Artículo de la musicóloga y crítico musical de CODALARIO, la Doctora Nuria Blanco Álvarez, sobre el origen del Género bufo en la zarzuela.
Origen del Género bufo
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Tras nuestra serie de artículos dedicados al Género chico (Sainete lírico, Juguete lírico y Revista musical) vamos ahora a desentrañar lo que se esconde tras la denominación de Género bufo. Todo comienza en París a mediados del siglo XIX con Jacques Offenbach, quien revoluciona el mundo de la música teatral con su compañía de los «Bufos parisinos» (Bouffes Parisiens), creada para divertir a los visitantes de la Exposición Universal de París de 1855 con la representación de pantomimas y obras con música en un acto y un máximo de tres personajes, que inauguran su primera temporada con su opereta Los dos ciegos (Les Deux Aveugles). Si bien esta obra se estrena en España ese mismo año, con texto arreglado al español por Luis de Olona y música de Barbieri -excepto un número que mantiene de la original-, lo cierto es que esta primera aproximación española a la obra de Offenbach pasó bastante desapercibida y no será hasta 1864 cuando empiecen a abundar las adaptaciones de sus obras a nuestro idioma gracias a su opereta (opéra-bouffon) Orfeo en los infiernos (Orphée aux enfers) bajo el título de Los dioses del Olimpo en el Teatro de la Zarzuela con la música original de Offenbach en un arreglo del texto al español de Mariano Pina Bohígas, cuyo Galop final (el famoso cancán) causó furor.
En la convulsa década en España de los años 60 del siglo XIX, la crisis pre y posrevolucionaria afecta también al mundo de la Zarzuela Grande, que había llegado al agotamiento tras gloriosas temporadas en los años 50 y principios de los 60, empezando a producirse los estrenos de forma cada vez más espaciada. Con el advenimiento de la Revolución del 68 el espectador requiere un nuevo modelo de entretenimiento. Se buscan obras con un carácter más crítico y mordaz, más divertidas y frívolas, según el modelo los Bouffes Parisiens. Es aquí donde entra en escena Francisco Arderíus responsable de la idea feliz de crear una compañía de Bufos madrileños.
Francisco Arderíus (Évora, 1835-Madrid, 1886)
«Su voz tiene poca extensión, pero en cambio es bastante mala»
Arderíus comienza su carrera como pianista de café en el Minerva y también fue corista del Teatro de la Zarzuela: «Teniendo cierta vocación para la escena, por consejo de un amigo mío fui a ver al empresario del Teatro de Jovellanos [Teatro de la Zarzuela], el cual, después de muchas dificultades que tuve que vencer, me contrató de corista con medio duro diario». El empresario en cuestión era Joaquín Gaztambide quien le había realizado la prueba de voz, sobre la que dijo su célebre frase: «Su voz tiene poca extensión, pero en cambio es bastante mala»; no obstante, fue admitido en el teatro por la intercesión de su tía, la famosa cantante María Bardán -la exitosa Doña Sabina de la zarzuela El duende de Rafael Hernando-. Efectivamente como cantante no era muy bueno, pero como actor destacaba y como empresario llegó a hacerse rico.
«Arderíus fue en realidad un innovador y precursor de ciertas formas teatrales y no solamente un negociante avispado o un despreocupado y audaz corruptor del buen gusto»
Probablemente participó como corista en la producción de Los dioses del Olimpo que mencionamos lo que parece le motivó a viajar a París en el verano de 1866 para conocer de primera mano el fenómeno de los «Bufos Parisinos» de Offenbach y decide importar ese modelo artístico y empresarial que tanto éxito tenía. Él mismo comentó: «El haber ido a París fue la causa de que medrase, rompiendo el círculo de hierro que oprime a los pobres […] En París había visto los bufos, ¿por qué no ha de haber también bufos en Madrid?». Matilde Muñoz asegura que «Arderíus fue en realidad un innovador y precursor de ciertas formas teatrales y no solamente un negociante avispado o un despreocupado y audaz corruptor del buen gusto». Les Bouffes Parisiens es un tipo de espectáculo que resume Temes como una «fórmula mixta entre teatro convencional, teatro musical, improvisación, mimo, baile…; y, sobre todo, un nuevo concepto de humor basado en la sátira, el retruécano y la frase de doble sentido. También, intercalados, algunos números de teatro dramático», a lo que hay que añadir un toque de destape de pantorrillas.
El 15 de septiembre de 1866 Arderius hacía colocar por todo Madrid un cartelón con el anuncio: «Compañía de los bufos madrileños con sede en el Teatro de Variedades» en esa temporada (1866-67). La empresa asombró a todo Madrid con el estreno, el 23 de septiembre, de una obra netamente nueva y atractiva: El joven Telémaco, del compositor José Rogel con libreto de Eusebio Blasco, en la que pretendía acomodarse al estilo de las que vio en París de su admirado Offenbach. En el Teatro de Variedades se representaron las nuevas obras de este género, tanto españolas como francesas y, curiosamente, en este mismo teatro había nacido, en 1849, la nueva Zarzuela Romántica o Zarzuela Restaurada con El duende de Rafael Hernando siendo además una de las primeras casas del Teatro por horas que daría lugar al Género chico. José Rogel será desde entonces el compositor favorito de Arderíus y se dedicará de lleno al Género bufo. En pocos meses, otros compositores se unen a la aventura bufa como Arrieta, Barbieri, Gaztambide, Oudrid y Fernández Caballero, que también lo hace, aunque un poco tardíamente, tras su regreso de Cuba.
«Hazme para empezar una tontería mitológica. Un pretexto para que salgan unas mujeres guapas y canten una musiquilla agradable. Una gansada sin pies ni cabeza. Lo primero que se te ocurra»
Eugenio Hernández Vista explica cómo se gestó la primera zarzuela bufa y relata el encuentro de Arderíus con el escritor Eusebio Blasco al que le pide que le escriba una obra: «Hazme para empezar una tontería mitológica. Un pretexto para que salgan unas mujeres guapas y canten una musiquilla agradable. […] Una gansada sin pies ni cabeza. Lo primero que se te ocurra» y en una semana tenía escrito el libreto de El joven Telémaco. Esta obra sentará las bases dramáticas y musicales del modelo a seguir por los bufos entre 1866 y 1872, último año de actividad normalizada de la compañía de Arderíus.
Personajes de El joven Telémaco (1866)
Sus autores denominaron a esta obra «Pasaje mitológico-lírico burlesco» y está basada en la obra francesa Les aventures de Télémaque (Las aventuras de Telémaco) de Fenelón, y su argumento narra, en forma de parodia, un supuesto episodio de la Odisea de Homero, sazonada con ingeniosos chistes y alusiones a la actualidad del momento. Destacaron sobre todo dos de sus números musicales. Por un lado, se hizo muy popular la habanera interpretada por Telémaco donde cantaba: «Me gustan todas, me gustan todas, me gustan todas en general, pero esa rubia, pero esa rubia, pero esa rubia me gusta más».
«El Coro de suripantas interpretado en un supuesto griego por coristas insinuantes y de sugerente atuendo se hizo célebre»
Por otro lado, el célebre «Coro de suripantas» interpretado en un supuesto griego (en realidad son palabras sin sentido alguno que intentan emular el sonido del habla griega parodiándolo). El texto llegó a hacerse tan famoso que se adoptó la palabra inventada Suripanta para referirse a las coristas insinuantes y de sugerente atuendo que lo cantaban. Hoy día es un término recogido por la RAE en el Diccionario de la Lengua Española.
Suripanta la suripanta,
suripanta de somatén
makatruki de somatén
sun faribún, sun faribén
maka trúpiten sangarinén.
No sé cómo se imaginan ustedes a las suripantas de entonces, pero los cánones de belleza del último tercio del siglo XIX distaban bastante de los actuales. Matilde Muñoz las describe así: «Un ejército singular armado de armas invencibles, de insinuantes desnudeces, de guiños de ojos provocativos, de flechas bien aguzadas, manejadas con un arte al mismo tiempo ingenuo y procaz por muchachas que pesaban 80 kilos, lo que resumía el ideal estético y amoroso de entonces».
Estas obras breves, de argumento paródico mitológico, casi surrealistas, ligeras, burlescas y divertidas, con música sencilla y señoritas en el coro enseñando la pantorrilla, son las primigenias Zarzuelas bufas (luego las habrá de más tipos), que cautivaron al público pero suscitaron no pocas críticas en los periódicos que lo veían como un género frívolo y penalizaban su origen francés. Arderíus tuvo que justificarse en más de una ocasión: «La misión de los bufos en la tierra es especial y diferente de la de los otros géneros; está entre lo bueno y lo malo, entre lo serio y lo sublime, sin parecerse a nada, sin perjudicar a nadie. Distraer la imaginación con pensamientos risueños y agradable diversión, es la única aspiración de los Bufos Madrileños».
Hoy día se puede ver este tipo de espectáculo gracias a Rafa Castejón quien a principios de año recuperó a los «Bufos Madrileños» en un soberbio espectáculo en el Teatro de la Comedia del que dio buena cuenta Codalario y que debería subirse a las tablas del Teatro de la Zarzuela.
Sobre otro tipo de Zarzuelas bufas, las de gran espectáculo, trataremos próximamente, como siempre, en Codalario.
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