Sanz encuentra su principal sostén en una sólida técnica y una indiscutible musicalidad. Escénicamente, Sanz perfiló una Rosina encantadora, más cercana a la ingenuidad que a la picardía, en línea con la concepción original del personaje en Paisiello. Su intervención en “Giusto ciel” destacó por la claridad de emisión, un uso contenido del ornamento y un aseado registro agudo. Santiago Ballerini lució una voz de gran atractivo tímbrico y una notable comunicatividad, virtudes con las que perfiló un Conde de Almaviva elegante y carismático; todo ello a despecho de un paso al agudo no del todo resuelto técnicamente y de cierta fatiga vocal que el tenor ítalo-argentino acusó hacia el final de la velada.
Menos sugerente en lo expresivo y algo limitado en lo escénico, pese al formato concertante, Dario Solari asumió el rol titular con un Fígaro de indudable presencia vocal y empaque aunque con una materia prima de escaso atractivo y cierta rudeza en la emisión. El Dottore Bartolo de Pablo Ruiz convenció por su poderoso registro central, que le permitió cincelar con atinada intención expresiva toda su parte. Más allá de algunos apuros en los, por otra parte, poco exigidos extremos de la tesitura, el barítono andaluz remató una sólida y divertida caracterización del personaje. Como era previsible, Pietro Spagnoli aportó una gran dosis de idiomatismo con un Don Basilio de fraseo elegante e intencionado, muy sólido tanto en “La calumnia” como en los detalles de sus intervenciones más breves. Los comprimarios, interpretados por Luis Raspaqueso y Andrés Merino, cumplieron con su habitual eficacia y buen hacer, integrándose con naturalidad en el conjunto.
En definitiva, una lectura musical convincente que se saldó con una entusiasta respuesta del público que llenaba el Teatro de la Maestranza. Esta buena acogida del Barbiere de Paisiello sugiere, en este sentido, que la obra posee entidad suficiente como para haber justificado una apuesta de mayor ambición y recorrido, con una producción escénica con varias funciones que trascendiera lo meramente ocasional.
Fotos: Teatro de la Maestranza
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