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CRÍTICA: MARTHA ARGERICH VISITA EL AUDITORIO NACIONAL RODEADA DE AMIGOS, DENTRO DEL CICLO DE JUVENTUDES MUSICALES. Por Gonzalo Lahoz.

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Autor: Gonzalo Lahoz
12 de octubre de 2013
Foto: Adriano Heitman
ESTO ES TODO, AMIGOS.

09/12/13. Juventudes Musicales. Auditorio Nacional. Madrid. Martha Argerich, piano. Ivry Gitlis, violín. Eduardo Hubert, piano. Jing Zhao, violonchelo. Michael Guttman, violín. Mauricio Vallina, piano. Marek Denemark, clarinete. Anton Martinov, violín. Lyda Chen Argerich, viola.

    Por una vez en este tipo de acontecimientos -los que incluyen la palabra "amigos" en el título-, parecía que nos encontrábamos ante un caso real, de verdadero interés, y no en una de esas ocasiones impuestas o conseguidas por determinados agentes o programadores, con el punto de mira puesto más en lo publicitario del hecho que en la calidad del producto. La cuestión es que a los amigos de verdad, como es el caso, hay que quererlos como son, con sus virtudes y sus defectos, que en este caso, no fueron pocos.

     Martha Argerich, siempre con la habitual discreción y pavor al público que le caracteriza, se mostró en todo momento en un segundo plano, cediendo todo el protagonismo a sus invitados. Apenas pisó el escenario para abrir y cerrar la primera parte del programa, y para intervenir en el Quinteto que ocupaba la segunda. En su primera intervención con la Polonesa brillante de Chopin estuvo acompañada al cello por Jing Zhao, un artista de insuficiente imaginación y habilidad. Su interpretación estuvo carente del cuerpo y el color necesarios para dar vida a una obra que en la que tendría que haberse convertido en protagonista. Desafinaciones varias y sonidos arrastrados, con errores llamativos incluso en los pizzicatti, echaron a perder la pieza.

     El pianista argentino Eduardo Hubert, siempre frío y distante durante toda la velada y un perdido Ivry Gitlis al violín interpretaron Nigun de Bloch. A Gitlis ha de reconocérsele toda su gran carrera como virtuoso del violín, con sus interpretaciones magistrales de obras de Paganini o sus visiones de grandes del XX como Stravinsky o Bartók. La cuestión es que el israelí ya tiene la friolera de 91 años y sigue tocando, eso sí, un tanto a su manera. Le costó mucho, muchísimo afinar su instrumento sin terminar de conseguirlo. Necesitó un apoyo donde reposar su violín mientras tocaba, dado lo avanzado de su edad, aunque terminó por levantarse, esforzándose por alcanzar de alguna manera las notas necesarias. Recordar sus interpretaciones de años atrás de la misma pieza llegó a resultar doloroso.

 

     Hubert y Zhao naufragaron en una fallida transcripción de El paño moruno, Polo y Asturiana de Manuel de Falla para piano y cello. La música del compositor gaditano parecía totalmente ajena a la china, en una visión desangelada, totalmente ralentizada y gris. No puede tocarse sin color ni calor una letra que reza "malhaya el amor malhaya y quien me lo dio a entender".

     El pianista Mauricio Vallina se presentó con una estética y un porte llamativo. Personalmente no había visto un horterismo tal desde aquellas portadas de Alexis Weissenberg con camiseta ajustada, cadena maciza al cuello y Schnauzer gigante bajo el brazo. Con la salvedad de que Weissenberg era Weissenberg. La pieza escogida, del virtuoso francés Charles-Valentin Alkan: El festín de Esopo, desprendía un inconfundible aroma a estudio basado en tema con variaciones que dio buena muestra del tecnicismo del joven cubano.

     Hasta aquí las sombras. Lo que estaba por venir serían las luces, nunca deslumbrantes en todo caso. Lo mejor de todo, las tres piezas de Piazzola: Oblivion, Libertango y Tres minutos con la realidad, en versión para dos pianos a cargo de Hubert y la propia Argerich. Cerró la noche el Quinteto Op.44 de Schumann, con una Argerich al piano que paso prácticamente desapercibida, la cellista Zhao -afortunadamente integrada en el cuarteto de cuerdas, capitaneado por el que fue el mejor "amigo" de la velada-, el violinista Michel Guttmann, quien supo guiar a las jóvenes instrumentistas (Lyda Chen Argerich a la viola) y controlar al bueno de Gitlis, que iba un tanto por donde le apetecía, con un par de intentos por acelerar el tempo.

     Una noche sin pena ni gloria en la que no pudo disfrutarse del buen hacer de Argerich en su totalidad y cuyos amigos se comportaron como lo que son: amigos. Por lo visto, una ciudad como Madrid no se merece el privilegio de una ciudad como Lugano, para así poder disfrutar del arte de un Kovacevich, Maisky o Freire... Para rematar, Juventudes Musicales no prestó demasiada atención en esta ocasión a las biografías que publican de los artistas. La de Mauricio Villana comienza un párrafo que dice: "esta grabación recibió la nominación CHOC en la revista..." ¿De qué grabación se habla? o "actualmente distribuidas por EMI", cuando EMI ya hace tiempo que ha desaparecido. O la de Michael Guttman: "En el verano de 2005, vino a Toronto a desvelar su nuevo proyecto..." Entiendo que se reciclen los datos de un concierto a otro, pero ese "vino" delata de donde se ha recuperado el texto. En fin...
 
 Foto: Adriano Heitman
 
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