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CRÍTICA: MARTA MATHÉU, GÜNTER HAUMER Y ROGER VIGNOLES PARTICIPAN EN EL CICLO DE LIED DE LA FUNDACIÓN JUAN MARCH. Por Arian Ortega

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Autor: Arian Ortega
23 de febrero de 2013
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Günter Haumer
UNA MIRADA AL UNIVERSO DE WOLF

Madrid. Fundación Juan March. (IV) La obsesión poética (22 febrero). Marta Mathéu, soprano; Günter Haumer, barítono y Roger Vignoles, piano. Gedichte von Eduard Mörike (selección) de H. Wolf

       Hugo Wolf (1860-1903) compuso en 1888, entre múltiples cosas, un ciclo de canciones basadas en textos del poeta Eduard Mörike, por quien sentía una admiración especial. Ya había puesto música a algunos de sus textos apenas unos meses antes, pero no fue hasta finales del XIX cuando a un ritmo frenético y casi delirante, puso notas a un total de 53 de sus poemas. Seguramente aquel año fue uno de los más fructíferos de una trayectoria corta, que duraría escasos diez años, pues el compositor compuso su último lied sobre textos de Miguel Ángel entre 1897 y 1898. Conocedor de la música de Schubert y Schumann, sobre todo este último, al cual le unía un enorme respeto, Wolf siguió la estela que dejaron estos dos genios de la historia del lied, abarcando un siglo de composiciones ininterrumpidas entre esta tríada.
      La manera en que Wolf enfocó sus primeras páginas siguen estrictamente los parámetros de Robert Schumann, hasta el punto de llegar a repudiarlos por sonar de manera casi idéntica. Influenciado también por otra de las grandes figuras de la historia de la música, Richard Wagner, a menudo adoptaría estilos similares, tanto en lo referido al aspecto musical, como en la temática religiosa, mística, redentora, del músico de Leipzig. Eso se aprecia muy bien, por ejemplo, en dos piezas que, precisamente, conformaron el programa que se pudo ver la noche de ayer, en la Fundación Juan March. Una de ellas, "AufeinerWanderung" entraña un gran paralelismo con la famosa "Canción de la estrella" de Tannhäuser.  La otra, "Wofind'ichTrost", está plagada de referencias a la cruz, el cáliz, la culpa, la expiación, el pecado. En definitiva, parece un extracto sacado del mismísimo Parsifal, festival sacro que Hugo Wolf tuvo oportunidad de presenciar en su estreno en Bayreuth y que le subyugó hasta lo más hondo. Volviendo a esa inusitada obsesión que rondaba al compositor todas las noches, llegando a componer hasta tres piezas en una misma tarde, Wolf terminaría como tantos otros, loco y febril, con un final, al igual que el firmante de los textos a los que dotó de alma, desgarrador.
       Ciento diez años después de su fallecimiento, la Fundación Juan March presentó, dentro de su ciclo de recitales titulado "La obsesión poética", un recital para soprano y barítono, con una selección de 19 canciones de los Mörike-Lieder.
       La soprano catalana Marta Mathéu, ya conocida en estos ciclos por haber participado hace años, en una interesantísima versión de la Novena Sinfonía de Beethoven con reducción a piano de Richard Wagner, volvía para enfrentarse al repertorio liederístico, un terreno al que cada vez más cantantes españoles se están acercando con mucho acierto. De esta cantante, que incomprensiblemente no ha trascendido de la manera que debiera, cabe destacar sobre todas las cosas, su dulce y bello timbre, así como su desempeño en el canto spianato. Pródiga de filados, medias voces, smorzaturas, en todo momento sostenidas por la columna de aire. Si bien el alemán es un idioma dificil para cantar, Mathéu supo aproximarse lo máximo posible en su afán por arrastrar las consonantes y acentuar las "t" finales. Para destacar, sus preciosos trinos sobre la frase "Frühling, ja du bists", de la canción "Er ists" ("Es ella"). También ofrecería una matizadísima lectura de "Storchenbotschaft" ("Mensaje de cigüeñas"), haciendo  gala de un buen legato. El agudo, cuidado y al que en alguna ocasión llegó con un leve portamento, suena firme y timbrado, si bien la acústica de la sala en algún momento dejó alguno con un exceso de metal, aplicable igualmente al barítono. Quienes hemos tenido oportunidad de oir en diversos escenarios, podemos afirmar que no hay tal sonido en su voz.

      La actuación del joven barítono austriaco Günter Haumer resultó una sorpresa muy agradable. De enorme e imponente figura, ofreció un instrumento calidísimo, un timbre juvenil eminentemente baritonal y una perfecta simbiosis entre la acentuación del texto y la música, sucumbiendo al piano de un fantástico Roger Vignoles, sin ayudarse de la partitura. Además de lo antes citado, cabe destacar un buen desempeñó en la zona alta, perfectamente proyectada desde arriba, con una muy buena resolución de la zona del pasaje. Lo cual, si miramos barítonos de más "renombre" que participan asiduamente en el ciclo del Teatro de la Zarzuela, dice bastante del austriaco, que además aún tiene tiempo de madurar. Especialmente inspirado en "Der Feuerreiter" ("El Jinete de Fuego"), una veloz y vigorosa canción que hizo las delicias del público. Vignoles se mantuvo en todo momento atento a los requerimientos de ambos artistas y absolutamente coordinado al piano, destacando en los finales, sostenidos y envolventes.
Marta Mathéu
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