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CRÍTICA: 'EL CASO MAKROPULOS' DE JANACEK EN LA BASTILLA DE PARÍS. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
10 de octubre de 2013
 
  TODO UN CASO 
 
Vec Makropulos (Janacek). Ópera Nacional de París, Bastille 30/09/2013

     La Ópera Nacional de París escenificaba este pasado septiembre el fascinante Caso Makropulos de Janacek, en la puesta en escena de Warlikowski, ya vista en 2008 en el Teatro Real de Madrid, con el que se había coproducido. El libreto del propio Janacek, basado en una pieza teatral homónima de Karel Čapek, sirve una historia de connotaciones kafkianas, realzado por una música inspiradísima y potente. En el fascinante rol titular de Emilia Marty se encontraba la soprano alemana Ricarda Merbeth. Nos encontramos ante una voz bien timbrada, brillante, importante por extensión, homogeneidad y proyección, aunque algo falta de personalidad, merced a una coloración un tanto monocorde. Su Emilia Marty fue vocalmente intachable, pero algo falta de apasionamiento y carisma en lo dramático. El recuerdo de Anja Silja en el rol pone quizá el listón demasiado alto, precisamente por lo que se refiere a ese derroche de carisma que aquí echamos de menos.

     El trabajo escénico de Warlikowski, trufado de referencias cinematográficas (Rita Hayworth, Gloria Swanson, Bette Davis, Marilyn Monroe), es originalísimo, llamativo y por todo ello muy atractivo para el espectador. Todo un acierto de Warlikowski esa asimilación entre la casi inmortalidad de la protagonista y la icónica eternidad que confiere el cine a sus estrellas, tan tendentes a veces a la autodestrucción. Fascina asimismo ese gran King Kong que emerge desde el fondo del escenario entre tinieblas. Pero lo cierto es que Warlikowski incurre también en un gran error general, al amplificar todavía más la complejidad original del libreto, confundiendo incluso el desenlace del final original, al sugerir otro destino para el personaje de Krista. Una propuesta vistosa, llamativa, con una detallada dirección de actores, pero algo confusa a la postre.

    En el foso se encontraba la finlandesa Susanna Mälkki, una batuta al alza, que hizo gala de un gesto claro y transparente, casi arquitectónico, dando lugar a una versión algo falta de vuelo, arrebato y fantasía. Todo sonó en su sitio y como había de sonar, pero faltó un pulso más convencido y ensimismado, que completase esa exposición casi matemática de la orquestación de Janacek. El resultado global fue una grata labor orquestal, aunque menos epatante de lo que la partitura del checo dispone.

     El resto del amplio equipo vocal (V. Le Texier, J. Schmeckenbecher, A. Conrad, A. Hill, L. Elgr, R. Davies) no fue mucho más allá de lo competente, en partes por otro lado más teatrales que vocalmente comprometidas. Una representación, pues, globalmente esmerada aunque sin destellos.

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