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Crítica: 'La bohème' en el Metropolitan de Nueva York

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Autor: Raúl Chamorro Mena
25 de marzo de 2010
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 UNA JOYA DE PRODUCCIÓN

Nueva York, Metropolitan Opera. 13 de marzo de 2010. La Bohème (Puccini) Anna Netrebko, Piotr Beczala, Ruth Ann Swenson, Oren Gredus, George Petean, Paul Plishka. Dirección Musical: Marco Armiliato. Producción: Franco Zeffirelli

Un placer poder ver esta ya histórica producción de "La bohème", la única que permitía ver el telón de siempre del MET. Uno debe ir contra los tiempos, pero es un placer ver su buhardillita en los actos I y IV, el estupendo paisaje nevado del acto III y el fabuloso acto II de esta producción. Una auténtica joya. No sólo por el impacto estético del decorado sino por lo magistralmente que están manejadas las masas. Una de esas producciones que debería guardarse en algún museo operístico para que no se perdieran. Cada subida de telón fue recibida con ovaciones del público del MET, al que no es difícil encontrar un cierto tono reivindicativo ante las nuevas producciones que ya se están viendo en ese teatro como el "Attila" o el "Hamlet".  Me convenció Anna Netrebko como Mimi. Estos son los papeles en que debería centrarse y no la Lucia o Elvira de "Puritani" en los que naufraga de manera inmisericorde al no dominar la coloratura ni el registro sobreagudo. La voz corre, es bella y tiene singularidad y personalidad tímbrica. Respecto a la Natacha que le ví en el Real hace 9 años, se ha acentuado la originaria guturalidad en la emisión, propia de la fonación rusa, lo cual perjudica la nitidez en la articulación. Ha ganado cuerpo en el centro y los agudos que le entran, tienen mordiente y pegada. Canta bien y es capaz de realizar algún filado de buena factura. Además de su belleza y estupenda presencia escénica, hace personaje y compone una Mimí creíble, juvenil, desenvuelta y llena de vida en los dos primeros actos. Conmovedora en los dos últimos. No es Mirella Freni como Mimi, pero tampoco es un bluff, ni mucho menos. Una buena y disfrutable protagonista y lo mejor del elenco.  El instrumento vocal de Piotr Beczala se me antoja insuficiente para Rodolfo y para la orquestación Pucciniana. Su límite deberían ser los papeles más líricos de la ópera francesa y el Elvino o el Orombello.  Canta correctísimamente, la voz está colocada, pero el timbre es genérico e impersonal y el fraseo adolece de fantasía y variedad alguna. Ruth Ann Swenson, que ya mostró una alarmante decadencia en la Gilda que le escuché hace 6 años en este mismo teatro, ofreció una lamentable Musetta ajada, áspera, oscilante y con agudos hirientes encuadrados en el puro grito. Pésimo el Colline de Oren Gredus, que tuvimos el dudoso placer de escuchar en Bilbao como Ferrando. Incomprensible que cante en el MET aunque ya no sorprende nada. Sin especial relieve el Marcello de George Petean que debutaba en el teatro y que mostró un registro agudo imposible. Al veteranísimo Paul Plishka como Benoit y Alcindoro ya no le queda casi nada, más allá de sus tablas.  Dirección funcional, rutinaria y un tanto morosa y anodina, pero fiable y solvente de Marco Armiliato.
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