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Crítica: 'Los sobrinos del capitán Grant' de Manuel Fernández Caballero en el Teatro Campoamor de Oviedo

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Autor: Aurelio M. Seco
18 de febrero de 2010
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 La Voz de Asturias (18/02/10)

Lugar: Teatro Campoamor. Fecha: 16 de febrero de 2010. Ciclo: Festival de Zarzuela de Oviedo

LOS SOBRINOS DEL "GRANT" CAPITÁN MIR

Al igual que resulta difícil encontrar artistas que hagan de un concierto algo especial, las funciones líricas realmente emotivas e inteligentes también son escasas. Es por ello que la producción de "Los sobrinos del capitán Grant" que el martes se estrenó en el Campoamor dentro del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo adquiere un valor enorme y de gran trascendencia. El montaje es antiguo, del 2001, producido por el Teatro de la Zarzuela, con la dirección escénica Paco Mir, conocido componente de Tricicle que realiza una versión realmente inteligente de la obra, una verdadera obra maestra que hace que el público se divierta como pocas veces hemos visto en un teatro. Mir convierte el popular  género lírico en un extraordinario aluvión de color, fantasía y, sobre todo, humor, del bueno e inteligente, que tan poco abunda. Hay que decir que desde su estreno la producción ha evolucionado mucho, independientemente de lo cambiada que ya estaba respecto al original. Fue una pena que el escenario del Campoamor no diera para mostrar en su plenitud toda la producción, lo que obligó al director a eliminar la escenografía de una preciosa corrala que daba inicio al espectáculo. Como también da pena que una producción tan bella se haya representado sólo en tres teatros de España: el de la Zarzuela, el Maestranza y el Campoamor. De cualquier forma y desde cualquier punto de vista, el resultado no puede ser más rotundo. La versión se ha convertido, a nueve años de su creación, en un auténtico clásico del género lírico teatral más genuinamente español, una soberbia interpretación escénica que nadie en su sano juicio se debería perder. Son tantos los detalles de buen gusto y acusada comicidad a lo largo de toda la obra que daría para un libro comentarlos. Valga la recomendación más encarecida de que nadie que tenga la oportunidad deje de verla. Son dos tres horas de risas y sonrisas continuas, de lo bien que se lo pasa uno, sin exagerar. Es sabido que, aunque Caballero es el compositor más prolífico del género (compuso más de doscientas zarzuelas, a juzgar por el catálogo elaborado por Nuria Blanco Álvarez, investigadora de referencia en lo que se refiere al compositor murciano), "Los sobrinos del capitán Grant" no es una obra en la que la música, aunque de gran calidad, se convierta en la única y mayor protagonista. Lo es junto al apartado teatral, que es más extenso y, por descontado, tan divertido, que no se puede más que adorar el trabajo de Miguel Ramos Carrión, al que en esta ocasión es obligado sumar el de Paco Mir, dada la cantidad de cambios y añadidos realizados. Visualmente, la producción resultó muy atractiva, gracias a la escenografía diseñada por Jon Berrondo. El momento más bello de la noche llegó con una preciosa recreación del fondo marino. Del reparto sobresalen varios artistas, entre ellos el maravilloso Millán Salcedo. Tan acostumbrados estamos a que sea tan buen cómico que casi nos hemos olvidado de que es un actor realmente genial, capaz de hacer graciosa de no sé cuántas maneras diferentes una frase cualquiera. Su participación en la obra fue monumental, más si cabe, sabiendo la terrible lumbalgia que lleva padeciendo varios días. Salcedo fue un Mochila antológico, a la altura del Cherubini de Luis Álvarez o del Espasa de Luis Varela, por poner otros ejemplos de feliz coincidencia entre artista y personaje. Aurora Frías dibujó una delicada y elegante Miss Ketty que quizás podría haber aprovechado algo más sus recursos dramáticos. Richard Collins-Moore resultó un Sir Clyron casi ideal, y Fernando Conde, un doctor Mirabel espléndido. Mar Abascal interpretó a Soledad con notable gusto escénico. Inma Ochoa fue una Señora Trinidad  convincente, y Xavi Mira un Escolástico que no sólo no desentonó, sino que acompañó con auténtica personalidad al resto del reparto. Como toda gran producción que se precie, los secundarios respondieron a un gran nivel, dotando a la versión de un soporte interpretativo extraordinario. Pepín Tre estuvo simplemente magnífico, al igual que Xavier Rivera-Vall, con un gran carisma escénico. No se quedó atrás el polifacético y divertido Carlos Heredia, ni Abel García, que dibujó un espléndido y divertidísimo general argentino. Antonio Torres llenó el escenario con su presencia y, Damaris Martínez, con su voz. Musicalmente dirigió la velada Luis Remartínez, que dio la impresión de ponerse al frente de la Oviedo Filarmonía más para pasar un trámite que para dotar a la versión de la calidad requerida. El Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo estuvo graciosísimo en escena, donde también podría haberse desenvuelto con algo más de desparpajo. Cantando no llegó a conquistar, aun con los refuerzos, pero tampoco desentonó respecto a la calidad musical general.

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