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CRÍTICA:  LAS HERMANAS LABÈQUE EN LAS JORNADAS DE PIANO "LUIS G. IBERNI"

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Autor: Aurelio M. Seco
30 de enero de 2012
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La Voz de Asturias (Domingo, 29/01/12)

¡EL SHOW DE LAS HERMANAS LABÈQUE!

Las hermanas Labèque ocupan un lugar especial en el mundo de las parejas de pianistas. En un contexto internacional en el que sobran pianistas de calidad, han conseguido labrarse una longeva e impresionante trayectoria, gracias a su talento, pero también a una inteligente imagen mediática que, todo hay que decirlo, les ha granjeado más popularidad que prestigio. Y con su popularidad a cuestas, la una de rojo y la otra de negro, se presentaron en el auditorio para interpretar una de las obras de moda este año: el Concierto para dos pianos y orquesta en ‘re' menor de Poulenc, preciosa partitura que el pasado mayo pudimos escuchar en la temporada de la OSPA, con una interpretación muy superior a ésta, de los magníficos pianistas españoles Víctor y Luis del Valle. Dirigía Guillermo García Calvo quien, por cierto, volverá a hacerla en mayo en el País Vasco con Alessio Bax y Lucille Chung al piano. La versión de Katia y Marielle Labèque fue discreta. Su interpretación resultó precipitada, de sonoridades bruscas y estilo insustancial, que optó por potenciar más el espectáculo de los gestos que la pulcritud de las ideas. A una de ellas sólo le faltó lanzar una bomba de palenque para reclamar la atención del público sobre una gestualidad excesiva, que parecía buscar más el show que la belleza de la partitura. Dirigió la velada Marzio Conti, quien siguió a las pianistas con más pasión y eficacia que profundidad de estilo. La naturaleza de las propinas y la peculiar manera de interpretarlas incidieron en el show. Quizás por ello, una de las hermanas optó por cruzar las piernas mientras tocaba, recurriendo al comodín cómico, recordando las maneras de los míticos Hermanos Marx. Hay quien puede haber visto en ello frescura. Nosotros creemos que las jornadas deberían aportar, sobre todo, la calidad que se echó en falta. Estamos convencidos de que "calidad" es la única palabra posible en estos tiempos de crisis. El resto del programa, poco atractivo, estuvo dedicado a la música sinfónica.

"Masques et Bergamasques" de Fauré se sirvió un tanto desaliñada, con una Oviedo Filarmonía acertada en la interpretación, pero necesitada de una mayor unidad de estilo y compenetración. Lo mejor de la noche fue la Petite Suite de Debussy, resuelta por Conti con notable musicalidad y un cierto grado de refinamiento, que supo extender a la obra Appalachian Spring de Copland. En cualquier caso, no parece aceptable que, dentro de unas jornadas de piano, este instrumento sólo aparezca durante una cuarta parte de la velada. Los aficionados acudimos para ver a pianistas, con y sin orquesta, y no para ver a una orquesta protagonizar la cita casi en su totalidad.

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