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CRÍTICA: EL TEATRO ARRIAGA GANA LA APUESTA POR 'EL CASERIO' CON AINHOA ARTETA Y JOSÉ LUIS SOLA. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
29 de julio de 2013
APUESTA SEGURA

El Caserío (Guridi). Teatro Arriaga, Bilbao. 29/06/2013

       El Teatro Arriaga de Bilbao, bajo la dirección artística de Emilio Sagi, cerraba hace unas semanas la programación de su temporada con una tanda de funciones de El Caserío de Guridi, en la puesta en escena, coproducción con el Teatro Campoamor de Oviedo, a cargo de Pablo Viar y con escenografía de Daniel Bianco, ya estrenada en 2011, con Mikdeli Atxalandabaso, Marta Ubieta y Ángel Ódena en los roles titulares. En esta ocasión, la presencia en el reparto de Ainhoa Arteta, sumada a la popularidad de un título como El Caserío en el País Vasco, auguraba un éxito de taquilla, como así se confirmó, vista la afluencia de público, que en la representación que comentamos colgó el cartel de "no hay entradas".
      Como decíamos, a primera vista el gran atractivo de esta reposición era la presencia de Ainhoa Arteta en el rol de Ana Mari, seguramente una parte algo distante de los derroteros por los que evoluciona hoy su voz, de lírica plena con tentaciones de spinto, y ya no la lírico-ligera que demanda el rol. En todo caso, Arteta mostró el material y la profesionalidad que le han llevado cada vez más lejos, con un canto seguro y una evidente desenvoltura escénica. Echamos de menos una dicción más precisa a veces, pero en conjunto Arteta convenció con su parte, al margen de la ya citada no plena idoneidad hoy de su material para esta partitura.
      El tenor José Luis Sola fue el intérprete más depurado de la velada, si bien su instrumento se antojase un tanto ligero para una parte que más bien demanda un lírico puro. Destacó sobre todo por la nitidez de su emisión, por una impoluta dicción y por una línea de canto limpia y siempre melódica, de trazos belcantistas. Nos gustó mucho su intención siempre variada en la emisión, buscando un fraseo rico en dinámicas. No diremos que sea un gran actor, pero sí un cantante estiloso y que atraviesa un estupendo momento de forma vocal.

 

      El barítono Javier Franco encarnaba al tío Santhi y ofreció una labor ejemplar, sin derroches, sí, pero sin reproche alguno que quepa plantearle. Nos gustaría verle ante empresas de mayor enjundia para calibrar realmente ante qué vocalidad nos encontramos, pero nos dejó en conjunto una sensación de solvente profesionalidad. El resto del reparto se mostró solvente, sin alardes, a menudo más teatral que musical.
      La producción de Viar y Bianco, de trazos clásicos, no deslumbra pero funciona, destacando el bien plantado frontón que centra la acción en la segunda mitad de la representación. Desde el foso, el maestro Miguel Roa, todo un clásico en este repertorio, lastró sin embargo a menudo la representación con unos tiempos lentos en demasía, y abundando además en una articulación pesante, de concertación no siempre impecable. Respondieron al menos con intachable solvencia, si bien sin alardes, los músicos de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, lo mismo que los miembros del Coro Rossini. La partitura presentaba asimismo abundantes cortes sobre su más dilatado original, en especial en lo concerniente a as partes habladas, seguramente buscando con ello una versión más accesible, en duración y desarrollo dramático.
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