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Crítica: Lucas Macías y Chen Reiss con la Sinfónica de Sevilla

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Autor: Álvaro Cabezas
6 de enero de 2026

Crítica de Álvaro Cabezas del concierto protagonizado por Chen Reiss y Lucas Macías, con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

Lucas Macías y Chen Reiss con la Sinfónica de Sevilla

Viena como espejo: la madurez del concierto de año nuevo en Sevilla

Por Álvaro Cabezas
Sevilla, 3-I-2026. Teatro de la Maestranza. Chen Reiss, soprano; Lucas Macías, dirección; Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Programa: Obertura de La gazza ladra de Gioachino Rossini; Exsultate, jubilate, K. 165 de Wolfgang Amadeus Mozart; El vals de las flores de El cascanueces de Piotr Ilich Tchaikovsky; Danza húngara nº 5 de Johannes Brahms; "Meine lippen, sie küssen so heiss" de Giuditta de Franz Lehár; y Eljen a Magyar!, op. 332, Czardas de El murciélago, Vals Vida de artista, op. 316 y vals El bello Danubio azul, op. 314 de Johann Strauss El Joven.

  Decía hace unos meses Andrés Amorós que Madrid estaba enamorada de Sevilla. También puede afirmarse que Sevilla lo está de Viena. Entre los muchos indicios que abonan esta creencia se encuentra el que, año tras año y sin ningún complejo, se quiera recrear en el Teatro de la Maestranza parte de la elegancia, el refinamiento y la decadencia fin de siècle propios de la ciudad del Danubio en la del Guadalquivir. Al fin y al cabo, la Sinfónica de Sevilla es hoy una formación solvente y de nivel para acometer con sobresalientes resultados este repertorio y su flamante director titular Lucas Macías lo hacía ahora tras la edición de hace dos años, habiendo memorizado todas las piezas del programa y dirigiendo con bastante naturalidad, pero, quizá, con poca maduración del estilo vienés. El frente del escenario estaba adornado con un frondoso friso de flores claras y el espacio de la orquesta flanqueado por pedestales con centros a juego. Los músicos y el director iban vestidos con frac, algo que no hacen ni los propios Wiener Philharmoniker en sus citas del 1 de enero cuando optan por el diurno Stresemann. Algo a lo que, curiosamente, tampoco recurrió Lucas Macías en su comparecencia de hace dos años, cuando vistió una chaqueta de terciopelo oscuro que dotaba de cierto glamour al evento. Quizá todo se había vuelto más rutinario tras la asunción de la gestión directa sobre la formación musical, quizá le quería dar un aire de seriedad a una ocasión que no debe serlo.

   En un entrañable guiño de homenaje a su mentor Claudio Abbado en el concierto de Año Nuevo de Viena de 1991, Lucas Macías comenzó el de Sevilla de 2026 con una obertura de La gazza ladra que no acabó de remontar el vuelo ni de brillar con la chispa y la ligereza propias de Rossini. Celibidache dio la clave hace muchos años en una charla madrileña: sólo un trombón era necesario para esta obra y no los tres habituales que lastran, en parte, el revoloteo de la partitura. Mucho más interesante fue ver sobre el escenario a Chen Reiss cantando íntegramente el Exsultate, jubilate de Mozart. Para entonces la orquesta se había aligerado de músicos y había aparecido Tatiana Postnikova para acompañar el recitativo y el canto de la soprano en una obra que sonó con cierta unción sagrada, gracias a la bella, aunque no muy potente, voz de Reiss y a las buenas maneras interpretativas de Macías que, ojalá, acometa este repertorio con la orquesta con mayor profusión más adelante. Un ampuloso Vals de las flores de Tchaikovsky cerró esta primera parte del concierto.

   La segunda se abrió con una Danza húngara nº 5 de Brahms tocada airosamente, sin aquellas pesadas densidades que la han hecho tan célebre. Macías tendía a los tempi rápidos y la música sonó como una exhalación, como una flecha que da en el blanco tras recorrer una gran distancia. Yo creo que los puntos a pulir vinieron después, en las piezas ligeras de Lehár y Strauss. Quizá le falte a este director realizar, siquiera de vez en cuando, determinadas pausas retóricas, cuyos microsilencios sirven muy bien para degustar esta música que, como el champagne debe ser ingerido en pequeñas dosis. También, si fuera posible, sería muy bello, incluso escalofriante, recrearse más en los rubatti, escasísimos en este concierto y, por último, ahondar en la base de melancolía y profundidad que también tienen estas piezas en el interior y que no se percibe siempre a través de su enmascarado y un tanto frívolo envoltorio. En el caso de los valses los inicios y las partes centrales son especialmente hermosos y profundos como estanques de agua clara. En estos casos no debe haber prisa para la contemplación de la belleza. Aún así, la orquesta deslumbró con su virtuosismo sonoro (esas cuerdas afiladas) en Eljen a Magyar!, pero en la sección final de las czardas de El murciélago tapó un tanto la voz de Reiss que, con perfecta dicción, estaba intentando crear una gran página. Más memorable resultó el aria de Giuditta de Lehár, llena de gracia y sabor andaluz con las aportaciones de la percusión de la orquesta. Sin duda fue uno de los mejores momentos de la noche. Los valses –Vida de artista y El bello Danubio azul–, fueron dichos con demasiada prisa y contención, sin extraer por completo las icónicas ideas musicales que hacen de estas obras piezas reconocibles y asociadas con determinadas formas de vida: la bohemia decimonónica, con la contemplación del paisaje urbano o, como pensó el visionario Stanley Kubrick como la auténtica música de las esferas. 

   En el concierto de año nuevo de Viena se dan tres propinas y aquí, incluyéndose el Danubio azul como cierre del programa, sólo se dio una: la archiconocida Marcha Radetzky, a pesar de que el público que llenaba el teatro celebró mucho las intervenciones de Chen Reiss, la artista residente de la ROSS durante la presente temporada que, quizá por todo ello, podría haber ofrecido algún bis cuando tuvo dos llamadas a escena una vez finalizado el concierto. En cuanto a la única obra que se interpretó de las compuestas por Johann Strauss El Viejo, la citada  Marcha Radetzky, fue dirigida al público con el habitual juego de palmas forte y piano que tantas veces hemos visto por televisión y que, en ocasiones como esta, volvemos a hacer sonar en celebración de la vida en un nuevo año que deseamos repleto de buena música en Sevilla.

Foto: Marina Casanova

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