Artículo de opinión de Aurelio M. Seco sobre la version de la canción «El sueño imposible» del musical El hombre de la Mancha, cantada por José Sacristán
El sueño imposible
Un artículo de Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Es difícil pensar que, cuando el compositor Mitch Leigh realizó la música de El sueño imposible, se diese cuenta de la trascendencia que acabaría adquiriendo con el paso del tiempo, criterio éste, el del tiempo, que con frecuencia nos sirve para constatar la importancia de ciertas obras de arte. Al mérito especial de la partitura hay que añadir el de la preciosa letra de Joe Darion, que en pocos versos logra resumir parte esencial del Quijote, obra de arte literario cuya importancia se ha extendido a campos como el cine, la escultura o la pintura.
El sueño imposible de Leigh y Darion es tan relevante que se podría decir que, por sí mismo, podría llegar a sostener el interés de todo el musical El hombre de la Mancha (de forma análoga a lo que sucede con la canción Belle del musical Notre-Dame de París), título que el empresario Luis Ramírez nos mostró a los españoles en el Teatro Lope de Vega de Madrid protagonizado magistralmente desde 1997 por José Sacristán y Paloma San Basilio. Quién iba a decir por entonces que el gran actor español protagonizaría un musical.
Se puede decir que cuando José Sacristan canta el fragmento se alcanzan cotas alegóricas de la mayor potencia. Y no es que otros grandes intérpretes no lo hayan hecho bien. Peter O'Toole rozó la gloria sin llegar a alcanzar la de Sacristán, siendo la perspectiva interpretativa parecida, la de un Don Quijote más bien cuerdo y sabio que, conocedor de los errores y torcimientos del Mundo, nos regala en un momento de gran lucidez un discurso que nos parece tan ingenuo como demoledor. Es diferente Brian Stokes Mitchell, quien nos muestra al personaje a través de una voz magnifica de cantante, y a un Don Quijote titubeante en sus entendederas, a un Quijano anciano y tembloroso que ha leído demasiados libros de caballerías y que ya no está para realidades pero que canta ópera. Está un poco de vuelta la versión de Mitchell, que es vibrante, sugerente y lírica, pero que a nosotros nos interesa algo menos porque nos parece que despista en el camino de ciertas cualidades: las de la sabiduria ética precisa, clara y frágil, inocente y sin titubeos.
Y así llegamos a José Sacristán, actor y cantante genial que parece haber heredado la voz telúrica y perenne del gran Fernando Fernán Gómez. Son las voces de Francisco Rabal y la del propio Fernán Gómez las que nos hablan a través del enigma quijotesco de Sacristán, que canta como el más sofisticado de los hombres la canción que nos hubiera gustado poder componer. Sacristán nos muestra a Don Quijote como a un Sócrates español del presente, con su atractiva y retumbante voz y barba de antaño. Y cuando Sacristán dice «Amar con pureza y bondad» nos recuerda la voz del abuelo sereno y sabio que aún tiene la fuerza del Hércules Farnesio. Pero creemos que la versión de Sacristán se engrandece todavía más en un pasaje final, cuando el actor cantante nos sugiere con ardor que no importa el esfuerzo ni el lugar. «Saldré a combatir», nos canta un glorioso Alonso Quijano a traves de Sacristán, «Y mi lema será: ¡defender la virtud aunque deba el infierno pisar!; porque sé, que si logro ser fiel a tan noble ideal, dormirá mi alma en paz al llegar el instante final». Tanto vale el fragmento que creemos ser David frente a Goliat.
Hace años, probando los famosos huevos estrellados de Casa Lucio, nos encontramos, comiendo a nuestro lado al gran José Sacristan. Pasamos un buen rato pensando si levantarnos de la mesa y felicitarlo. «Señor Sacristán», habíamos pensado decir, «perdone usted la molestia: llevo años escuchando su versión de El sueño imposible y es la más emocionante y mejor que he oído nunca». Pero no quisimos molestar.
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