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CRÍTICA: JESÚS LÓPEZ COBOS DIRIGE A LA ORQUESTA DE RTVE, CON UN PROGRAMA CENTRADO EN BIZET Y GOUNOD. Por Germán García Tomás

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Autor: Germán García Tomás
27 de marzo de 2013
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 CONCIERTO SOLEMNE

Madrid. Teatro Monumental. 22/03/2013. Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, Jesús López Cobos, director. Solistas: Sabina Puértolas, soprano; José Ferrero, tenor; Roberto Scandiuzzi, bajo. G. Bizet: Sinfonía en do mayor; Ch. Gounod: Misa Solemne en honor de Santa Cecilia

 

       El maestro zamorano Jesús López Cobos se puso al frente de la Orquesta y el Coro de RTVE en el concierto B16 de la temporada de abono. En EL programa, dos obras contemporáneas de dos compositores franceses coetáneos: la Sinfonía en do mayor de Bizet y la Misa Solemne en honor de Santa Cecilia de Gounod, ambas de 1855.
      Antes de empuñar la batuta, López Cobos dirigió al público unas palabras relacionadas con la delicada situación de la orquesta, manifestando que ofreció su primer concierto al frente de Orquesta de RTVE  hacía casi cuarenta años, interpretando la Sinfonía de Bizet en el Palacio de Congresos de la capital española, habiendo tenido ocasión durante esas cuatro décadas de "seguir el devenir artístico" de la orquesta. Igualmente añadió que la de RTVE representaba un "papel fundamental en la vida musical española" desde su creación y que por ello ahora más que nunca la agrupación necesitaba "todo nuestro apoyo". La batuta de López Cobos resultó siempre atenta y comedida en la interpretación de la obra de Bizet, con un cuidado manejo de las dinámicas y las progresiones, llevando a término con fluidez esta pieza de inspiración schubertiana, que quizá encontró su mejor momento en el elegíaco Adagio, con su solo de oboe y la fuga central en la sección de cuerdas.
      En la segunda parte llegó sin duda lo mejor del concierto: la obra sacra de Gounod sirvió para que los conjuntos orquestal y coral de RTVE a las órdenes de López Cobos pudieran desplegar todo su magistral oficio rubricando una memorable velada. La Misa Solemne de Gounod, cuya obra no escénica no se encuentra habitualmente en los programas de las salas de concierto, posee un estricto protagonismo coral, que requiere la presencia de tres voces solistas limitadas a intervenciones puntuales, en su mayoría en diálogo con la masa coral. Combina secuencias de gran lirismo y espiritualidad con momentos de carácter más solemne y teatral. En la obra se perciben notables influencias de los oratorios de Haydn o las misas de Mozart y Schubert. La obra de Gounod dejaría huella en posteriores obras religiosas de autores como Dvorak o Bruckner.

 

      Los tres solistas del concierto consiguieron recrear notablemente la espiritualidad de la partitura, siempre dentro de los limitados pasajes que la obra les exige. La soprano navarra Sabina Puértolas, a la que estamos más acostumbrados a verla en los escenarios líricos, hizo gala de purísimos filados y medias voces en las íntimas y delicadas frases que le brindan el Gloria y el Benedictus. A su vez, el tenor manchego José Ferrero consiguió inflexiones de gran belleza junto a sus compañeros, y en su solo del Sanctus, uno de los momentos de máxima belleza y emotividad de la partitura, cuya parte solista también se ha destinado a la cuerda de soprano en otras interpretaciones en concierto y en disco (sirva como ejemplo la grabación discográfica par EMI Classics de Georges Prêtre con Barbara Hendricks).
      La parte solista de barítono, aquí interpretada por el bajo italiano de siempre impactante presencia vocal y escénica Roberto Scandiuzzi, no posee ningún solo destacable (el mayor protagonismo se encuentra en el inicio de la frase "Domine Deus" del Gloria -bellísimo pasaje dialogado con el oboe-) y las breves intervenciones que le destina Gounod son en su gran mayoría al unísono con las otras dos tesituras. Las experimentadas voces del coro de RTVE lucieron como nunca en una velada coral magnífica: regalando momentos emocionantes, instantes de máxima dulzura y profundo lirismo junto a otros de solemnidad, demostrando el profundo conocimiento de una partitura que, a pesar de ser escasamente conocida e interpretada, no deja indiferente por la honda emoción que transmite.
      El coro consumó su participación en la obra con la secuencia del Domine salvum, la única con presencia de un órgano preparado y una orquestación alla turca con percusión y flautín en su parte central que inevitablemente evoca partituras de Mozart y Beethoven que utilizan dicha instrumentación. Un coro conclusivo que, cual reducto del absolutismo monárquico, exalta la gloria de Napoleón III, el emperador que gobernaba los destinos de Francia en el momento en que el autor de la ópera Fausto componía esta magna obra en homenaje a la patrona de la música.
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