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CRÍTICA: RECITAL DE MARÍA BAYO EN EL TEATRO DE LA MAESTRANZA DE SEVILLA. Por J. J. Ponce

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Autor: J. J. Ponce
27 de enero de 2013
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 SENSUALIDAD Y VIGOR

Teatro Maestranza - Sevilla. Ciclo "Recitales líricos".  María Bayo - Soprano. Rubén Fernández Aguirre - Piano. 26 Enero 2013

 
      Con una sala prácticamente llena y una expectación que se palpaba en el ambiente, María Bayo pisó de nuevo el escenario maestrante, cuando todavía el público sevillano mantenía en el recuerdo los mágicos momentos que la soprano había dejado años atrás (Cuentos de Hoffmann o Fausto) Sin embargo, el contenido canoro en esta ocasión distó del nivel que recordábamos podía ofrecer la artista.     
      María Bayo presentó un programa variado que dejó momentos para todo. Bizet, Guastavino y Lecuona conformaron la terna inicial, un repertorio poco familiar para el público, al que añadió de regalo una pieza de Falla -"Los ojillos negros"-, otra de Jiménez -"La tarántula"-, la conocida ‘Yo soy Cecilia Valdés"  de Roig y la ‘Nana para dormir a un negrito' de Ballagas. Esta última forma parte de un trabajo que se publicará próximamente y que estará dedicado exclusivamente a nanas.
      La cantante abordó el inicio del recital con cierto brío, interpretando "Ouvre ton coeur", de Bizet, dejando mecer la voz sobre los pasajes lentos y esforzándola en un agudo final que pareció diseñado para calentar la voz. Poco a poco, se fue combinando vocalidad, técnica y control de pasajes. Durante toda la noche, el público parecía responder más al nombre de la cantante que al canto ofrecido. Quizás por eso, le costó entregarse a la artista. Otra cosa fue cuando la soprano terminó con las habituales palmas por bulerías, que le obligaron a regalar cuatro bises que, junto con la parte dedicada a Bizet, fue lo más interesante de la noche.
      Bayo posee una elegancia en el canto y control técnico que se plasma en la limpieza a la hora de emitir agudos, en su control del fiato -"La coccinelle" de Bizet - y en su manifiesta sensualidad canora. Su interpretación llegó a un intimismo emocionado con la pieza "Ma vie a son secret" de  Bizet, obra que llegó a tocar de verdad la fibra sensible de los espectadores, que también recompensaron con numerosos aplausos su interpretación de "Se equivocó la paloma" (Guastavino). A partir de aquí, la entrega de la cantante fue incondicional, en obras como "Yo soy Cecilia Valdés", plena de una densidad lírica que muchos esperaban haber oído desde el inicio del recital.
      Si la primera parte estuvo dedicada a la música francesa, en la segunda predominó el idioma español. Falla permitió a la cantante pavonear sus dotes como intérprete y dejar traslucir una esencia andaluza a lo navarro, aspecto que culminó con la célebre "La tarántula" de La Tempranica (La tarántula). Rubén Fernández  dejó constancia de su buen hacer sobre el teclado, aportando la sensualidad y el vigor oportunos  y dejando espacio en todo momento al protagonismo que la voz requería.

     

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