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CRÍTICA: 'LA BOHÈME' DE PUCCINI CIERRA EL FESTIVAL DE ÓPERA DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Por Andrea Merli

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Autor: Andrea Merli
23 de julio de 2013
Foto: Nacho González Oramas
  EMOTIVO CIERRE
 
Las Palmas de Gran Canaria. LA BOHÉME - Giacomo Puccini. Mimì: Fiorenza Cedolins, Rodolfo: Massimiliano Pisapia, Musetta: Beatriz Diaz, Marcello: Giorgio Caoduro, Colline: Felipe Bou, Schaunard: Simone Del Savio, Benoit/Alcindoro/Aduanero: Jeroboan Tejera, Parpignol/Vendedor: Rubén Pérez. Director musical: Stefano Ranzani. Direcciòn escénica: Mario Pontiggia. CoreografÍa y vestuario: Claudio Martin. Disegno escenografico y digital: Antonella Conte. Iluminaciòn: Alfonso Malanda. M.a del coro: Olga Santana. Teatro Pérez Galdos, 21 de junio 2013.

       El Festival de Opera "Alfredo Kraus", n° 46 de ACO, concluyó con una exitosa ediciòn de la siempre verde Bohème de Puccini. Por mucho que algunos "entendidos" tuerzan la nariz ante el repertorio mas abusado y sobre todo ante el sentimentalismo de Puccini, este músico ha sabido manejar de manera insuperable los sentimentos y la emotividad de todo ser humano. Como diría Tonio de Pagliacci, esta opera "commuove fino i sassi" los mas empedernidos corazones. Personalmente, el tercer acto es el que me fascina por la infalible dramaturgia. Los versos son sencillamente perfectos y, claro está, por la música arrebatadora. Hay una frase orquestal, que repite enfaticamente el motivo cantado por Rodolfo: "una terribil tosse l‘esil petto scuote" a la que, lo escribo sin avergonzarme, se me escapa sin remediarlo una furtiva lacrima.
      Si encima los interpretes resultan creíbles, musicalmente centrados y actuan ensimismándose en las relativas partes, esas lágrimas son lo más dulce que le puede pasar a cualquier melómano en teatro, en vivo y en directo. En el Pérez Galdos se dio una química perfecta. Ante todo, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria es un instrumento magnífico, de sonido amplio, pero de la que un buen director puede obtener también pianísimos impalpables. Mérito principal de Stefano Ranzani, que tantas veces ha dirigido esta misma partitura con la que ha sido una de las mas grandes Mimìs de todos los tiempos y, en su tiempo, su suegra: Mirella Freni.
      El dominio de la partitura, hasta en sus pliegues mas recónditos, quedó patente al dirigir la frase hablada: "Scusi, sa dirmi, ov‘è l‘osteria ove un pittor lavora?" recordándonos que en Puccini, verista hasta cierto punto, es todo música, hasta en las pausas y los silencios. Quizás aceleró demasiado en el segundo acto, pero el ritmo fue indivisible con una escena realmente muy dinámica. Excelente el coro, como siempre en manos de la impagable Olga Santana, cuya labor nunca se dejará de loar lo suficiente. Incluyendo las brillantes voces infantiles -el pequeño que cantó "Vo la tromba e il cavallin", con corona y legato, resulto todo un pequeno Alfredito Kraus en miniatura- muy bien entonadas y a las ordenes de Marcela Garrón Velarde.

      Una página a parte merece la puesta en escena, una vez mas "de la casa", de Mario Pontiggia y del entrenado equipo: Alfonso Malanda (luces perfectas) Antonella Conte (disegno escenografico y viedo proyecciones de grande efecto) y Claudio Martin, quien firmó la coreografía en el cabaret Momus del segundo acto y el precioso vestuario, anos sesenta del pasado siglo. No es una novedad trasladar la acción romántica de 1840 a la modernidad de nuestros tiempos, en este caso vintage, como hoy se estila. Ciertas incongruencias, inevitables con el texto, se superan ágilmente cuando la regia funciona: por ejemplo, un corte de luz en la buhardilla justifica las antorchas de pilas y el hecho de que los dos enamorados jueguen con malicia cuando no funcionan.
       El golpe de teatro tiene mayor efecto al regresar la luz e iluminarse la escena precisamente sobre la "Gelida manina". Verdad es que los niños en el cabaret quedan un poco forzados, pero la entrada de Musetta y toda la situación que la pizpireta grisette monta con Alcindoro y los bohemios, es muy eficaz. El tercer acto, con la proyección de un boulevard donde cae la nieve, es quizás el mas logrado, con una acción discreta de la figuración, que no molesta ni al drama ni a la música. Finalmente, al cuarto acto puede que le falta algo de esa profunda miseria que reina entre el desenfado de los bohemios. Sin embargo, el "adios a la juventud", el mensaje que conlleva la ópera, es trágicamente doloroso. Una producción que valdría la pena exportar fuera de la Isla.
       Con el mismo reparto, a ser posible. Massimiliano Pisapia, Rodolfo, posee una de las voces mas generosas entre los tenores de su generación y una facilidad pasmosa para el agudo. Su do, sobre "la speranza" en la romanza "Che gelida manina" fue casi insultante por armónicos y timbre. Canta mas bien "abierto", muy a la italiana y muy en máscara. De esa manera resalta la gallardía del poeta, finalmente joven, enamorado pasional y un pelín irresponsable. En el tercero y sobre todo cuarto acto alcanzó momentos de absoluta verdad musical y escénica. Lo mismo la deliciosa Mimì de Fiorenza Cedolins, fresca y juvenil, ataviada a lo Audrey Hepburn, elegante y esbelta. En el primer acto, pese a ser una actriz impresionante, resultó muy dramática, si bien el acento, los pianísimos y el legato son su firma interpretativa. A partir del tercero su actuación, tanto en lo vocal cuanto en lo escenico, no admite "peros", siendo su Mimì sencillamente estremecedora.
      Gustó mucho la Musetta de Beatriz Diaz. Diminuta pero llena de salero, un auténtico torbellino escénico. Muy bien en el canto, exhibido con desfachatez en las frases sueltas como la de "Questo piatto puzza di rifritto". Le resultó fácil apianar el complicado si de "Quando m‘en vo" y emitir un pianísimo en el tercer acto sobre las palabras "Io, Musetta". El terceto de los bohemios no podia tener mejor elecciòn: el bajo Felipe Bou, Colline, recibió un merecido aplauso tras su "Vecchia zimarra". Resultó un lujo asiatico el Schaunard del barítono Simone Del Savio, que debutaba en la Isla. Muy adecuado Giorgio Caoduro (Marcello), actor de buenas tablas y barítono de mucho valor. Con ejemplar economía las partes "di fianco" fueron interpretadas por dos excelentes comprimarios: Jeroboam Tejera, que carecterizó con maestría los distintos papeles de Benoit en el primer acto y de Alcindoro en el segundo, prestando voz al sergento de aduaneros en el tercero; el prometedor y joven tenor canario Rubén Pérez vendió "Prugne di Tours" y los juguetes de Parpignol en el segundo.
       El aforo se presentaba completo y el éxito fue rotundo: un broche de oro a una de las mas interesantes temporadas españolas. La próxima, de 2014, vuelve a mantener el interés: se presentaran La Traviata, Pagliacci con El segreto de Susanna de Wolf-Ferrari, I puritani (es de suponer con Celso Albelo) y otra obra maestra de Puccini: Tosca.
 
Foto: Nacho González Oramas 
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