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CRÍTICA:'IMENEO' DE HAENDEL DIRIGIDO POR HOGWOOD CIERRA EL CICLO 'UNIVERSO BARROCO' DEL CNDM. Por Raúl Chamorro Mena

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Autor: Raúl Chamorro Mena
30 de mayo de 2013
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 SÓLO HOGWOOD

 

IMENEO (Händel) Renata Pokupic (Tirinto), Rebecca Bottone (Rosmene), Vittorio Prato (Imeneo), Lucy Crowe (Clomiri), Stephen Loges (Argenio). The Academy of Ancient Music Orchestra an Choir. Dirección musical: Christopher Hogwood. Versión concierto.

 

      El muy estimable ciclo Universo barroco organizado por el CNDM puso broche final a la temporada 2012-2013 con la infrecuentísima ópera de Händel Imeneo, estrenada en 1740, penúltima ópera del genial compositor. No se trata de una de sus obras más redondas, pero sí una muestra más de su inagotable inspiración y capacidad creativa.
      Broche de oro se puede considerar la intepretación del veterano Christopher Hogwood, un auténtico pionero de la interpretación barroca moderna y su magnífica The Academy of Ancient music por él fundada hace más de 40 años. Elegancia suprema, exquisitez musical, sonido bellísimo, luminoso y de una limpieza, agilidad y transparencia subyugantes. Además, colaboró magníficamente con los cantantes, que fueron de un nivel modestísimo. Impecables también las intervenciones del pequeño coro de ocho miembros.
      Efectivamente, el reparto vocal se caracterizó por la modestia tímbrica, la falta de fantasía y de técnica vocal. Una prestación plana y anodina que hubiera llevado al sopor, sino fuera por la soberbia actuación de Hogwood y sus huestes. La cantante Renata Pokupic que se anunció como mezzosoprano, sustituyó en el papel de Tirinto al inicialmente previsto el contratenor norteamericano David Daniels. El enamorado de Rosmene, que ve penalizada su inactividad con la aparición de Imeneo como gran rival, ya que ha tenido el valor de rescartar a su amada de los piratas. Curiosamente, esa pasividad del personaje pudo resultar perfectamente evocada por el paupérrimo material vocal de la intérprete croata, desguarnecido en toda la gama. Limitado en el agudo, pobre en el centro e inexistente en al grave y con un canto monótono, plano, aburridísimo, dada la pobreza de armónicos y la falta de paleta de colores ofrecida. En la magnífica aria del acto tercero "Pieno il core", perfecta muestra del genio Händeliano, imprimió cierta entrega a su interpretación, lo que arrancó algún sorprendente bravo!, que sin dura merecía Hogwood por el primoroso acompañamiento que realizó en dicha pieza.  
      Rebecca Bottone fue una pésima Rosmente, la joven que se debate entre su amor por Tirinto y el del valiente Imeneo que se la ha jugado por salvarla. Al final, se decide por éste ya que como resalta el coro final, en asuntos amorosos la razón debe primar sobre el deseo y, lógicamente, quien ha demostrado esa determinación resulta más conveniente como marido. Estamos ante un sopranino de voz minúscula, caída de posición, timbre blanquecino y aniñado. Además, de una proyección muy limitada, emisión calante, agilidad trabajosísima y el único ascenso al sobreagudo que intentó (en el aria "Io son quella navicella") resultó un hiriente alarido.
      Inexistente Vittorio Prato en el papel titular. Ni rastro de un bajo, más bien un barítono lírico con cuatro notas, emisión retrasada y presencia sonora a intuir más que escuchar, encuadrada, por méritos propios, en el apartado de la más genuina indigencia tímbrica. Algo más recio el material de Stephen Loges como Arginio, papel de una dificultad extrema con una tesitura tremenda, que fue resuelto con gran tosquedad por el cantante alemán que, además, emitió unas espantosas e ingratísimas notas graves que parecían los exabruptos de un atormentado espíritu de ultratumba. La mejor del reparto resultó ser la soprano inglesa Lucy Crowe como Clomiri, enamorada de Imeneo y que al igual que Tirinto, se queda al final compuesta y sin novio. La voz no es gran cosa, otro sopranino ligero, pero mucho mejor colocada y proyectada, al menos intentó acentuar y variar en su canto, como demostró en el da capo de su primer aria "V'e un infelice", que resultó su mejor interpretación, ya que en la última de las suyas, "Se ricordar ten vuoi" , quedaron sn evidencia sus limitaciones con unos ascensos al agudo abiertos y sin resolver técnicamente.
     A pesar del reparto de voces fantasma, se pudo disfrutar con esta rareza tan poco representada de Händel, gracias a la magistral labor de Hogwood, que recibió una especial muestra de los aplausos y vítores del público.
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