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CRÍTICA: 'EL HOLANDÉS ERRANTE' EN EL GRAN TEATRO DEL LICEO DE BARCELONA

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Autor: Raúl Chamorro Mena
4 de septiembre de 2012
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EL FESTIVAL DE BAYREUTH VUELVE AL LICEU

1-9-12 EL HOLANDES ERRANTE (Richard Wagner) Samuel Youn (El Holandés), Ricarda Merbeth (Senta), Michael König (Erik), Franz-Josef Selig (Daland),  Benjamin Bruns (Timonel), Christa Mayer (Mary). Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Sebastian Weigle. Versión concierto.

Después de su histórica visita en 1955, año en el que se representaron "Die Walküre", "Tristan und Isolde" y "Parsifal" con producciones de Wieland Wagner y cantantes ya legendarios como Hans Hotter, Martha Mödl, Ludwig Weber o Wolfgang Windgassen, el Festival de Bayreuth volvía al Gran Teatre del Liceu de Barcelona, ciudad de solidísima tradición wagneriana, la mayor entre las latinas y de toda la Europa Meridional. Esta vez no hubo escena, pero sí concurrieron el coro y la orquesta del Festival, mientras que en la anterior visita fue la Sinfónica de Bamberg quien asumió las representaciones, bien es verdad que se decía que dicha agrupación constituía la base de la orquesta del Festival. "El Holandés Errante" o "El Buque Fantasma", estrenada en el Liceu y en España el 12 de Diciembre de 1885, aunque ya prefigura algunos de los elementos del drama musical que constituiría la gran creación del genio de Leipzig, constituye una ópera romántica alemana encuadrada aún en la tradición con sus arias, sus dúos y números cerrados.

Efectivamente, no decepcionaron los cuerpos estables de la colina sagrada, que mostraron un nivel sobresaliente. Apabullante el nivel de la nutrida orquesta, con una cuerda de sonido exuberante, empastadísimo, a la vez que pulido, dúctil y de gran refinamiento tímbrico. Las maderas y los metales mostraron una precisión y afinación pluscuamperfertas, "alemanas". Todo ello con unas texturas diáfanas y un nivel excepcional en todas las entradas e intervenciones solistas. Fascinante el coro, que mostró un sonido rotundo, aterciopelado, empastado y, al mismo tiempo, morbidísimo. Los coros de las hilanderas y los de los marineros quedaran grabados para siempre en nuestro cerebro. Memorables. Sebastian Weigle, ex director musical de la casa, que fue muy ovacionado por el público Liceísta, ya desde la magnífica obertura, extrajo toda la calidad de estos cuerpos estables, acompañó con buen balance a las voces y expuso la obra, que se interpretó de manera continua y sin interrupciones, con el adecuado pulso y sentido teatral. Quizás podría achacársele un punto más de tensión, de trascendencia (por ejemplo, en el sublime dúo de Senta y el Holandés) y de personalidad. Más bajo estuvo el nivel vocal. Ya sabemos que estamos en crisis de voces en general y, especialmente, wagnerianas y Bayreuthianas, pero no hubo ningún elemento discordante como si ocurrió en el "Lohengrin" del día 2. Samuel Youn, anodino e impersonal, pero honrado, cumplidor y digno en su interpretación del protagonista. A la voz le fasta fuste, empaste, caudal, anchura para el papel. Algo más sólido en el grave que en una zona alta, ayuna de timbre, mordiente, expansión y donde el sonido se blanquea.  Franz- Josef Selig como Daland, sí mostró un material de cierta rotundidad en centro y grave, pero un canto muy descompuesto con gran cantidad de sonidos fijos y de dudosa afinación. Muy flojo el Erik de Michael König, de emisión engolada y nasal. Convirtió las maravillosas frases del joven enamorado en una especie de responso monocorde. Ni rastro de efusión, de lirismo apasionado. La mejor del reparto fue Ricarda Merbeth como Senta. Si bien a su material vocal, totalmente desguarnecido en el grave, le falta robustez, metal, anchura y consistencia, además de no mostrarse cómoda en los complicados ascensos de la parte final, cantó e interpretó una Senta sensible, musicalísima y muy femenina. Benjamin Burns cantó bien la parte del timonel con un timbre grato aunque la tesitura, muy en el pasaje, le planteó algún problema.

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