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CRÍTICA: II FIESTA DE LA LÍRICA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA DE MADRID. Por Arian Ortega

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Autor: Arian Ortega
18 de mayo de 2013
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"TE QUEREMOS, JUAN"

II Fiesta de la Lírica. Teatro de la Zarzuela, 12/05/13. J.J.Rodríguez, I.Rey, J.Pons, J.De León, R.Rosique, M.Sola, J.J Frontal, F.Corujo, Y.Auyanet, N.Fabiola Herrera, A.Machado, D.Rodríguez, A.Ibarra, M.José Moreno, M.Lanza, R.Bernal, R.Amoretti, M. Ángel Zapater, L.Dámaso.

       Hace ya dos años de la primera Fiesta de la Lírica que se celebró a beneficio de la Asociación San Juan de Adeje. Aquel día se logró reunir a una considerable cuantía de artistas que de forma totalmente desinteresada se volcaron de lleno en una gala bonita, repleta de buena música y sobre todo de una atmósfera de colaboración muy saludable, de la que se contagió el propio público. En la nueva edición hubo repetidores, compañeros que no pudieron estar en el anterior concierto y nuevos artistas que se quisieron sumar a la causa.
       El problema de estas galas, que a priori tienen otro propósito totalmente ajeno al nivel artístico, es que se tiende a confundir lo altruista con el bolo. No es de recibo, mucho menos en un teatro de nivel, llevar unas piezas cogidas por pinzas, sin apenas ensayos- que puede ser hasta comprensible- y de enorme dificultad técnica pensando que nos la pueden colar. Ante todo hay que recordar que el público pagó su entrada. En el amplio transcurso de la velada hubo de todo, desde un simpático dúo de Don Pasquale con Ruth Rosique y Miguel Sola  -mejor ella, de timbre grato y bonita línea melódica- hasta un enorme dúo de Rigoletto entre Maria José Moreno, de voz purísima, cristalina, fácil en la emisión, carnosa, mórbida y llena de armónicos, y Juan Jesús Rodríguez, enorme en el papel de bufón, con su característica voz amplia, sonora, perfectamente cubierta y de gran impacto en la sala. Ambos culminaron con la cabaletta, como manda la tradición, ella con el mib y él, a un fantástico lab que hizo las delicias del público.
       Toda la primera parte, de repertorio muy variado, fue claramente la de menor calidad, como "Dunqueio son" de Barbiere a cargo de una imposible Marifé Nogales de coloratura aproximativa y cortísima de fiato, y un Manuel Lanza que todavía no está del todo recuperado. Algo similar se puede decir del dúo de Pescadores de Perlas que interpretaron José Julian Frontal, que tiene la misma pieza grabada con Kraus hace años, cuando la voz se presentía bella, y Ricardo Bernal, voluntarioso, con esporádicas notas aquí y allá, pero con la incertidumbre de si le van a entrar o se van a quedar en la garganta. Francisco Corujo se vió desbordado en el dúo de Manon, compensado por una interesante Lola Casariego. Lo mejor fue el magnífico dúo "Mira o Norma" de Nancy Herrera y Yolanda Auyanet, dos cantantes muy estimables. La mezzo, controlando perfectamente el instrumento, redondo y terso, minuciosa en los agudos atacados en piano, compenetrándose perfectamente con una Auyanet de radiante instrumento, versátil, más difícil de domeñar en la cabaletta pero igualmente impecable.

      La segunda parte, dedicada en su mayoría a Verdi ofreció un nivel más alto. Ahí tenemos el espectacular dúo Juan Jesús/Amoretti con Don Carlo, un verdadero chute verdiano si no fuera por unos mortecinos pianistas que restaron tensión al momento. Ana Ibarra, fantástica tanto en el dúo final de Carmen- grave carnoso, con entidad, hermoso timbre, radiante centro, algo más apurada en el extremo alto- como en el de Aida, junto a un Jorge de León que cada vez va perdiendo más de prometedor para convertirse en una auténtica máquina de agudos. Antonio Gandía exhibió gusto y una emisión krausiana en el dúo "Addio speranza", con varios agudos de verdadero brillo y metal. Isabel Rey mostró profesionalidad, buen canto y cuidadísimo fraseo en la segunda aria de Liù.
       No deja de ser esclarecedor, no nos cansamos de decirlo, que lo más emocionante fuera la veteranía, el buen hacer, la psicología del personaje, las tablas de ese grande del canto que es Joan Pons, recibido con una clamorosa ovación cuando salió a escena, de un público que siempre le ha querido en Madrid. Retirado ya de la primera fila del canto- aún recordamos con emoción su vibrante Amonasro y aún más su emotivo Michonnet en el Liceu de Barcelona- no ha dejado de volcarse en tareas benéficas como este recital o la próxima Madama Butterfly que hará en Mahón sin cobrar caché. Aquí ha hecho gala de legato de escuela, fiato aún respetable, notas centrales de impacto, proyección suficiente- cuando hay tantos cantantes de voces minúsculas- pero sobre todo emoción por arrobas, credibilidad en la caracterización y honestidad, algo difícil de encontrar en algunos sectores. Esto en un intenso dúo de La forza del destino con un Aquiles Machado de voz robusta, ancha, seductora, con serios problemas en un agudo que suena abombado, falso, hinchado con demasiado aire, pero digno y arrebatado.
       Ante el clamor del público tras las bonitas palabras que le dedicó Isabel Rey a Juan Pons, su compañero de fatigas durante más de 20 años, todos al unísono hicieron la fuga final de Falstaff, con el propio Pons como principal artista, recordando a aquel joven que encandiló a los milaneses en aquellas funciones con Muti en el foso. Ya ha llovido, pero la emoción no se pierde. Por eso nos sumamos a ese "Te queremos Pons" que le gritó alguien del público, junto a "Bravo Maestro", y gracias por habernos dado tanto.
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