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Crítica: Huw Montague Rendall en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

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Autor: Óscar del Saz
28 de abril de 2026

Crítica de Óscar del Saz del recital ofrecido por el barítono Huw Montague Rendall en el Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] y Teatro de la Zarzuela, acompañado al piano por Hélio Vida 

Huw Montague Rendall en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

Miniatura poética y viaje interior: Lied europeo con éxito de público y reservas críticas


Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 27-IV-2026. Madrid. Teatro de la Zarzuela. XXXII Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Recital 7. Obras de Francis Poulenc (1899-1963), textos de Guillaume Apollinaire; Gabriel Fauré (1845-1924), textos de Paul Verlaine; Arnold Schoenberg (1874-1951), textos de Richard Dehmel y Johannes Schlaf; y Gustav Mahler (1860-1911), textos de Friedrich Rückert. Huw Montague Rendall (barítono), Hélio Vida (piano).

   El debutante en esta velada del Ciclo de Lied, el barítono británico Huw Montague Rendall (1993), es considerado como uno de los barítonos líricos más destacados de su generación, habiendo debutado en 2016 (Fiorello, «El barbero de Sevilla»), con especial afinidad por el repertorio mozartiano, el francés y el Lied británico-centroeuropeo. El cantante es poseedor de una valorable elegancia estilística y un refinado cuidado de los textos, pese a no poseer una voz esencialmente bella, con timbre un tanto empañado, con facilidad en el legato y el fraseo, las medias voces y las dinámicas. Adoleció, en nuestra opinión, debido quizá a su todavía juventud, de una cierta falta de transmisión en su canto y, por tanto, albergó algunas carencias relativas a la necesaria fantasía que impediría el aburrimiento del escuchante.

   Nuestro barítono se hizo acompañar por el valorable pianista, especializado en el repertorio vocal, y director de orquesta brasileño, Hélio Vida -también debutante en el Ciclo-, cuyo debut oficial se produjo en 2007, nada más obtener el primer premio del «Concurso Internacional de Piano Claudio Arrau» (Chile). Actualmente, forma parte del equipo artístico de la Ópera National de Paris. Si bien, demostró una gran compenetración con el cantante, respirando con él en todo momento, con una buena cohesión artística en general, quizá exageró en algunos momentos los volúmenes puestos en juego por su instrumento, debido a una ejecución de los ataques en exceso percutida.

   El programa de este concierto nos propuso un recorrido por la canción europea en un momento crucial de su historia, cuando la relación entre poesía y música alcanzó una extraordinaria sofisticación expresiva. Desde la ironía luminosa de la mélodie francesa hasta una introspección más metafísica del Lied alemán, las obras que se seleccionaron muestran cómo, en apenas quince años, el lenguaje musical -Poulenc, Fauré y, sobre todo, Schoenberg y Mahler- se transforma para expresar nuevas formas de sensibilidad, de subjetividad y de relación con la palabra. 

   El hilo conductor del concierto fue, por tanto, el paso de lo exterior a lo interior: de la observación del mundo -el animal, el amoroso, el natural- a la progresiva inmersión en la conciencia, el deseo y la soledad del individuo moderno, con una evolución pareja del instrumento pianístico, que transita de comentar irónicamente el texto a convertirse en un auténtico interlocutor psicológico del cantante.

Huw Montague Rendall en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

   «Le bestiaire», de Poulenc, obra compuesta sólo con veinte años, combina -en una estética de animalario medieval- humor, simbolismo y una ironía sutilmente melancólica que, en realidad, Montague no supo hacer ver al completo por cada uno de los seis animales (dromedario, cabra del Tibet, saltamontes, delfín, cangrejo de río, carpa). El color vocal estuvo un tanto emborronado debido a las características de su emisión y al ligero vibrato de la voz -pudieron ser los nervios al inicio del recital-, reinando en general la agilidad y el fraseo natural. Hélio Vida contribuyó con economía de medios y una eficacia teatral que no tuvo el cantante.

   En fuerte contraste expresivo, «La bonne chanson» pertenece al periodo de plena madurez de Fauré, con un contenido emocional profundamente humano. Ambos intérpretes sostuvieron una intensidad expresiva sin sobre dramatizar -como ejemplo, la intensa «Une sainte en son auréole [Una santa en su aureola]»- y sin solución de continuidad durante las seis piezas -cada una con sus matices-, siempre con el barítono cantando a voz plena. El piano creó una conveniente y acertada atmósfera envolvente. 

  Ya en la segunda parte, se retrata no tanto el Schoenberg que inicia la ruptura del lenguaje tonal sino la escritura cromática, con la figuración pianística y la vocal totalmente independientes. Sus «Vier Lieder» poseen una alta carga de erotismo, naturaleza y exaltación espiritual, y encuentran una traducción musical de gran densidad emocional. Destacamos por parte de Montague el denuedo en las dinámicas -como en «Schenk mir deinen goldenen Kamm [Regálame tu peine dorado]»- y su parte más declamatoria sin perder la calidad canora. Hélio Vida atendió, excedido en volumen, a la escritura orquestal. Lástima que el sentido dramático no se desplegara al completo.

   El concierto culminó con uno de los ciclos más introspectivos de todo el repertorio vocal: los «Rückert-Lieder» de Mahler, cuyo núcleo es el «YO interior», la renuncia, el apartamiento del mundo y un desafío psicológico distinto por cada poema. «Blicke mir nicht in die Lieder! [No escudriñes mis canciones]» fue interpretada con contundencia, demostrando potencia en el instrumento vocal. La siguiente, «Ich atmet’ einen linden Duft! [Respiré un aroma delicado]» fue interpretada a un tempo excesivamente lento, lo cual desdibujó la pieza. 

   Hubo problemas, por la misma razón en «Um Mitternacht [A medianoche]» -que no se hizo la última, como es usual- y el cantante hubo de partir una palabra larga para poder respirar, además de que los extremos de su volumen vocal estuvieron un tanto desgañitados. «Ich bin der Welt abhanden gekommen [Estoy perdido para el Mundo]» resultó falta de la fuerte carga metafísica que contiene. El piano debió crear espacios mentales autocontenidos a cada poema y una gran profundidad emocional. Todo ello se consiguió sólo a medias.

   Fueron varias veces las que el binomio Montague-Vida salió a saludar, satisfecho y sonriente, entre los aplausos y los vítores del respetable. Ambos concedieron, entre los correspondientes aplausos, tres propinas: «Montparnasse», de Poulenc, una canción inglesa de Vaughan Williams, y la celebérrima «Standchen», de Schubert, que acabaron por redondear el éxito que a ojos del público tuvo en Madrid esta pareja de liederistas, cuyo margen de mejora natural debido a su juventud -sobre todo en el aspecto de la transmisión psicológica, dramática y emocional de las obras- esperemos que se verifique con el paso del tiempo.

Fotos: Rafa Martín

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