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Crítica: Nuno Coelho con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
12 de noviembre de 2020

Schoenberg y Brahms vistos por un director en alza

Por Agustín Achúcarro

Valladolid, 09-XI-2020. Ciclo de Otoño. Auditorio de Valladolid, Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Sinfonía de cámara nº1, op. 9 de Schoenberg y Serenata nº2 en la mayor, op.16 de Brahms. Nuno Coelho, director.

   Reseñar, antes de nada, que este concierto estaba dedicado a la figura del reputado violinista Stefan Zabek, fallecido recientemente, que formó parte de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León desde 1991 a 2002 y que, junto a otros, puso las bases del sonido de la cuerda de la orquesta. Más allá de «la relación muy especial que existe entre las dos obras programadas», según explicó en previa de este concierto Nuno Coelho a CODALARIO, el director cimentó las interpretaciones de las obras de Schoenberg y Brahms bajo un criterio en el que conjugó equilibradamente lo camerístico con el anhelo sinfónico.


   El director le dio a la Sinfonía de cámara nº1 de Schoenberg un impulso que no decayó durante toda la obra, destacando un pulso enérgico, mezclado hábilmente con cambios de tensión breves y eficaces, y pasajes más melódicos bien resueltos. Se mantuvo una sugestiva densidad en las texturas, así como contrastes, ímpetu y pasajes calmos dentro de una tensión continuada y en muchos casos creciente, y resolvió con soltura la concisa  partitura, siempre en función de una rítmica cambiante. Concluyó con un final resuelto de manera contundente. Una sinfonía de cámara en la que salió a relucir lo tonal-dominante en este caso-y lo disonante, así como cierto carácter postromántico y una relación sonora en función del color, en una obra que mira al pasado y marca el camino al futuro. Coelho mantuvo muy bien la idea de la obra en su conjunto, como algo continuo, integrando ciertos detalles, como pequeños acentos y breves cambios de tiempo.

   Con la Serenata nº2 de Brahms el director siguió insistiendo en la buena relación entre las secciones y en mantener un pulso, que nunca disminuyó, dejando que fluyera de manera natural la relación contrapuntística entre las distintas secciones. Aquí el director buscó la sutileza del sonido. La densidad sonora fue más allá de lo que sería una obra de cámara, emulando a las grandes sinfonías del compositor que habrían de llegar, con una coloración muy sugestiva a lo que contribuyó el protagonismo de las violas. El tratamiento contrapuntístico, ya comentado, fue la base de la labor que realizaron orquesta y director, con diálogos fluidos y destacables intervenciones de los solistas. En el Allegro moderato resultó perfectamente empastada la intervención del par de clarinetes, de la que surgieron enriquecedores  armónicos, acertadamente secundados por las flautas y resto de maderas. Coelho se movió entre el lirismo inicial, la gravedad del andante, como en contraposición al anterior Scherzo, y un rondó final lleno de colorido y jovialidad, a lo que contribuyó de manera importante la labor del piccolo. Y todo se produjo en un contexto dialogante y fluido entre las secciones de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

Foto: Sinfónica de Castilla y León

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