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Crítica: Les Dissonances y David Grimal en Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
1 de febrero de 2023

Crítica de José Antonio Cantón del concierto de Les Dissonances y David Grimal en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia

Les Dissonances y David Grimal en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia

«Summa Excellentia»

Por José Antonio Cantón
Murcia, 27-I-2023. Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’. Les Dissonances. Solista y director artístico: David Grimal. Obras de Felix Mendelssohn.

   Se puede afirmar con rotundidad que la orquesta Les Dissonances ha alcanzado una dimensión artística y musical de portentosa magnitud en sus dieciocho años de existencia desde que la fundara el violinista francés David Grimal el año 2004. Su esperada presentación en Murcia ha superado todas las expectativas imaginables con un escogido programa monográfico dedicado a Mendelssohn que permitió al público disfrutar de la perfección técnica de esta formación que, por su elevada proyección estética y diversificada capacidad expositiva, rompe con todas las experiencias de escucha que se puedan tener de este esencial compositor romántico.

   Sin la presencia de su fundador y titular, la orquesta inició su actuación interpretando la obertura Las Hébridas, op.26 con un grado de transparencia verdaderamente impactante, que potenciaba ese carácter descriptivo que encierra esta obra en un doble sentido; desde el punto meramente plástico o formal reflejando el paisaje marino y desde el punto de vista de la rica emocionalidad del autor, una de las más personales y distinguibles de su época como preclaro continuador y transformador del espíritu mozartiano, traduciendo tales esencias con enorme luminosidad. Ese fue el atributo principal a resaltar en su exposición, reafirmándose en plenitud esa afinidad y empatía que siempre mantuvo el músico hanseático con el genio de Salzburgo. La belleza musical, en un grado de difícil superación, se materializó en el recinto de la sala sinfónica Narciso Yepes del auditorio murciano con una inefable elocuencia como la mostrada en la coda a través de su tempestuoso carácter de tormenta y oposición de su posterior calma, que justificaron el poder descriptivo de Mendelssohn como antecesor de lo que sería décadas después formalmente el poema sinfónico, sin dejar de estar conectado al impacto que significó el cuarto movimiento de la Sinfonía pastoral para el sinfonismo y la música orquestal de la época. Les Dissonances sustentaron la interpretación de esta obertura en dichas fuentes, por un lado Mozart y por otro Beethoven, descubriendo así los secretos de la mejor autenticidad mendelssohniana.

Les Dissonances en Muria

   Con del Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64 se incorporó el maestro Grimal en calidad de solista y director, doble función perfectamente definida en su ejercicio interpretativo. Pertrechado con su habitual «ex Roederer», denominación por la que es conocido un violín construido por Antonio Stradivari el año 1710, y un arco a modo de batiente batuta perteneciente al taller del prestigioso arquetero francés del siglo XIX, Dominique Peccatte, ofreció todo su poderío canoro con el estilo liederístico que imprimió al primer movimiento, especialmente en su cadenza, destacando en todo momento su vibrato que adquiría mayor entidad en el Andante central, generándose un efecto de ensoñación sonora que se remarcaba con contrastantes pizzicati. Desarrolló un alto nivel de fantasía en el Allegro molto vivace final mostrando su enorme capacidad técnica como recurso parejo y necesario a su ser y sentir virtuosos. Ambas cualidades quedaron rubricadas con una  excelsa versión del Grave que abre la Segunda sonata para violín en la menor, BWV 1003 de Juan Sebastián Bach. Un muy bien seleccionado bis en el que demostró un sorprendente inmaterial sonido que producía una sugestiva sensación en el espectador.

   El concierto adquiría la dimensión de singular experiencia para el oyente con la Sinfonía italiana en la, op.90. Particularmente he de decir que, hasta esta ocasión, nunca había disfrutado tanto de la genial música que contiene esta preciosa creación sinfónica. Con ella tanto director como orquesta dieron razón de ser a los extraordinarios valores que animan y desprenden sus actuaciones como son la cohesión y equilibrio como ensemble instrumental de primerísimo nivel integrado por miembros de distintas nacionalidades y grados de formación (desde instrumentistas de grandes orquestas, destacados músicos de cámara hasta incipientes jóvenes talentos todavía, en algunos casos, alumnos de conservatorio), que alcanzan un punto de inteligencia colectiva realmente sobresaliente, acompañado por un enorme compromiso con la música, el autor, su director y con ellos mismos compartiendo una muy elevada experiencia entre ellos desde un entendimiento instalado en una dimensión de sublime musicalidad. Todo ello redundaba en un cuido de matices que sólo puede entenderse desde tales motivaciones acompañadas de extraordinarias capacidades técnicas, que llevan a esta orquesta a estar al servicio del arte como fundamental valor y motivo prevalente a desarrollar.

   Así las cosas, entrar a valorar aspectos de su interpretación sería vano por la suma excelencia de su resultado global, que pudo corroborarse con la impresionante interpretación del famoso Saltarello que cierra la sinfonía, todo un ejemplo de desenfrenada pulsión colectiva de imponente verdad y subyugante belleza. Se puede entender que sólo fuera superado por su repetición como bis. Concluía así uno de los conciertos de summa excellentia habidos en el auditorio de Murcia a lo largo de sus más de cinco lustros de historia.

Fotos: Marcial Guillém

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