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CRÍTICA: ESTIMABLE 'IL POSTINO' EN EL TEATRO REAL DE MADRID, BAJO LA DIRECCIÓN MUSICAL DE HERAS-CASADO. Por Raúl Chamorro Mena

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Autor: Raúl Chamorro Mena
20 de julio de 2013
Foto: Javier del Real

 FALTÓ DOMINGO

Il Postino (Daniel Catán), Madrid, Teatro Real, 17-7-2013. Leonardo Capalbo (Mario Ruoppolo), Vicente Ombuena (Pablo Neruda), Sylvia Schwartz (Beatrice), Cristina Gallardo-Domás (Matilde Neruda), Nancy Fabiola Herrera (Donna Rosa). Dirección musical: Pablo Heras Casado, Dirección de escena: Ron Daniels. Escenografía y figurines: Ricardo Hernández.

      Afirma el compositor mejicano Daniel Catán (1949-2011) en las notas que acompañan al prograrma de mano de esta ópera, que comparte con algunos músicos del pasado el sueño de crear una "Ópera en español" que represente la extraordinaria herencia de la cultura hispana. A estos propósitos tan encomiables pertenecen títulos suyos anteriores como Florencia en el Amazonas o Salsipuedes, estrenadas en Houston y esta Il Postino que vió la luz en Los Angeles en 2010 y que tiene como eje fundamental a Plácido Domingo en el papel del poeta Pablo Neruda, si bien la ópera se basa más en la película Il Postino dirigida por Michael Radford que en la novela Ardiente paciencia de Antonio Skármeta y su estructura cinematográfica resulta innegable. Se ha discutido el sentido de representar esta ópera sin Plácido Domingo, ausente por enfermedad, e incluso ha concurrido una pequeña polémica entre el director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier, que se ha desmarcado totalmente de la misma afirmando que se la había impuesto el mítico cantante madrileño, lo cual negó éste, al manifestar haber propuesto preferentemente algún titulo verdiano o Thaïs de Massenet.
      Polémicas aparte, en un primer acercamiento no se puede decir que estemos ante una obra especialmente inspirada, personal y que provoque entusiasmo. El genio de Puccini está in mente del autor, aunque el resultado recuerda más a alguno de sus epígonos como Alfano (como bien indica José Luis Téllez en el programa de sala), pero se trata de una ópera agradable, cantada en español lo cual siempre hemos de apreciar, que intenta hacer, en cierto modo, de puente América-España (Europa) y con algún momento teatralmente eficaz.
      El tratamiento vocal basado en un declamado o arioso continuo con algún puntual momento cantabile y de efusión lírica, se hace un tanto plúmbeo y repetitivo, al no aparecer en ningún momento una verdadera inspiración melódica, especialmente en los dos primeros actos que se ofrecen consecutivos. El último acto presenta una mejor factura músico-teatral empezando por su bello preludio. Ciertamente, se nota muchísimo la ausencia de Plácido Domingo, en primer lugar porque es fundamental para dotar de aura, empaque y carisma al personaje esencial del poeta Pablo Neruda, algo totalmente inalcanzable para su sustituto, Vicente Ombuena, como lo es la tesitura totalmente pensada para Domingo y que exige un centro denso y redondo, solidez en el grave y ese sonido envolvente tan característico. Ombuena, de emisión retrasada y sonoridad y proyección justitas, apenas puede ofrecer musicalidad y profesionalidad en su sustitución, resultando tapado por la orquesta en gran parte de representación.

      Algo más de presencia tuvo la voz de Leonardo Capalbo en el papel de Mario il Postino, pero el material tampoco va más allá del de un tenor comprimario y emitió algún falsete infame y fuera de lugar. Cristina Gallardo Domás aún se sostiene mientras la tesitura no se hace demasiado cuesta arriba, pero se acerca de manera inmisericorde al grito en cuando ha de emitir un agudo. Por su parte, Nancy Fabiola Herrera consigue poner de relieve su solvencia en un papel poco lucido tanto en lo vocal como lo escénico. La más aplaudida de la noche resultó ser la soprano española Sylvia Schwartz, que debutaba en el Teatro Real después de algunas actuaciones en centroeuropa, especialmente en la Staatsoper de Viena. Al igual que Ombuena, comenzó muy nerviosa, para ir asentándose poco a poco durante la función, pero apenas pudo apreciarse mucho más que una voz de sopranino desguarnecida en la primera octava, con algún nota alta audible y hasta apreciable, junto a algún que otro intento de filado no totalmente logrado.
       El joven y talentoso director español Pablo Heras-Casado cuajó una estimable labor, porque se entregó en sacar lo máximo a la música sin importarle su calidad intrínseca. Obtuvo un buen sonido de la orquesta y aunque tapó demasiado a los cantantes en algunos momentos, su labor fue elegante, detallista y refinada, destacando la bella y evocadora interpretación del aludido preludio del acto tercero. La producción sencilla con algún momento embarazoso, pero eficaz y coherente al servicio de la obra, como es lógico pensar en una creación reciente y que se estrenó con su autor en vida. En general, la obra gustó al público que reaccionó positivamente el día del estreno, aplaudió y tributó un éxito no entusiasta, pero éxito al fin y al cabo, que es fácil barruntar hubiera llegado a destacable con la presencia de Domingo en el escenario.
 
Fotografía: Javier del Real
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