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IÑAKI FRESÁN, barítono: 'EL LIED ES A LA MÚSICA LO QUE LA POESÍA A LA LITERATURA'

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Autor: Aurelio M. Seco
7 de agosto de 2013
foto: Mikel Saiz
Hace años que el barítono español Iñaki Fresán ha encontrado en el género del lied la mejor manera de expresarse como artista. Fresán habla para Codalario sobre su trayectoria, sus influencias, su actual estado lírico y su manera de entender la profesión.

¿Quiénes le han influido?
Aunque parezca mentira, llevo 30 años de carrera. Las personas que  me metieron el gusanillo del canto, aunque he cantado desde pequeño, han sido dos de los profesores que tuve en el Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona: Edurne Arregui, profesora de canto y Pascual Aldave, compositor y director del conservatorio recientemente fallecido. El fue quien, de alguna forma, me obligó a estudiar canto. Como muchos otros, empecé a cantar en la escolanía. Fundamos el grupo Aula de Música en la Universidad y años después la capilla Peñaflorida. Luego volví al conservatorio y después decidí dedicarme exclusivamente a  la música. En Barcelona, becado por el Gobierno de Navarra, fui discípulo de Victoria de los Ángeles durante 12 años, que fue, evidentemente, quien más influyó en mi manera de acercarme al universo musical. También trabajé con Gérard Souzay e Irmgard Seefried. No puedo olvidar al maestro Peter Maag que influyó de manera determinante en el acercamiento y estudio de la obra mozartiana.

¿Algún intérprete de su cuerda?
El primer disco que escuché de Schumann fue en la voz de Dietrich Fischer-Dieskau. "Yo quiero cantar esto", me dije a mí mismo. En el conservatorio se reían de mí. Aunque a lo largo de mi carrera he cantado unas cuantas óperas, gracias a él descubrí la interpretación del lied a mediados de los años setenta. Es evidente que en la historia de la interpretación ha marcado un hito.

¿Quiénes han sido los más grandes liederistas?
Es muy difícil responder a esa pregunta pero, desde luego, no podríamos olvidarnos de los grandes ciclos de Schubert ni de Schumann o Brahms. También está la música francesa de Fauré o  Henri Duparc, que con solo 16 canciones ya ha hecho historia. Por  Debussy,  Richard Strauss y tantos otros que llenan las páginas de la Historia de la Música.

¿Cree que en la actualidad se le da la importancia que tiene al género del lied?
Yo lo comparo con la música de cámara. No hace demasiado tiempo he tenido una gran experiencia artística en el Ayuntamiento de Pamplona, junto al pianista Juan Antonio Álvarez Parejo. He explicado la historia de la canción, de Mozart a Manuel de Falla, a través de cuatro conciertos y conferencias que han tenido llenos durante todos los días. Entre el público había gente que era la primera vez que escuchaba un lied o una canción. Es posible que el año que viene se repita dada la repercusión que ha tenido. En parte es porque el lied es en sí mismo un mundo diferente. También me resulta curioso el hecho de que, de todos los amigos que tengo, a los que les gusta tanto la ópera, casi ninguno de ellos aparece en un recital de lied. De manera parecida, cuando vivía en Barcelona, Las Ramblas marcaban la frontera entre el Liceo y el Palau de la Música. Un tanto por ciento de los espectadores que iban al Palau también veían ópera en el Liceo, pero a la inversa era más difícil. Tampoco me parece que haya que darle demasiadas vueltas. En mi opinión, el lied es a la música lo que la poesía a la literatura. ¿Cuántos libros de poesía lee la gente al año, incluso cuando hablamos de lectores realmente voraces?

¿Es obligatorio conocer bien el idioma en que se canta?
Hay muchas anécdotas que se podrían contar en este sentido. En mi opinión, es conveniente. Cuando empezamos a conocer la lengua hay muchas cosas que cambian. Yo paso casi todos los días un ratito con los idiomas: francés, italiano, alemán etc Conocer una lengua ayuda mucho, si bien es cierto que algunos de los más grandes artistas han cantado en distintos idiomas sin conocerlos. También es cierto que, de un tiempo a esta parte, el estudio de los idiomas ha cambiado mucho y los estudiantes se preparan desde el principio.

¿Cómo se definiría como cantante?
Yo soy un barítono-bajo o un bajo-barítono, según dicen ahora. Artísticamente me encuentro muy bien de voz. De hecho, creo que estoy pasando por mi mejor momento vocal y artístico. La voz no está cansada porque me he cuidado. Es algo que he querido cumplir a rajatabla. Siempre les digo a los  jóvenes que tengan paciencia. Soy un cantante al que le encanta estudiar; disfruto más que haciendo el concierto. A nivel interpretativo, de un tiempo a esta parte he ido abandonando la ópera, que hacía 4 o 5 veces al año, para dedicarme por entero al mundo del recital. Lo que no significa que renuncie a algún que otro espectáculo lírico.En el mundo del canto hay que saber esperar, cuidarse y aprender a situarse. Recuerdo cuando en el 92 me ofrecieron cantar "Rigoletto" de Verdi, un auténtico disparate, porque es un papel en el que no solo se trata únicamente de dar las notas. Hay tantas cosas que influyen. Ahora tengo una carrera tranquila en la que también he querido dedicar tiempo a la pedagogía. Disfruto mucho ayudando a un cantante joven a montar una obra. Creo además que es un campo en el que tengo cosas que aportar.

¿Qué le parece Internet para promocionarse?
No hace mucho, Zimerman dijo que no lo soportaba, porque alguien había subido a Youtube una grabación de uno de sus ensayos antes de que el concierto se estrenara. Yo no estoy en las redes sociales. No me gustan. Aunque soy bastante charlatán, también me gusta la intimidad y, en cualquier caso, nunca me han hecho falta para promocionar mi carrera. La gente que me conoce sabe lo que ofrezco. He trabajado en cuatro continentes y no me ha hecho falta página web. Cierto es que mis amigos periodistas me dicen que no puedo estar sin una. En fin, ya veré.

¿Qué piensa del repertorio español?

Estoy convencido de que tendríamos que haber trabajado el repertorio español de otra manera. Tenemos un público de 450 millones de hablantes. Teníamos que haber prestado más atención al público del otro lado del Atlántico. En otro orden de cosas, también creo que es importante apuntar que, cuando yo era un niño, en Pamplona se hacían unas ocho zarzuelas al año. Ahora casi no se hacen. Muchos de los cantantes que hacían la vida en Hispanoamérica, al visitar España en verano formaban compañía para hacer gira por provincias, con muchos menos medios de los que hay hoy en día. En el mundo del teatro sucedía lo mismo. Hoy día, ¿cuántos teatros funcionan de verdad en España?, ¿cuántos?

También está la crisis
Tal vez en otros tiempos se cometieron excesos. En España no hemos tenido la oportunidad de pasar 50 años programando música y teatro, algo que sí ha sucedido en países como  Italia, Alemania o incluso en un país tan pequeño como Suiza. Si en España los cantantes solo podemos depender de Bilbao, Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Jerez u Oviedo, no parece que sobren las oportunidades. Todavía no hemos creado ese círculo que propicie que las carreras se desarrollen de manera natural. Ahora, debido a la crisis, nos encontramos con una problemática mayor y más compleja. Tuvimos algo, pero ya nos falta incluso aquello. Tan solo nos queda la voluntad y unas ganas enormes de sacar esto adelante.

 

Foto: Mikel Saiz 

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