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Crítica: «Norma» en el Teatro Regio de Parma

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Autor: Raúl Chamorro Mena
17 de febrero de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Norma de Bellini, en el Teatro Regio de Parma, bajo la dirección musical de Renato Palumbo

«Norma» en el Teatro Regio de Parma

Prometedora Norma

Por Raúl Chamorro Mena
Parma, 15-II-2026, Teatro Regio. Norma (Vincenzo Bellini). Vasilisa Berzhanskaya (Norma), Dimitry Korchak (Pollione), Maria Laura Iacobellis (Adalgisa), Carlo Lepore (Oroveso), Alessandra Della Croce (Clotilde), Francesco Congiu (Flavio). Coro del Teatro Regio de Parma. Orquesta Filarmónica Italiana. Dirección musical: Renato Palumbo. Dirección de escena: Nicola Berloffa.

   Si Il pirata fue un gran paso, con Norma (Milán, Scala, 1831) también de Vincenzo Bellini, la ópera italiana, hasta ese momento ligada al modelo Rossiniano, entra definitivamente en el romanticismo. Este argumento trágico de raíz clásica extraído - con importantes cambios - de Norma o el infanticidio de Alexandre Soumet encumbra un personaje femenino protagonista para la historia de la ópera y que se convierte en el núcleo central de esta emblemática creación. Norma sufre una gran evolución durante la obra, es un carácter con muchas aristas y debe expresar durante la trama diversos sentimientos y estados de ánimo. Liderazgo, autoridad, falsedad, vulnerabilidad, hipocresía, celos furibundos, arrepentimiento y grandeza en la redención.

   Resulta un tanto sacrílego ver en Parma una ópera no compuesta por Giuseppe Verdi, pero consciente de que el Maestro admiraba a Bellini y su Norma, estoy convencido de contar con su comprensión. La presencia de Vasilisa Berzhanskaya para medirse a este papel destinado a soprano estilo grande agitato, assoluto, drammatica d'agilità... o cualquiera de las diversas denominaciones que se suelen aplicar, me parecía lo suficientemente interesante para desplazarme desde Milán a la hermosa Parma.

«Norma» en el Teatro Regio de Parma

   La cantante rusa me sorprendió muy gratamente como Sinaïde de Moïse et Pharaon en el Rossini Opera Festival de Pesaro de 2021. Posteriormente, me decepcionó como Preziosilla en La Scala milanesa. El material de la Berzhanskaya es un tanto híbrido e indefinido. De mezzo acuto o más bien de soprano lírica con cuerpo, pero lo que no está en cuestión es que su arte de canto, técnica y carácter son totalmente afines al repertorio belcantista.

   Desde el recitativo inicial, la Berzhanskaya colocó la voz en el centro de la bellísima sala del Teatro Regio. El correcto apoyo sobre el aire y control de la respiración brilló en el recitativo "Sediciosi voci" de acentos áulicos, pero faltos de mayor incisividad y contrastes. El legato de la cantante rusa, amplio aliento -imprescindible por el tempo lentísimo de Palumbo- y control total sobre la columna de aire le permitó delinear la mítica "Casta diva" con desahogo, legato de clase, dinámicas y sorteando todas sus trampas. Espléndida la cadencia final, ascenso con posterior escala descendiente de semicorcheas. Se oyeron todas y cada una de las notas. La debilidad en el grave, la falta de una mayor belleza tímbrica y las dificultades con los saltos interválicos de "Deh non tremare oh pérfido!" penalizaron la encarnación de la cantante rusa. Igualmente faltó fuerza dramática a "Dormono entrambi" desfavorecida por los tempi letárgicos de la batuta, que despojó de tensión dramática el tremendo pasaje en el qué Norma finalmente no deja caer el puñal sobre sus hijas  - en esta producción eran dos niñas-. En los dúos con Adalgisa brilló el legato, escuela de canto y buena agilidad de Berzhanskaya cuya voz empastó bien con la Iacobellis.

   En definitiva, un positivo acercamiento a Norma que destacó especialmente en el aspecto vocal con un canto a veces demasiado instrumental y escolástico, pero con margen de mejora en cuanto a expresividad, acentos y caracterización a lo que no le ayudó precisamente la fallida y vacua puesta en escena y su casi nula dirección de actores. Para esa construcción dramática debe ser un punto de partida el temperamento que sacó la Berzhanskaya en el dúo del último acto "In mia man alfin tu sei" y la escena final que atesoró suficiente grandeza.

«Norma» en el Teatro Regio de Parma

   Dimitry Korchak es un tenor de sólida formación belcantista, particularmente rossiniana, pero el Pollione es otra cosa. Lo estrenó Domenico Donzelli, uno de los primeros tenores di forza y aunque se dice que Bellini pensó en Rubini, la escritura pide un primo tenore romántico con un centro sólido y acentos tanto ardorosos y efusivos como vibrantes. Korchak cantó su cavatina "Meco all'altar di Venere" con buena línea, se encaramó al Do sobreagudo, que tantas veces se suprime, en "eran rapiti i sensi" y abordó con determinación la cabaletta "Me protegge, me difende" - con variaciones en el da capo como debe ser - pero el timbre suena árido, ingrato, sin color, todo lo contrario de lozano, además de faltarle calibre para el papel. Asimismo,  los ascensos denotaban tensión y esfuerzo. Incluso "rascó" alguno. Dentro de la corrección y propiedad de su canto tampoco el fraseo de Korchak resultó variado, ni de especial clase y efusión lírica.

  La versión ofrecida por el Teatro Regio de Parma respetó la distribución vocal original de la obra. La mujer experta y avezada, Norma, para una sfogato o drammatica d'agilità con un color más oscuro -Giuditta Pasta-  y la joven inexperta, Adalgisa, para una lírico ligera, Giulia Grisi. María Laura Iacobellis posee la solidez musical y dominio del estilo que le da su formación en la Academia Rossiniana de Pesaro, pero su voz, grata y bien emitida resultó demasiado ligera y el fraseo inane y monótono. Tanto como su falta de personalidad y de carácter en escena.

   El Oroveso de Carlo Lapore se salva apenas por centro y grave potable, pero el agudo es imposible y su canto carece tanto de autoridad como de sutilezas.
La dirección musical de Renato Palumbo cuidó el sonido orquestal y ofreció algunos detalles apreciables como la coral de la obertura previa a la coda final y algunos otros, pero para ello se recreó en tempi lentísimos que provocaron no pocas caídas de tensión. Esa incoherencia de tempi, letárgicos la mayoría, algunos vertiginosos, tuvieron como consecuencia una labor poco fluida y sin hilazón, además de escasamente teatral.

   Si faltó teatralidad a la dirección de Renato Palumbo-, nula fue la de la puesta en escena de Nicola Berloffa. El montaje sitúa la acción en el siglo XIX, pródigo de guerras y revoluciones, y muestra "una sociedad vencida y conquistada" en palabras del regista. Los supuestos galos son un pueblo derrotado y asediado encerrado en un palacio derruido. El Sr. Barloffa subraya que Norma pasa de líder a traidora sin un proceso, mediante una condena dictada por la masa. Pues claro, a lo mejor pensaba que sería conveniente teatralmente alargar la ópera tres cuartos de hora con un proceso y sin el efecto dramático del reconocimiento de su culpa por parte de Norma, su redención en la hoguera purificadora junto a Pollione camino del más allá, donde podrá cristalizar su amor. Así las cosas, no sorprende que la medio idea inicial del montaje carezca de desarrollo alguno. La puesta en escena se queda en la nada, mortecina y con una dirección de actores cuasi inexistente. Eso sí, hay que valorar que el elenco cantó siempre en la parte delantera del escenario.

Fotos: Roberto Ricci

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