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Crítica:  Manuel Hernández-Silva y Johannes Moser con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
1 de octubre de 2026

Crítica de José Antonio Cantón del concierto de Manuel Hernández-Silva y Johannes Moser con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia

Manuel Hernández-Silva y Johannes Moser con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia

Interpretaciones de gran calado

Por José Antonio Cantón
Murcia, 25-IX-2026. Auditorio Regional ‘Víctor Villegas’. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Solista: Johannes Moser (violonchelo). Director: Manuel Hernández-Silva. Obras de Antonín Dvořák y Jean Sibelius.

   Con dos obras estilísticamente referenciales de los repertorios concertante y orquestal, respectivamente, como son el Concierto para violonchelo y orquesta en si menor, op. 104 de Antonín Dvořák y la Primera sinfonía en mi menor, op. 39 de Jean Sibelius, el maestro Manuel Hernández-Silva, director titular de la ÖSRM, ha querido abrir la presente temporada contando con la participación de uno de los más destacados violonchelistas de su generación, el bávaro Johannes Moser, cualidad que quedó refrendada hace más de dos décadas al conseguir ser el primer clasificado del Concurso Tchaikovsky del año 2002, certamen de máxima referencia entre los de mayor prestigio en el mundo.

   Utilizando un muy curioso violonchelo, el otro gran protagonista sonante de la velada, construido en 1694 por el lutier cremonés Adrea Guarnieri, iniciador y primero de la famosa saga de constructores de instrumentos de cuerda que lleva su nombre, y discípulo preferente de Nicolò Amati, el solista dejó todo un ejemplo del arte de la concertación entendiéndose con máximo detalle con el director que, una vez más demostraba conocer con gran eficacia expresiva y seguridad profesional los secretos musicales de la obras que propone y ofrece en sus actuaciones.

   Haciendo gala de la mejor técnica, Moser, gran representante de una familia dedicada a la música desde generaciones, puso ésta al servicio del discurso musical con un perfecto equilibrio de ambos factores, que redundaron en un sonido esplendoroso tanto en proyección como en afinación, destacando un vibrato que estimulaba tensiones en el desarrollo de la obra, generándose esa deseable ponderación expresiva entre los dos elementos concertantes con alto grado de musicalidad. Matices heroicos de gran apasionamiento así como momentos de manifiesta intimidad de corte melancólico, se alternaron en el primer movimiento, para adquirir su recreación un auténtico sentido nuclear en el movimiento central, Adagio ma non troppo, donde el solista proyectó todo su saber y sensibilidad de carácter contemplativo generando un destacado diálogo con la orquesta, que dejaba de manifiesto las mejores esencias de inspiración del compositor, haciendo que el violonchelo adquiriera una especial manifestación vocal en su canto en los momentos de añoranza. Pensemos que esta composición fue escrita durante la estancia del autor en Nueva York desempeñando el cargo de director de su conservatorio, época de su vida en la que tenía constantemente presente su Bohemia natal. 

   Moser alcanzó su momento culminante en el Allegro moderato final al que dio un particular carácter contemplativo poniendo en acción todas las voces que hacen tan humano el sonido del violonchelo, al conseguir que la orquesta se plegara a su línea de canto que con tanto acierto desarrollaba el director desde el pódium exponiendo un gradual sentido nostálgico, sólida emoción sólo sorprendida por el intenso aplauso del público entregado antes las bondades de esta recreación conjunta de gran calado. Como respuesta y a modo de bis, el solista hizo una sustancial exposición de la zarabanda que ocupa el cuarto tiempo de la Primera Suite en Sol, BWV 1007 de Juan Sebastián Bach, destacando la sobria elegancia que caracteriza esta pieza, poniendo así colofón a un despliegue técnico en el que quedaba patente su dominio del arco, predominando su staccato; la precisión de afinación desde la independencia de dedos en el mástil, y la diversidad de acentuación resultante aún en los rápidos desplazamientos y fluidos portamenti, todo ello dentro de una entonación siempre eminentemente creativa. Culminaba así una gran actuación.

   Este primer concierto de temporada de la ÖSRM entró en su momento más elocuente con la interpretación de la obra que abrió uno de los corpus sinfónicos más relevantes de la historia como resultó ser el que compuso Jean Sibelius, gran referente universal del arte musical en la órbita de los países escandinavos. Desde el andante inicial, se pudo apreciar el grado de concentración con el que había preparado Hernández-Silva la dirección de esta obra, dejando una sensación de verdadera inmersión entre los retos estéticos que presenta esta sinfonía, sustancial y ejemplar presentación de la gran personalidad artística de Sibelius. Con un acertado toque de distinción, el director discriminó las interacciones de voces e identidades musicales que propone el autor en el primer movimiento integrado por un andante y un allegro enérgico, en el que reafirmó el encuentro con tonalidad en el pizzicato con el que concluye. Trató el Andante, ordenado en segundo lugar, como una contrastante y a la vez ensoñadora fantasía en contraposición a las tensiones del primer tiempo. En el Scherzo hizo que la orquesta resolviera su contenido cromático con excelente efectismo rítmico en el que tuvo mucho que ver Miguel Ángel Alemán, timbalero titular de la orquesta, realmente excelente en sus destacadas intervenciones durante toda la velada. La lectura de la sinfonía llegó a su punto más relevante en la fantasía que sustancia el último movimiento llevado a una perfecta exposición de la luminosidad armónica de su discurso, que el director supo conducir hacia su determinante tonalidad menor de Mi con un particular sentido conclusivo resaltando un claro cambio de color y carácter. El director terminaba así una magnífica lectura analítica materializada en música desde ese particular apasionamiento convincente que requieren los compases de esta emocionante sinfonía.

   La gran ovación final del público vino a confirmar cómo la ÖSRM está iniciando con el maestro Hernández-Silva una etapa de crecimiento artístico que genera grandes expectativas entre los buenos aficionados, que han venido a incrementar el número de sus abonados para la presente temporada.

Foto: OSRM

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