Crítica de Magda Ruggeri Marchetti de la ópera La traviata en Bolonia
Una música emblemática de su género
Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia, 21-II-2026. Teatro Comunale Nouveau. La traviata [Giuseppe Verdi / Francesco Maria Piave]. Maria Mudryak [Violetta Valéry], Benedetta Mazzetto [Flora Bervoix], Silvia Spessot [Annina], Matteo Desole [Alfredo Germont], Claudio Sgura [Giorgio Germont], Oronzo D’Urso [Gastone], Giulio Iermini [Barone Douphol], Yuri Guerra [Marchese d’Obigny], Luca Park [Dottor Grenvil], Enrico Picinni Leopardi [Giuseppe], Sandro Pucci [Criado de Flora], Tommaso Norelli [Un comisionado]. Orquesta y Coro del Teatro Comunale. Director de escena: Alessandro Talevi. Director musical: Leonardo Sini.
La traviata se estrenó el 6 de marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia y fue un fracaso: La obra cuenta la historia real de una cortesana, Alphonsine Duplessis, la Marguerite Gautier de la novela, de la que verdaderamente Dumas se enamoró y con la cual tuvo una relación, joven venida del campo y realmente muerta de tuberculosis a los 23 años. Verdi en la ópera la llama Violetta Valéry, que se enamora sinceramente del joven de buena familia Alfredo Germont. El padre del joven la presionará para que rompa el idilio y ella, convencida de proteger la felicidad del joven y de su familia, le abandona. Alfredo la someterá a una humillación para vengarse de lo que cree ser una traición. Se nos induce a pensar que ella es una cualquiera por poner precio a su amor, pero siguiendo la ópera vemos que es la única persona que ama desinteresadamente. Es evidente la generosidad, la nobleza y el coraje de Violetta. Verdi compuso la ópera en un periodo en que convivía con la soprano Giuseppina Strepponi a pesar de los malignos cotilleos en Busseto, y sin duda su situación influyó en la elección del argumento.
El director de escena Alessandro Talevi, ganador en 2007 del European Opera-Directing Prize por su concepto de Rusalka, tuvo que cambiar los escenarios originales concibiendo una Traviata que recoge todas las ideas exploradas por él en las precedentes interpretaciones de esta ópera, ya dirigida tres veces en tres continentes distintos. Con una ambientación moderna, evidente en el acertado vestuario de Stefania Scaraggi, ha concebido una Violetta que tiene la valentía de desafiar las convenciones sociales burguesas.
Su escenografía es sobria. El centro está ocupado por una tarima redonda -escenario, mesa de juego y arena taurina- con sillas a los lados y una gran pantalla al fondo para los vídeos de Marco Grassivaro. Las proyecciones muestran al comienzo un ojo viñeteado en un pequeño círculo que juzga a Violetta desde el moralismo de la sociedad burguesa mientras en la última escena muestra el campo de un microscopio pululante de los bacilos que están terminando con su vida. En el segundo acto el vídeo muestra el bosque que rodea la casa donde viven Alfredo y Violetta. Completan la notable producción las luces de Daniele Naldi y los movimientos coreográficos naturales de Anna Maria Bruzzese.
En el podio Leonardo Sini, con una formación de perfil europeo adquirida entre la Royal Academy of Music de Londres y Holanda, donde se ha perfeccionado en dirección de orquesta bajo la guía de Jac van Steen, Ed Spanjaard y Kenneth Montgomery en el National Master of Orchestral Conducting. La victoria del primer premio en el concurso “Maestro Solti” de Budapest en 2017 lo ha impuesto a la atención internacional, lanzándolo así a importantes debuts con orquestas y teatros líricos en Italia, Europa y Asia.
Desde el inicio del preludio del primer acto los violines nos ofrecen la imagen de una persona consciente de tener los días contados. Violetta, de una descarriada según la moral burguesa se transforma en el único personaje ético del drama. La música subraya la crueldad de un ruego que destruye una vida en nombre del decoro. La música de Verdi es el espejo implacable de nuestra misma humanidad. El director ofreció una lectura coherente y refinada, sabiendo encontrar un camino expresivo propio con gran atención a las voces. Su aproximación acomodó el coro y los cantantes a sus grandes exigencias, poniéndose sin embargo al servicio del reparto con generosidad. La orquesta del Teatro Comunale mostró su excelencia durante toda la velada, adaptándose al fuerte nivel de exigencia rítmica y sonora impuesto por el director. El coro preparado por Gea Garatti Ansini hizo también un magnífico trabajo desde todo punto de vista.
De óptimo nivel los cantantes. La soprano Maria Mudryak es poseedora de una brillante técnica natural con una voz dotada de extraordinaria proyección. El timbre es muy atractivo, con una coloración muy personal que la cantante emplea con un innato sentido dramático. Todo ello, unido a su magnetismo escénico, redondeó una caracterización memorable de la antiheroína verdiana. El tenor Matteo Desole con agradable timbre, un fraseo natural y fluido, formidables agudos y seguridad de recursos técnicos, compuso un óptimo Alfredo. El barítono Claudio Sgura, huésped de los teatros más importantes, con su elegante fraseo, su timbre claro y su importante volumen, convenció al público. Benedetta Mazzetto encarnó a una Flora de gran carisma escénico y lírico y Silvia Spessot con su timbre oscuro y gran presencia escénica dibujó una Annina afectuosa: Los demás comprimarios brillaron también en las apariciones más breves. Numerosos aplausos y ovaciones, también al final de algunas arias y fragmentos musicales, premiaron en especial a Violetta, Alfredo y Giorgio Germont.
Fotos: Andrea Ranzi
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