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Crítica: Concierto de Año Nuevo en el Teatro de la Zarzuela

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Autor: Óscar del Saz
5 de enero de 2026

Crítica de Óscar del Saz del Concierto de Año Nuevo del Teatro de la Zarzuela, con Nancy Fabiola Herrera, Zayra Ruiz, Darío Solari y  Andrés Presno bajo la dirección de José Miguel Pérez Sierra

Concierto de Año Nuevo en el Teatro de la Zarzuela, con Nancy Fabiola Herrera, Zayra Ruiz, Darío Solari y  Andrés Presno

La Zarzuela nos une


Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 3-I-2026. Teatro de la Zarzuela. Concierto de Año Nuevo con el título «Nuestro Atlántico. Zarzuela con sabor latinoamericano». Obras de Federico Moreno Torroba (1891-1982), José Serrano (1873-1941), Manuel Fernández Caballero (1835-1906), Zenón Rolón (1856-1902), Manuel Penella (1880-1939), Francisco Payá (1879-1920), Ernesto Lecuona (1895-1963), Reveriano Soutullo (1880-1932), Juan Vert (1890-1931), Arturo Márquez (1950), Gonzalo Roig (1890-1970), Eliseo Grenet (1893-1950). Nancy Fabiola Herrera (mezzosoprano), Zayra Ruiz (soprano), Darío Solari (Barítono), Andrés Presno (tenor) . Orquesta de la Comunidad de Madrid. José Miguel Pérez-Sierra (director).

   En el espacio y en el tiempo entre España y América, la zarzuela fue -aunque nacida en España y desde el siglo XIX- un género viajero que absorbió ritmos, acentos y colores populares en Cuba y México, y se cantó con fervor en Montevideo. De esa ida y vuelta nacieron páginas donde la jota coqueteó con la habanera, la romanza española asimiló el danzón y lo castizo convivió con las cadencias afrocaribeñas. 

   En la capital mexicana, y por contraposición a la ópera -que se consideraba demasiado elitista-, hubo varios empresarios interesados en traer zarzuelas de España, si bien se apostó fuertemente por autores mexicanos que habrían de exaltar el acervo nacional, como ocurrió con la zarzuela «Chin Chun Chan», con música de Luis Jordá (1869-1951) y Libreto de José Francisco Elizondo (1880-1943) y Rafael Medina (1870-1914).

   También existió una genial tercera vía: aquella que explorara el genio de Moreno Torroba y que supiera sintetizar una perfecta fusión entre la música española y la mexicana, dando como resultado, por ejemplo, la maravillosa zarzuela, de ambiente totalmente mexicano, «El orgullo de Jalisco», recuperada para su reestreno en septiembre de 2025 -Teatro Degollado- en Jalisco, Guadalajara, siendo el director de escena, y factótum de esa producción, el maestro Leopoldo Falcón, y en el plano musical, el maestro  Allen Vladimir Gómez.

   Este Concierto de Año Nuevo recorrió con acierto ese puente de ida y vuelta, atlántico, que es la zarzuela misma, poniendo en sonido fragmentos de partituras mexicanas y argentinas recién recuperadas -la obra de Zenón Rolón lo fue en 2024 por la «Asociación Argentina de Compositores»-, sumando clásicos del repertorio español y dando a conocer, como complemento al protagonismo de la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera, voces de México (Zayra Ruiz) y Uruguay (Darío Solari, Andrés Presno), junto a la orquesta y el director madrileños. 

   El resultado, por así decirlo, celebró una identidad compartida -tan nuestra- que suena a ciudad y a puerto, a teatro, a salón de baile… Y dado que en estos últimos años nos encontramos en un florecimiento de los intercambios y las sinergias entre los proyectos de internacionalización de la zarzuela, como Género Universal que es, esperamos -¡para cuándo, Sr. Ministro de Cultura!- el advenimiento del galardón de la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

   Resplandeciente y bello sonó el recoleto preludio de «El orgullo de Jalisco» (1947), en el que pudimos comprobar el color orquestal típico de Moreno Torroba, de cuerda empastada y madera lírica, a fin de equilibrar el inconfundible y mexicano brillo de los metales, y que dio paso a la muy cantábile romanza de Cristina ‘¿Por qué a mí vuelve?’, en la que la mezzosoprano Nancy Fabiola, de centro rico, agudos cálidos y dicción clara, sin perder el ‘legato’, resolvió con nota la romanza y apuntó perfectamente su concepción del personaje, aunque fue tapada en algún momento por el desmedido volumen de la orquesta.

   En la romanza de Pilar, ‘Nostalgia angustiosa’ de la zarzuela «Chin Yonk» (1895), del compositor bonaerense Zenón Rolón, su música mezcla opereta francesa y candombe rioplatense. Nuestra mezzo supo aplicar un color vocal dolorido y emocionado, acorde con la psicología del personaje, y una paleta dúctil en las dinámicas.

   Para darlo todo, Nancy Fabiola Herrera hizo la salida de Cecilia, ‘¡Yo soy Cecilia!’, de «Cecilia Valdés» (1932), una romanza difícil de identidad y orgullo mestizo, alta representante de la gran zarzuela cubana, que requiere gran presencia escénica y una bravura luminosa, donde la mezzosoprano supo llevarla a su terreno, quintaesenciándola con la pasión y el desparpajo necesarios. 

   La soprano Zayra Ruiz cantó ‘Yo quiero a un hombre’, encarnando al personaje de Rosario, de  «El cabo primero» (1895), que guarda varias dificultades en cuanto al deseo que debe ser puesto en juego -que resultó demasiado afectado-, la dicción castiza -mejorable-, además de rematar los agudos con empaque y de forma brillante, esto último conseguido a medias. 

   En la romanza de «María la O» (1930), ‘Mulata infeliz’, con arreglo del estupendo pianista Sergio Kuhlmann, quizá no procedió tal versión, que se despega de la partitura original convirtiéndola más en una pieza de feliz musical -dada la desenfocada y exagerada gestualidad de la cantante- que en la cruda romanza de zarzuela que debe ser, por lo que el enfoque de Zayra Ruiz también fue desacertado, muy lejano del trágico y profundamente amoroso que corresponde, el de la entrega a su amado ‘El Niño’ Fernando y opuesto al dolor de la traición cuando descubre su matrimonio con ‘Niña’ Tula, antes de que María decida matar a Fernando por esa traición. Bien en cuanto al fraseo sensual y cuidado del color vocal caribeño.

   El tenor lírico Andrés Presno comenzó sus partes en solitario con la romanza de Don Gil, ‘¡Tente, detén tu alado paso!’, de Don Gil de Alcalá (1932), con enfoque adecuado del estilo del «bel canto» español, utilizando adecuadamente las dinámicas y un canto en las medias voces untuoso, atmosférico, aunque sin embargo, el agudo -de buen volumen y expansión- resultó demasiado fijo y estrechado.

   En la romanza de Javier, ‘De este apacible rincón de Madrid’, de «Luisa Fernanda» (1932), cantó con el «piloto automático» puesto, sin la adecuada distinción en la transmisión de los sentimientos en la interpretación -mostrar su deber como soldado y su enamoramiento con Madrid y sus gentes-, resultando anodina y plana, con un agudo final estrechado, poco potente y sin timbrar.

   El barítono Darío Solari acometió la romanza ‘Junto al puente de la peña’, de «La canción del olvido» (1916), si bien con fraseo noble, aportó una emisión abierta, ruda, y agudos en exceso desguarnecidos en la cobertura, además de un canto en el ‘forte’ un tanto «vociferado». 

   En su segunda intervención solista estuvo anunciado en un inicio la pieza ‘Amor, vida de mi vida’, de la zarzuela «Maravilla» (1941), pero en algún momento fue sustituida por la romanza de Germán ‘Los cantos alegres de los zagales’, de «La del Soto del Parral» (1927), con una interpretación correcta, aunque dentro de las coordenadas vocales antedichas y poco imaginativa en relación a su capacidad para comunicar.

   Los diversos cruces entre todos los intérpretes en forma de dúos, que trufaron las actuaciones de los solos, fueron lo que más atractivo resultó, además de constituir, en muchos de los casos, el descubrimiento de piezas poco ejercitadas, pero muy interesantes.

   De «El orgullo de Jalisco» (1947), en el dúo de Cristina y Paco, ‘Por una tapatía’, disfrutamos del engarce de voces entre Nancy Fabiola y Darío Solari, donde relumbró la coquetería, mezclada con acento popular, con guiños a ritmos mexicanos, maracas incluidas, así como que se conjugara una buena afinación en las frases de paralelismos amorosos. 

   De igual forma, con el tenor Andrés Presno, ambos dieron vida de forma muy creíble al dúo de Matilde y Kraus ‘Allá en mi barco’, de «El lobo de mar» (1909), de Francisco Payá, español afincado en Buenos Aires, con estilo de opereta rioplatense, acentuando ambos, convenientemente, el ritmo y sones de la canción marinera.

   La soprano Zayra Ruiz y el tenor Andrés Presno interpretaron de forma muy intensa y adecuada, casi teatral, el dúo y jota de Antonelli y Giussepini ‘Comprende lo grave […] No cantes más «La africana»’, de «El dúo de «La africana»» (1893), con fidelidad interpretativa a la parodia operística y buena articulación silábica, ‘tempo’ justo de jota, así como una límpida afinación y final con potencia en los agudos suficiente.  

   Con los cuatro solistas sobre el escenario se interpretó la rumba de Cristina ‘¡Popa!’, de «La camagüeyana» (1935), del cubano Eliseo Grenet, uno de los grandes innovadores del teatro musical y la música bailable en su país. La pieza es un número festivo, con marcado carácter rítmico, cercano a la conga y al son, muy típicos del teatro musical cubano de los años 30.

   Para finalizar, también en cuarteto, se interpretó la bella habanera ‘Todas las mañanitas’, de «Don Gil de Alcalá», que por no estar presente el Coro del Teatro de la Zarzuela hubo de acortarse, prescindiendo de esa bella parte.

   En cuanto a la labor de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, opinamos que salió con muy buena nota de este concierto de Año Nuevo, así como su director, José Miguel Pérez-Sierra, atento -aunque no siempre- a los cantantes, y pendiente de los continuos cambios de contexto y estilos, en un programa tan variado como complejo. 

   Tuvo una gran acogida por parte del público en la pieza de Arturo Márquez, «Danzón n.º 2» (1994), con tributo a ese ritmo mexicano, inspirado en Veracruz, controlando los ‘acelerandi/ritardandi’, y los balances de solos -clarinete, oboe, piano, trompeta, flauta-, con sensualidad adecuada y manteniendo la claridad rítmica. El maestro deseó un 2026 cargado de Paz (que falta nos va a hacer). Dados los continuos aplausos por parte del público, se ofreció de propina el pizpireto cuarteto de Las Caleseras de «El barberillo de Lavapiés». 

   La concepción de conciertos como el que nos ocupa demuestra que, cuando la zarzuela cruza el océano hacia ambos lados, no pierde nunca sus raíces, sino que las multiplica. El futuro ha de ser compartido, universal, porque la zarzuela sabe abrazar todas las orillas. Por ello, urge que este género, vivo y viajero, alcance ya el reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

   Deseamos a los amables lectores una feliz Noche de Reyes, cargada de regalos y buenos propósitos.

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