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CRÍTICA: GRAN DIRECCIÓN MUSICAL DE MICHELE MARIOTTI EN' LA DONNA DEL LAGO' DEL COVENT GARDEN DE LONDRES. Por Raúl Chamorro Mena

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Autor: Raúl Chamorro Mena
22 de mayo de 2013
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 PRIMÓ "LA DONNA" DE MARIOTTI
 
LA DONNA DEL LAGO (Gioacchino Rossini). Londres. Royal Opera House, Covent Garden. 17-5-2013. Joyce Di Donato (Elena), Daniella Barcellona (Malcolm Graeme), Juan Diego Flórez (Uberto di Snowdon en realidad, Giacomo V, Re di Scozia), Michael Spyres (Rodrigo di Dhu), Simón Orfila (Duglas d'Angus), Justina Gringyte (Albina), Robin Leggate (Serano) . Dirección Musical: Michele Mariotti. Dirección de escena: John Fulljames. Escenografía: Dick Bird.


       "La Donna del lago", estrenada en Napoles en 1819, ha sido considerada en algunas ocasiones como la primera ópera romántica italiana. No en vano el genio de Pesaro se valió de un libreto basado en un poema de Walter Scott  (por primera vez en el melodrama italiano y comenzando con ello una abundante e importantísima presencia del escritor inglés en el mismo) de un romanticismo en que la naturaleza y el elemento paisajíistico (los bosques, los lagos, las cascadas...) juegan un papel fundamental, ya que, además, están totalmente recogidos y expresados por la partitura Rossiniana.
      La dirección de la Royal Opera House desestimó el montaje de Lluis Pasqual coproducido con el Teatro alla Scala de Milán por considerarlo ridículo e inadmisible. El que firma estas líneas pudo presenciar esa puesta en escena en el gran coliseo milanés y, efectivamente, certifica su escaso interés. Sin embargo, vista la producción que la ha sustituido en Londres no puede decirse que se haya ganado mucho con el cambio. Al contrario y así lo expresó el público asistente con los sonoros abucheos a los responsables de la puesta en escena. El plantemiento de John Fulljames incide como el de Lluis Pasqual, en hurtar el elemento esencial de esta ópera, la naturaleza y con ello, toda la atmósfera y ambientación que define la estética romántica de Scott y consustancial al melodrama. Algo que estamos ya muy habituados a ver en las producciones actuales.
      La acción se sitúa en una especie de museo o bibioteca decimonónica en el que Elena (Joyce di Donato) se encuentra en una urna. En el fondo, la pintura de una montaña de los highland escocés (único vestigio del mundo de la naturaleza junto con unas ramas de árbol que aparecen al final en otra vitrina). El veteranísimo y destartalado Robin Leggate que interpreta el secundario Serano, en lo que quizás podría ser la encarnación del propio Walter Scott, la libera de la urna y desentraña la trama (como si necesitáramos que nos explicaran que "The Lady of the Lake" es un relato y no un suceso real). Luego aparece una especie de ¡¡¡escalera de Arabella!!! que preside ya todo el acto primero hasta su conclusión, En fin, la "dramaturgia" se desarrolla confusa, mal iluminada, con algún momento desagradable y que no aporta nada, como el carnero sacrificado en cuya sangre se bañan los rebeldes highlanders que acaudilla Rodrigo di Dhu o esos mismos rebeldes caracterizados como brutales violadores y que aparecen cruelmente colgados al final, dejando la figura del Rey virtuoso que perdona a Malcolm y Duglas, en un vengativo tirano y contamina il lieto fine, esa explosión de alegría que expresa la protagonista en su aria final. Una muestra ésta de la escasa y poco atinada caracterización de los personajes, que estuvieron totalmente desdibujados. Por destacar algo positivo, el vestuario, la agilidad de algunos movimientos escénicos y que todos cantaron en la parte delantera del escenario.

        La parte musical y canora lució a mucho mayor altura. Michele Mariotti volvió a demostrar su buen nivel como director de foso y conocedor del melodrama italiano. Detallista, diáfano y refinado en su labor, acompañó primorosamente a los cantantes, logrando con ellos una labor de un rigor y nivel musical indiscutibles. Un perfecto ejemplo de ello fue el dúo entre Uberto y Elena del acto primero, impecable ejemplo de empaste de las voces, fidelidad estilística y sostén desde el foso. Quizás faltó un punto de tensión teatral, control de la banda en escena que tuvo algún elemento estridente y magia en el magnífico preludio e introducción al aria de Uberto del acto segundo. Estupenda prestación del coro.
       Joyce di Donato como Elena, papel estrenado por la Colbran, lució sus habituales cualidades. A saber, musicalidad intachable, legato apreciable y buena factura en su coloratura rápida a pesar de la guturalidad de la emisión. En la parte negativa, monotonía, timbre anónimo y falto de plenitud y redondez, desguarnecido en el grave y con un agudo cada vez más fijo, laminado y ayuno de squillo y expansión, puesto que la cantante ya totalmente imbuida por las corrientes barrocas, no realiza de manera correcta el pasaje de registro. Su cavatina "Oh matuttini albori" fue trivial, pero puso buen broche a la noche con una ovacionadísima "Tanti afetti in tal momento" magníficamente acompañada por Mariotti.
        Después de su patinazo en el Teatro Real de Madrid con un papel inadecuado a su vocalidad, Juan Diego Flórez volvió por sus fueros encarnando al Rey de Escocia y ejerciendo como monarca en su feudo rossiniano del tenor contraltino o amoroso. Emisión liberada, limpia y de gran nitidez, articulación diáfana, dicción impoluta, fluidez, facilidad y brillantez en los ascensos al sobreagudo, legato de factura, dominio de la agilidad, La voz ha ganado un poco de cuerpo en el centro y el tenor mostró acentos algo más vehementes de lo habitual en el enfrentamiento con su rival Rodrigo di Dhu en el fabuloso terceto del acto segundo. Magnífico fragmento preverdiano que anticipa el final del acto primero de "Il Trovatore". Aunque se echaron de menos una mayor variedad e imaginación en el fraseo, abandono ensoñador y uso de la dinamica sfumata, resultó Irreprochable la interpretación del tenor peruano en la bellísima aria del acto segundo "Oh fiamma soave" en la que Rossini, ya en plena senda del romanticismo, realiza una de sus habituales vueltas a la tradición barroca: la estructura de aria con da capo y adornos en la repetición.
         Si el papel estrenado por David estuvo bien servido, mucho más difícil es encontrar quién se enfrente con garantías a los estrenados por Andrea Nozzari, como sucede con el caudillo de los rebeldes Highlanders, Rodrigo di Dhu, que requiere lo que se llama un baritenore. Un tenor capaz de emitir con cuerpo notas graves propias de un barítono y al mismo tiempo ascender al sobreagudo, además de dominar la agilidad, el canto di sbalzo (basado en saltos interválicos) y el estilo. Como consecuencia de la cancelación del anunciado Colin Lee, asumió el papel del caudillo que antepone el carácter guerrero ante cualquier expresión sentimental o amorosa, el tenor norteamericano Michael Spyres. Con su timbre ingrato y gutural, sacó adelante el temible papel y mostró un registro de pecho asombroso en un tenor, con graves anchos y timbrados. Conforme asciende en la tesitura, la pérdida de timbre y estrechamiento del sonido es palmaria y su entusiasmo y extroversión en escena, no pueden ocultar lo plebeyo de sus modos canoros. Los acentos aúlicos, así como el carisma, sentido del legato, italianità y el impacto de su presencia escénica siguen acompañando a Daniela Barcellona en otro de los grandes papeles de contralto in travesti del corpus Rossiniano, Malcolm Graeme, estrenado por la legendaria Rosmunda Pisaroni. A pesar de que sus excursiones en el repertorio verdiano (como su reciente e insatisfactoria Eboli en Turín) se van notando en la pesantez de la agilidad y que las limitaciones del registro agudo se han acrecentado, su debut en Londres se saldó con un gran éxito resultando ovacionadísima en sus dos grandes escenas, una en cada acto. Fuera de estilo, rudo y con sonidos bailones en la zona media-grave, el Duglas d'Angus de Simón Orfila.
       El estreno se saldó con un gran éxito del apartado musical con especiales vítores a los tres protagonistas, Di Donato, Barcellona, Flórez y sonoros abucheos a los responsables de la producción escénica.
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