Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera La bohème de Ruggero Leoncavallo en el Teatro Regio de Turín
La otra Bohème
Por Raúl Chamorro Mena
Turín, 31-X-2026, Teatro Regio. La Bohème (Ruggero Leoncavallo). Sara Cortolezzis (Mimì), Lamia Beuque (Musetta), Matteo Lippi (Marcello), Alessandro Luongo (Rodolfo), Ramiro Maturana (Alessandro Schaunard), Francesco Salvadori (Gustavo Colline), Manuela Custer (Eufemia), Pablo Gálvez (Vizconde Paolo), Manuel Pierattelli (Gaudenzio), Matteo Peirone (Barbemuche). Orquesta y Coro del Teatro Regio. Director musical: Andrea Battistoni. Director de escena: Francesco Micheli
La creación de dos óperas de forma contemporánea sobre un mismo argumento basado en Scènes de la vie de bohème de Henry Murger, por parte de Giacomo Puccini y Ruggero Leoncavallo constituye un caso insólito de desafío en la historia del teatro lírico Mundial. Como todos sabemos, este enfrentamiento se ha saldado claramente a favor de la ópera de Puccini, estrenada en Turín en 1896, una obra maestra que ha cautivado a tantas generaciones, un emblema del repertorio que se representa una y otra vez en todos los teatros del orbe. Sin embargo, La Bohéme de Leoncavallo, que vio la luz un año después en Venecia, es una obra muy difícil de ver representada, por lo que vale su peso en oro esta oportunidad que brinda el Teatro Regio di Torino. Es indiscutible la superioridad tanto musical como dramático- teatral de la inmortal creación pucciniana, pero no debe impedir al amante del teatro lírico apreciar el interés que atesora la ópera de Leoncavallo.
Su Bohème, sobre libreto propio, pone el acento en el conjunto, en esa comunidad que forman los variopintos personajes de la vida bohemia. Esa juventud despreocupada y sin un céntimo que disfruta cada segundo sin pensar en nada más. Marcello es el tenor, Musetta una mezzosoprano y son la pareja amorosa principal. Rodolfo es el barítono y ya ha desposado a Mimì antes de comenzar la ópera. El público no empatiza con ella ni nos conmueve su muerte de la manera profunda que lo hace la de la criatura pucciniana, pues su historia de amor queda diluida ante el conjunto y el protagonismo de la de Marcello y Musetta. En definitiva, en la versión de Leoncavallo no fallece la protagonista de la historia de amor principal de la ópera.
La estructura de esta versión del creador de Pagliacci se articula en dos actos iniciales corales, de conjunto, con claro tono de comedia y aires alegres y festivos en los que se desarrolla con frenesí la diversión inconsciente y despreocupada de los jóvenes bohemios. La segunda parte, en la que aparece el crudo patetismo y la tragedia, atesora mayor concisión y cohesión teatral, en el terreno de la tradición del melodrama en su evolución al estilo verista-naturalista, ámbito genuino del lenguaje dramático y musical de Leoncavallo. La partitura desgrana una hábil manifestación del modo pastiche con elementos irónicos y de parodia, así como claras influencias del drama musical Wagneriano -incluida una cita literal del Tristán al comienzo del tercer acto- del Falstaff de Verdi, así como influjos y citas tan variadas, que van de Los Hugonotes de Meyerbeer, a Rossini y la chanson de café parisino.
Andrea Battistoni entusiasta, saltarín y de gesto ampuloso desde el podio planteó una dirección musical de trazo grueso, con un sonido orquestal un tanto agreste y en la que se impuso el efecto sobre la finura, la organización y la bien perfilada articulación. El Inno della Bohème del segundo acto con el coro en la sala entremezclado entre el público fue algo excesivo, aparatoso y grandilocuente, pero efectivo y obtuvo la mayor ovación del público. Sonido apabullante el del coro.
«La Bohéme de Leoncavallo es una obra muy difícil de ver representada, por lo que vale su peso en oro esta oportunidad que brinda el Teatro Regio di Torino»
Las dos protagonistas femeninas fueron defendidas por cantantes juveniles con voces frescas y lozanas. En la faceta interpretativa su prestación fue plenamente creíble. Sin embargo, en lo vocal, la mezzo Lamia Beuque mostró correcto canto, pero registro limitado y escasas presencia sonora y proyección. Por su parte, Sara Cortolezzis manejó su bonito timbre con canto de escuela y agudos luminosos, pero con margen de mejora en el fraseo. No se puede negar que el tenor Matteo Lippi canta bien con un color de cierto atractivo y así lo demostró en sus arias "Io non ho che una povera stanzetta" y "Testa adorata", las más celebres de la partitura junto a la canzone de Musetta "Mimì Pinson la biondinetta". No obstante, el fraseo de Lippi, avaro en matices, carece de fantasía y variedad. Muy discreto, con voz gris y sofocada, el Rodolfo de Alessandro Luongo. Algo más interesante el material de Ramiro Maturana, muy desenvuelto en escena como Alessandro Schaunard, personaje mucho más importante en la ópera de Leoncavallo, ya que en la de Puccini es poco más que un comprimario. Su novia, la petulante Eufemia fue encarnada por una desgastada Manuela Custer. Muy liviano y filiforme el tenor Manuel Pierattelli como Gaudenzio, propietario del Caffè Momus. Correctos y bien integrados en el montaje Matteo Peirone, Francesco Salvadori y el español Pablo Gálvez como el Visconte Paolo.
La puesta en escena de Francesco Micheli diferencia adecuadamente las dos partes de La Bohème de Leoncavallo. Los dos primeros actos dinámicos, de frenético desarrollo, presididos por la alegría y el disfrute despreocupado. Contribuye a ello tanto el colorista vestuario de Giada Masi como la escenografía de Davide Signorini que presenta en el primer acto los cuadros de Marcello con opulentas flores que evocan la primavera de la vida bohemia. En el segundo, la fiesta y el banquete se celebran en el patio del palacio del qué Musetta ha sido desalojada. El contraste llega con la tragedia en los actos tercero - los bohemios aparecen ya otoñales, maduros, parecen burgueses tristes y depresivos- y el cuarto, convertidos ya en ancianos. El dinamismo ha dejado paso al estatismo e inmovilidad, el vestuario colorista pasa a ser gris y pálido. La melancolía, el patetismo se instala entre quienes han visto derrumbarse sus ideales.
Fotos: Daniele Ratti
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