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CRÍTICA: 'LA FAVORITE' DE DONIZETTI DECEPCIONA EN LOS CAMPOS ELISEOS DE PARÍS. Por Alejandro Martínez

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Autor: Alejandro Martínez
14 de enero de 2013
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Paolo Arrivabeni
DECEPCIONANTE FAVORITE

La Favorite, Donizetti. 07/02/12, Theatre Champs Elysees

      Las presentes funciones de La Favorite de Donizetti, en el Teatro Campos Elíseos de París, venían presididas por el gran atractivo de contar con Celso Albelo como Fernando. Sin embargo, algunas semanas antes de comenzar los ensayos de esta producción, Albelo tuvo que cancelar por prescripción médica, siendo sustituido por el tenor belga Marc Laho. Eso mermaba de antemano el interés de una producción, que sin embargo seguía contando con alicientes importantes, como las voces de Coote, Tézier o Colombara y el mero hecho de interpretarse la versión original en francés, de 1840, de una obra a menudo escenificada en italiano. Pero lo cierto es que el estreno nos dejó una sensación general un tanto decepcionante.
      Se anunció que Alice Coote cantaría con una leve indisposición y en efecto su voz se antojó por momentos algo destemplada, aunque dio no obstante muchas muestras de poseer un instrumento de calidad e interés, sostenido por una técnica solvente y no pocas dosis de imaginación e implicación como intérprete, a pesar de algún exceso histriónico en su gran página, "Oh, mon Fernand". Así las cosas, Coote fue sin duda, con Tézier, lo más interesante de la noche. Por el contrario, en el caso del belga Marc Laho no cabe sino señalar la sensación frustrante de estar ante un instrumento de interés sostenido por una técnica mediocre. Y es que posee, sin duda, un bonito timbre de tenor lírico francés, en la tradición de un Simoneau o un Vanzo, un poco a medio camino entre ambos, pero con una constante limitación en el agudo, al que llegaba, sí, pero apretando, sin desahogo, o bien falseteando. Sonó melódico, fraseó con gusto y la voz corre lo suficiente para un teatro pequeño como el Campos Elíseos, pero esa constante tensión y limitación en el agudo no le hace el candidato ideal para páginas de neto belcantismo como las de esta ópera.
      Ludovic Tézier, en el que creemos que era su debut con el rol de Alphonse XI, fue sin duda el triunfador de la noche, ofreciendo una lección de canto y recordándonos con su interpretación que hay un íntimo contacto entre la tradición baritonal francesa y el belcanto de piezas como esta Favorite. Tézier hizo así justicia a un rol muy pocas veces bien cantado. Echando la mirada atrás, tan sólo Bruson y Bruscantini sobresalen destacando la veta belcantista del rol, frente a una tendencia demasiado verista en los casos de Bastinini o Cappuccilli. Por no hablar de completos errores de cast, en grabaciones importantes, como serían los casos de Bacquier (para DECCA, con Pavarotti y Cossotto) o Michaels-Moore (para RCA, con Vargas y Kasarova). Tézier sonó sutil y teatral, cómodo en las agilidades, hábil con la media voz y domeñando el fraseo con seguridad y poesía. Impecable su "Léonor, viens..." y sobresaliente su dúo con Coote en el segundo acto, "Ainsi donc on raconte... Dans ce palais". Carlo Colombara, como Balthazar, sonó con la habitual autoridad, con una indudable presencia vocal, aunque con un timbre que suena cada vez más mate, con menos punta.

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      Paolo Arrivabeni estuvo al cargo de la batuta, al frente de la Orquesta Nacional de Francia, y convenció sobre todo por su acompañamiento a los cantantes, aunque no siempre coordinó con solvencia los concertantes. En términos generales, no sacó gran partido a una partitura que no sólo posee un claro atractivo melódico sino que preludia, por su orquestación, los desarrollos ulteriores de un Massenet, por ejemplo, si atendemos a la inspiradísima música del cuarto acto. Así las cosas, fue curiosamente este acto, el último, en el que no aparece el barítono, el más redondo de la noche. Y eso a pesar de los timoratos agudos de Laho, que pasó sin pena ni gloria por una página tan sobresaliente como "Ange si pur". Seguramente esa sensación de redondez se deba, como decíamos, a que ese acto contiene la música más depurada e inspirada de Donizetti en esta partitura.
      La mayor decepción de la noche, en todo caso, vino de la mano de una producción insostenible, de un minimalismo que no delata austeridad sino vacuidad, ausencia de ideas, una total falta de intenciones dramáticas y una mediocre dirección de actores. A cargo de Valérie Nègre, con escenografía de Andrea Blum y dramaturgia de Guillaume Poix, el equipo escénico fue abucheado al salir a saludar. Y no por casualidad, puesto que la producción dejaba mucho que desear, hasta el punto de haber hecho preferible una versión en concierto.
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