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Artículo: ¿Qué es el sainete lírico? Por Nuria Blanco Álvarez

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
20 de septiembre de 2026

Artículo de la musicóloga y crítico musical de CODALARIO Nuria Blanco Álvarez sobre el sainete lírico, dentro de su serie dedicada a la zarzuela

Artículo: ¿Qué es el sainete lírico? Por Nuria Blanco Álvarez

¿Qué es el sainete lírico?


Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Continuando con nuestra serie dedicada al Género chico, después de explicar su origen y ofrecer su definición así como sus tipologías, en esta ocasión nos centraremos en el Sainete lírico, el más popular, en todos los sentidos, dentro del género y es que, el Género chico nace con el Sainete. No olvidemos que la primera zarzuela de Género chico de la historia fue el Sainete La canción de la Lola (1880) de Federico Chueca y Joaquín Valverde con libreto de Ricardo de la Vega.

«El Género chico nace con el Sainete»

 

   El Género chico nace como un producto de entretenimiento, de carácter popular, muy cercano a la vida del espectador, en este sentido como los antiguos sainetes de Ramón de la Cruz, con la utilización sistemática de las costumbres especialmente madrileñas, su lenguaje, vestimenta y actitudes de los personajes populares, que ahora no serán los majos de las tonadillas escénicas, sino los chulos o chulapos de la vida madrileña. El público desea ver en escena su mundo y cosas que conoce: crónicas de sucesos, críticas a personajes públicos, …, en definitiva, cuestiones de actualidad y su vida cotidiana con un texto, tal y como señala el profesor Ramón Barce «con un lenguaje que es en gran manera una fiesta para los oídos y que es engrandecido en sus puntos culminantes con música muy cercana al oyente, próxima al mundo de la canción y del cuplé». 

   Gracias a los cambios producidos tras la Revolución del 68, este género tendrá en cuenta no solo a la burguesía, sino a una pujante clase media -incluso algo baja-, un público más popular que buscaba un teatro lírico más cercano a su problemática diaria y con una estética más populista. Gil Osorio y Sánchez describe al tipo de público habitual de estos espectáculos:

«Este público consta de empleados, que perciben 6 u 8.000 reales; patronas de huéspedes, oficiales retirados, funcionarios cesantes de la administración pública, estudiantes de todas las facultades, modistas, viudas que viajan de incógnito, solteras talludas… Además de estos elementos, familias honradas, viejos verdes ávidos de escuchar los chistes que le sugiere al autor su desembrazada inspiración y de contemplar las piernas artificiales de las bailarinas…».

Lo cierto es que muchos de ellos se veían perfectamente reflejados en escena, no en vano fueron modelos de los personajes tipo de las obras de Género chico. El género buscará el entretenimiento relajado, con melodías más elementales que el público pudiera luego canturrear, así afirma Carlos Seco Serrano: «Para Madrid, son el chotis, el fandango, pero también el vals del género chico, los que traducen la nostalgia de aquella ciudad definida por un casticismo popular y democrático».

«Los Sainetes muestran la vida cotidiana urbana del momento»

   Los Sainetes líricos son zarzuelas breves, normalmente en un acto, de acción contemporánea (de finales del siglo XIX, de ahí que suela aparecer al inicio del libreto la indicación «En época actual»), con un lenguaje coloquial, que se desarrollan generalmente en Madrid -también los hay andaluces con los hermanos Álvarez Quintero a la cabeza- en cuestión de horas, muchas veces en un espacio fijo (aunque pueden llegar a tener dos o tres localizaciones diferentes) donde transcurre la cotidianidad de multitud de personajes, en su mayoría populares, que transitan, visitan o permanecen en el lugar en cuestión mostrando la vida cotidiana urbana del momento. Según la profesora Pilar Espín Templado, suelen predominar los espacios interiores como una tienda, un bar o una pastelería, pero nosotros advertimos que no son pocos los casos donde la acción transcurre en un lugar abierto, como una plaza, una terraza o en una verbena, en barrios bajos o populares madrileños, eso sí, más que regodearse en la posible miseria, marginación y delincuencia de esas zonas, se quedan con la parte más amable de sus habitantes con tipos urbanos simpáticos aunque pobres y también pequeños comerciantes.

   El argumento de estas obras no desarrolla un asunto concreto, más bien se trata de ver pasar la vida en un lugar estático en el que desfilan un buen número de personajes, esencialmente castizos. El nexo de unión entre ellos no es su historia sino el espacio que comparten, en la que dentro de su carácter cómico y de enredo mínimo, se aprovecha para lanzar alguna sutil crítica al abuso de poder de los políticos y a la condición humana en general, pero siempre plasmado con gracia, concluyen con un final feliz y en ocasiones se cierra con la despedida directa al público pidiendo su aplauso. No obstante, es frecuente que la historia principal gire en torno a una joven pareja de enamorados a punto de casarse que se topan con un obstáculo (la oposición de los padres, diferencias en el estatus económico de ambos, algún malentendido sobre todo con un tercer personaje en discordia, …); problema que normalmente se soluciona felizmente al final de la obra. Suelen ser obras de carácter moralista, con un definido maniqueísmo de sus personajes. Según Barce, son además obras en las que apenas hay argumento, destaca el uso de lo pintoresco local -que se ve reforzado por los modismos, la forma de ser y el comportamiento de los personajes, vestimenta, toponimia, festividades,…-, con carácter humorístico para aligerar posibles dramas, con alusiones constantes a sucesos y noticias del día, a la penuria económica de los personajes y a localizaciones concretas en lugares de Madrid. Aparecen referencias a músicas preexistentes, como canciones infantiles y otras de carácter folklórico (aunque de nueva creación) como la gallegada, el tiempo de panaderos, las seguidillas y las jotas. Además, en la música se hace un guiño a la que estaba de moda por entonces en los salones de baile (folklore urbano) recurriendo a la mazurka, vals, polka y tango-habanera, y otros bailes más populares como el chotis (schottisch) o el pasodoble. El sainete solía convertirse, musicalmente hablando, en una especie de Suite de danzas.

   En cuanto a la dramaturgia de los Sainetes, diremos que el texto del libreto se escribía en un principio en verso (como en La canción de la Lola o El baile de Luis Alonso), luego se iba alternando el verso con la prosa (como en La Gran Vía, Agua, azucarillos y aguardiente, La revoltosa y El bateo) y finalmente ya se escribían los libretos en prosa (como en La verbena de la Paloma, por ejemplo). En los libretos de los Sainetes suele utilizarse un lenguaje madrileño muy castizo (o andaluz en el caso de los sainetes andaluces), a veces artificioso, intencionadamente incorrecto y vulgar, que cuenta además con expresiones de moda, alusiones a la actualidad y extranjerismos mal pronunciados o en momentos que no tienen sentido, para mostrar así la afectación del personaje. De hecho, no suele haber personajes cultos en los sainetes. También se recurre de vez en cuando al chiste, el retruécano o las palabras de doble sentido para hacer reír al público, si bien es cierto que el propósito del sainete no es hacer reír sino presentar un argumento bastante sentimental, eso sí, rodeado de comicidad y pintoresquismo. Dice Pedro de Répide que «el Sainete es la representación escénica quizá más exacta de la vida».

«El reflejo de la vida real en el escenario es lo que define al Sainete»

   Este reflejo de la vida real en el escenario es, según Yxart, lo que define al Sainete: «Esa absoluta objetividad del espectáculo escénico español, sólo se encuentra hoy en el sainete […] En ninguna parte reluce vivo el reflejo de costumbres conocidas sino en el sainete». Para Deleito y Piñuela, además, «consiste en la observación de tipos y escenas tomados de la vida presentados en su aspecto jocoso». Los tradicionales sainetes se desarrollan en Madrid, en pueblos o en Andalucía y, como asevera Espín Templado, la acción se desarrolla en «lugares frecuentados o hábitats de la clase social inferior urbana… todos los espacios son reales y urbanos, […] propios de la clase baja, obrera o artesanal».

   Por resumir muchísimo la definición de Sainete lírico, nos atenemos a la que ofrece del profesor Casares en el Diccionario de la Zarzuela donde se indica que «El Sainete lírico es una obra musical en un acto, de acción contemporánea, localizada en una ciudad -generalmente Madrid-, con personajes y ambientes populares, de carácter cómico, enredo mínimo, lenguaje coloquial y final feliz».

   La profesora Espín llega a realizar una diferenciación entre Sainete y Pasillo basándose en el número de cuadros de la obra, es decir, de lugares donde se desarrolla la acción, tres para el Sainete y uno para el Pasillo, manteniéndose las demás características iguales. Sin embargo, puesto que esto no siempre es así, finalmente concluye que «podemos adoptar ambos términos, sainete o pasillo, para referirnos a un mismo subgénero del teatro por horas».

   Dice el profesor Barce que entre 1880 y 1915 (fecha que reconoce elástica como fin del Género chico, para nosotros acaba unos cuantos años antes) se produjeron más de un millar de piezas y que muchas se denominaron solo «Sainetes» sin el adjetivo «lírico» y que más tarde se añadía «madrileño» o «de costumbres madrileñas», algo un tanto redundante dice, porque casi todos los sainetes lo son, si bien es cierto que también hay un tipo de Sainete andaluz, abanderado, como ya hemos dicho, por los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero y puntualmente algún otro ambientado en otros lugares de España.

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