Aurelio M. Seco escribe sobre el libro La música despierta el tiempo de Daniel Barenboim [Editorial Acantilado]
Barenboim, la música y el tiempo
Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
La música despierta el tiempo. Daniel Barenboim. Editorial Acantilado. Barcelona, 2023. 217 páginas. Traducción de Francisco López Martín y Vicent Minguet.
¿Qué es la música? ¿Y el tiempo? ¿Qué entendemos por esencia? ¿Y sustancia? Cuando nos hacemos estas preguntas estamos hablando de Filosofía, un campo propio e inmanente que, desde la Grecia clásica y hasta el presente, ha ido desarrollándose a través de dichas Ideas, determinadas por filósofos como Platón, Aristótéles, Santo Tomás, Descartes... Los músicos no han sido ni son ajenos a este campo. Todo músico, en realidad todo hombre, filosofa sin saberlo. Todos somos filósofos de alguna forma, igual que todos somos músicos. Pero hay filósofos cuyas Ideas están engranadas dentro de un Sistema y filósofos que van filosofeando de aquí y allá tomando lo que más interesa de cada sito para explicarse las cosas y encontrar algún sentido al misterioso Mundo. También se puede ser músico y filósofo en sentido estricto, aunque es difícil que ambas naturalezas no entren de alguna forma en conflicto, hasta el punto de darse el fenómeno de que hay músicos que cuando tocan hacen filosofía y filósofos que cuando se explican parecen estar haciendo música.
En La música despierta el tiempo, libro escrito por Daniel Barenboim para la editorial Acantilado, nos encontramos de lleno la dialéctica mencionada, la de un genio de la música hablando de filosofía y también de poética artística. Un genio de la música y, a nuestro juicio, el más importante del presente por la potencia de su mensaje. En la publicación, Barenboim nos sorprende con sus conocimientos filosóficos, citando ideas de Shopenhauer, Aristótéles y Platón, que engarza en un discurso fundamental, dando respuesta a preguntas trascendentales del hacer musical de siempre y regalándonos algunos de sus secretos creativos.
En línea con Sergiu Celibidache, maestro que sin duda le influyó, Barenboim reconoce no encontrar definición para «la música». Es imposible hablar de música, nos dice a través del genio rumano, citando de paso la generalísima y oscura definicion de Busoni: la música es «aire sonoro». Qué simpleza la de Busoni.
¿Cuál es el contenido de la música? Se nos habla sabiamente del melos citado por Wagner, del concepto de tempo musical y de las ideas que de él tenía el gran Wilhelm Furtwängler, el maestro que sirve a Daniel Barenboim como referencia. «Furtwängler está por encima de todos los demás», nos dice Barenboim. «es un modelo para todo», concluye.
Todas las páginas, sin excepción, resultan de alguna forma reveladoras, al mostrarnos cómo oye y escucha el más destacado músico del presente. Así, Barenboim nos habla del silencio, de multitud de partituras y de las ideas que transmiten. Destacamos este aspecto, que Barenboim explica magistralmente ejercitando una especie de catarsis musical, mostrándonos cómo se puede hablar de música. Hay partituras, nos dice, que comienzan dando la sensación de nacer comenzadas y otras cuyos sonidos proceden del silencio previo. También nos habla de la importancia de la concentración y la necesidad de saber escuchar, de la «crisis de la música clásica» (Barenboim está inmerso en la dicotomia «música clásica/música popular») y, cómo no, del conflicto entre Palestina e Israel, que tanto le ocupa y preocupa. Critica a «los puristas» que consideran que, por ejemplo, la música de Bach o Mozart sólo tiene sentido cuando se hace con el número de músicos de su época. Él nos dice que no, que el propio Mozart se sorprendió gratamente cuando vio interpretada sus partituras por más músicos de los habituales.
«Páginas esenciales que se leen en un suspiro infinito, porque hablamos de un legado de consulta trascendental»
Es fascinante la publicación, que a nuestro juicio quedará como un libro de referencia y consulta para las generaciones venideras. Estamos también ante una revelación poética, fruto de reflexiones realizadas durante toda una vida, unas páginas en las que Barenboim nos desvela el trasfondo de su manera de hacer música, secreto en el que encontramos un conocimiento profundo de la materia propiamente musical, de las estructuras, de la armonía y el contrapunto. Pierre Boulez, Edward Said, la West-Eastern Divan Orchestra..., motivos recurrentes de su vida, van apareciendo como jalones en el libro, lo mismo que Bach, Mozart, su Don Giovanni y Schumann, compositor magnífico que siempre parece estar en el fondo de las cosas.
El libro está escrito con la sencillez de las más grandes confesiones espirituales. Apenas 200 páginas esenciales que se leen en un suspiro infinito, porque hablamos de un legado de consulta trascendental. Pero ¿qué es la música? Hace años preguntaron a Simon Rattle por otros grandes directores. Cuando le llego el turno a Daniel Barenboim, Rattle contestó: «Barenboim es la música». Y creemos que, en cierto modo, acertó.
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