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Crítica: «La traviata» en la Ópera de Bilbao

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Autor: Jon González Villanueva
26 de octubre de 2026

Crítica de Jon González de la ópera La traviata de Verdi en la Ópera de Bilbao

«La traviata» en la Ópera de Bilbao

Mourir sur scène

Por Jon González
Bilbao, 23-X-2026. La traviata, Verdi. Palacio Euskalduna. Jessica Pratt (Violetta Valéry), Javier Camarena (Alfredo Germont), Gabriele Viviani (Giorgio Germont), Marifé Nogales (Flora Bervoix), Josu Cabrero (Gastone), Olga Revuelta (Annina), José Manuel Díaz (Barone Douphol), Fernando Latorre (Marchese D’Obigny), Gexan Etxabe (Dottore Grenvil), Iñigo Fernández (Giuseppe), Santos Balanzategui (Un domestico/Un commissionario), Euskadiko Orkestra y Coro de Ópera de Bilbao. Dirección de escena: Mario Pontiggia. Dirección Musical: Franceso Ivan Ciampa. 

   Si uno pone los pies en el cementerio de Montmartre, lugar de reposo de iconos de la música francesa como Jacques Offenbach, Leo Delibes o Dalida, toma la calle de la izquierda, sube una rampa y avanza entre tumbas viejas y maleza, encontrará un promontorio rectangular lleno de marcas de pintalabios trazados torpemente. En el frente del ataúd de piedra, el retrato de la joven Marie Duplessis, nacida en 1824 en la provincia francesa como Rose-Alphonsine Plessis y muerta en París en el año 1843 a los 23 años, víctima de la tuberculosis. En su corta de vida, a Duplessis le dio tiempo a codearse con lo más granado de su época, desde Dickens a Scribe, pasando por Franz Liszt y los Dumas, padre e hijo. Precisamente fue Dumas hijo, con quien vivió una tormentosa relación amorosa, quien inmortalizó su figura en La dama de las camelias, la novela que se inspiró a Giuseppe Verdi para escribir La Traviata, ópera con la que la ABAO ha abierto su LXXV temporada.

   La Traviata llevaba ausente del coso bilbaíno desde hace 14 años. La última que se oyó tuvo como trío protagonista a Ermonela Jaho, José Bros y un entonces emergente Artur Rucinski. Es indudable que programar La Traviata tiene un efecto balsámico para cualquier casa de ópera, tal como demostró el alto nivel de ocupación del teatro en todas las funciones de esta presentación bilbaína.

«A la cabeza de todo en lo musical se encontró un estupendo Francesco Ivan Ciampa»

«La traviata» en la Ópera de Bilbao

   La protagonista total de la velada fue Jessica Pratt, que cosechó un gran y merecido triunfo. La Pratt es una soprano de vasto repertorio curtida en mil batallas: así a bote pronto, ya solo en Bilbao se ha presentado con la Amina de La Sonnambula, el titular de Lucia di Lammermoor, las cuatro sopranos de Les Contes d’Hoffmann, Elvira de I puritani o la Konstanze de El rapto en el serrallo, un repertorio que haría apanicar a cualquier soprano.

   Una carrera así solo se construye sobre la inteligencia y el conocimiento de sus propios medios. Desde sus inicios como soprano lírico-ligera, la voz ha ido madurando, con un registro central que ha ido ganando peso y cuerpo y se ha ido redondeando a la vez que mantiene el dominio de toda la zona aguda. 

   Consumada belcantista, la Pratt domina los resortes del estilo con un sentido del canto ligado de alta escuela y gran dominio de la coloratura. Menos actriz que músico, la soprano presenta una Violetta instrumental y fía su interpretación al canto. Recreando el típico tópico de las tres sopranos necesarias para dar vida a Violetta, Pratt consigue dar con la tecla para mostrarnos tanto la liviana cortesana del primer acto como la mujer herida en su orgullo del segundo y la desahuciada moribunda del tercero. En el primer acto duetó bien compenetrada con Camarena en “Un di felice” y en su escena “Ah fors'è lui", primer gran momento solista, mostró una voz amplia y resonante y buen dominio de la coloratura en la cabaletta, coronada a placer por el agudo oppure tradicional. Estuvo muy bien en el segundo acto, emotiva en el dúo con Germont padre sin renunciar al canto, y con un legato fino y cuidado en “Dite alla giovine”, así como en el concertante que cierra el acto.

«La protagonista total de la velada fue Jessica Pratt, que cosechó un gran y merecido triunfo»

«La traviata» en la Ópera de Bilbao

   Todo en La Traviata va encaminado hacia la muerte. Llegado el tercer acto, la soledad y la pobreza que la rodean nos enseña que Violetta ha muerto socialmente. Tras la humillación pública a la que la somete Alfredo, ya ha muerto también espiritualmente. Únicamente falta la despedida del cuerpo físico, traducida en el aria de doble vuelta “Addio del passato”, donde la Pratt decidió ir con todo y abrir el tarro de las esencias.  Vaya si es complicado morirse en escena y vaya si es difícil mostrar la desesperación primero y la aceptación después ante la muerte. Cuántas Violettas o se pasan o no llegan. Fue en este momento cuando que la soprano australiana, primorosamente sostenida por la orquesta y la mano de Ciampa, paladeó un “Addio del passato” de manual, sin estridencias y delicado, cerrando la escena con un inacabable la natural en pianissimo de muy bello efecto. Conmovedora en el dúo final con Alfredo y epidérmica en su escena de cierre. Una gran Violetta, en suma.

   Javier Camarena volvía a Bilbao tras el exitoso Roméo et Juliette de hace tres años. En paralelo y en oposición a lo antes dicho de Jessica Pratt, Camarena ha ido incorporando papeles cada vez más pesados a su repertorio sin haber variado, realmente, su condición de tenor lírico ligero con agudo desahogado. Camarena es un artista fino y variado, que trabaja mucho el fraseo y que, gracias a su juego de dinámicas, consigue darle relevancia a la palabra y al texto, en fin, teatro lírico.

   Sobre estas bases, Camarena sostiene un Alfredo que vocalmente le resulta alterno. Así, tras entrar frío en el brindis del primer acto, estuvo bien en el primer dúo con Violetta y se paseó con soltura en las breves pero complicadas frases del tenor durante el “Sempre libera”, que machacan la zona medio aguda. Estuvo bien igualmente en su escena solista del segundo acto, bien delineada y cantada con gusto el aria, arrojado y valiente en la cabaletta. No obstante, la escena de la fiesta del segundo acto puso al límite su organización vocal, pues la escena requiere una voz de mayor peso y anchura que la de Camarena. En el tercer acto, se repuso en el celebérrimo Parigi o cara con unas medias voces muy conseguidas.

   La verdad es que faltó variedad en la prestación del barítono Gabriele Viviani como Papa Germont. Presentó una voz sonora, sí, pero roma en los extremos y un punto mate y descolorida. En su capital segundo acto, no consiguió dar relevancia al dúo con Violetta, despachó sin grandes alardes su aria y pasó de puntillas por su aparición pantocrática de la fiesta.

«La traviata» en la Ópera de Bilbao

   El resto del elenco, formado por sólidos habituales de la casa como Marifé Nogales, Olga Revuelta, José Manuel Díaz, Fernando Latorre, Gexan Etxabe o Josu Cabrero, entre otros, dio la justa réplica en sus breves cometidos.

   A la cabeza de todo en lo musical se encontró un estupendo Francesco Ivan Ciampa quien, incardinado en la más pura tradición de los maestros italianos de foso, dirigió a la Euskadiko Orkestra sacándole un sonido denso y compacto. Supo hacerla lucir en sus dos grandes momentos solistas, los preludios del primer y del tercer acto, aprovechando una sección de cuerda tupidísima y de muy bello sonido ligado. Ciampa es, por encima de todo, un gran contador de historias, y tuvo el acierto de dar gran relevancia dramática a la narración sin dejar a los solistas por su lado. No obstante, pudimos apreciar una mayor sintonía con Pratt respecto del resto elenco. El Coro de Ópera de Bilbao sonó empastado y recio.

   El regista Mario Pontiggia encuadra su visión de la obra en la Bélle Époque. Destacan los vistosos escenarios, en tonos caoba y estética salottiera en el primer acto y en el primer cuadro del segundo, los intensos tonos rojos de la escena de la fiesta del segundo cuadro, y un crudo gris con la escena desnuda, salvo por una cama al centro y unos cortinones, en el tercer acto. El vestuario es rico y vistoso. Ambos elementos dan relevancia a una dirección de escena avara de matices y movimientos. 

Fotos: E. Moreno Esquibel

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