Artículo de Nuria Blanco Álvarez sobre la zarzuela Gigantes y cabezudos de Manuel Fernández Caballero en el cine mudo
Miguel Fleta en un fotograma de la película Gigantes y cabezudos (1926)
Gigantes y cabezudos, una zarzuela que suena en el cine mudo
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Tal y como explicábamos en este artículo para Codalario, en los primeros años del siglo XX era habitual el uso de fragmentos de zarzuelas como sonido sincronizado a las primeras grabaciones del cinematógrafo e incluso su interpretación en directo durante las proyecciones. Dado que las primeras exhibiciones del cinematógrafo se realizaron en los teatros tras las distintas secciones representadas de género chico, no sería de extrañar que tarde o temprano se utilizara a la propia orquesta del coliseo, o a un grupo de sus músicos, para amenizar en directo esos momentos y que utilizaran para ello fragmentos de su repertorio zarzuelístico. Pero no solo eso, muy pronto fueron las propias zarzuelas completas las que se llevaron a la gran pantalla a modo de película.
«En primera instancia puede resultar sorprendente que fuera el cine mudo el que se nutriera del mundo de la zarzuela para sus primeras películas»
En primera instancia puede resultar sorprendente que fuera el cine mudo el que se nutriera del mundo de la zarzuela pero, al igual que en ésta no eran extrañas las adaptaciones de obras literarias previas, parece natural que el cine hiciera lo propio en sus inicios adaptando el género chico que había estado tan en boga y tanto éxito cosechó entre el público, contando además con el añadido de la música en directo durante las proyecciones. Eran obras breves, en muchas ocasiones con pocos personajes y sencillos decorados, con ambientaciones en general populares y ya conocidas por la audiencia, aspectos muy interesantes para un cine en ciernes que buscaba hacerse un hueco entre la oferta de entretenimiento del momento y que contaba además con el aliciente de su económico precio en taquilla.
El actor y director de cine Florián Rey (La Almunia de Doña Godina, Zaragoza, 1894-Benidorm, 1962)
José María Claver añade que el hecho de llevar zarzuelas al cine en los años 20 del siglo XX responde además a un planteamiento ideológico conservador, fuertemente nacionalista, donde era importante la construcción identitaria española con el casticismo madrileño o visiones regionalistas de lugares como Andalucía o Aragón. Sobre este asunto contamos con la opinión de uno de los actores y directores de cine más importantes de la época, Antonio Martínez Castillo, conocido artísticamente como Florián Rey, que así se manifestaba en un artículo del periódico El Sol sobre su adaptación cinematográfica para la compañía Atlántida, de la exitosa zarzuela Gigantes y cabezudos (1898) de Manuel Fernández Caballero en lo musical y libreto de Miguel Echegaray, film grabado en Zaragoza y su provincia, y donde un periodista, que se muestra contrario al recurrente tema zarzuelero en las producciones de películas españolas, recoge una conversación al respecto mantenida con el propio cineasta:
Recordamos aún el vivo calor con que Florián defendió su idea y plan de llevar al «teatro mudo» la mencionada zarzuela [«Gigantes y cabezudos»]. Según él, esta obra era una singular excepción, tanto por su enredo, de acción copiosa, como por los valores de color regional y patriótico que encerraba para una bellísima y propia traslación al «cinema». Y Florián Rey tenía razón. El triunfo logrado por este «film» así lo demuestra.
Cartel de la película muda Gigantes y cabezudos (1926). En la imagen aparecen los baturros de Calatorao.
Como no podía ser de otra manera, el estreno de la película (rodada en 1925) tuvo lugar en Zaragoza, con un pase privado para los reyes el día 1 de marzo de 1926, en el que hubo hasta fuegos artificiales. Para el estreno de Gigantes y cabezudos en la capital española el 8 de marzo de 1926 hubo todo un despliegue de músicos para acompañar la proyección, que se convirtió en todo un acontecimiento. Se señala en la prensa: «Aprovechando la magnífica partitura de la zarzuela, toda la cinta discurre con su acoplamiento exacto, contribuyendo a la emoción que despiertan las escenas. Para mayor realce, la Empresa Sagarra incorporó a música y película oportunos pasajes de canto con un fausto no superado hasta ahora en Madrid, dentro del espectáculo del "cine"». Y es que además de la propia orquesta del Real Cinema, lugar del evento, se contó para la ocasión con los coros masculino y femenino del Teatro Real, el coro de niños de la Real Capilla, la rondalla Ramírez y la banda de clarines del regimiento de Húsares de la Princesa. También con la tiple Srta. Gamboa para interpretar la canción de la carta y el tenor Sr. Garmendia para el solo del «Coro de repatriados». Hubo también momentos bailados para los que se contrata expresamente en Zaragoza para este espectáculo, a dos baturros «de verdad» para cantar las clásicas jotas baturras: Gayarre de Nuez y El maño de la Ribera. Además, al ser tan conocidos los temas musicales de esta zarzuela, se contaba con que el público los corease, aprovechando las letras fijadas en los intertítulos, viviendo la proyección como una experiencia colectiva.
«Al ser tan conocidos los temas musicales de esta zarzuela, se contaba con que el público los corease, aprovechando las letras fijadas en los intertítulos, viviendo la proyección como una experiencia colectiva»
Pero no solo eso, al principio de la película aparece, a modo de cameo, el propio autor del libreto Miguel Echegaray (Fernández Caballero había fallecido en 1906 y se le recuerda con una fotografía), así como el gran tenor aragonés Miguel Fleta interpretando, guitarra en mano, una copla de Casañal, Ser hombre a secas no es nada, así como una jota desde un balcón, mientras en pantalla se introduce su letra momento oportuno para que en la sala de proyección se interpretara dicha pieza. De hecho, en el estreno madrileño fue el propio Fleta el que cantó en directo los pasajes en los que participó en la película.
Carmen Viance como Pilar en un fotograma de la película Gigantes y cabezudos (1926)
José Nieto como Jesús en un fotograma de la película Gigantes y cabezudos (1926)
La versión cinematográfica -que ha llegado a nuestros días íntegramente-, se ciñe al argumento de la zarzuela en su segunda parte pero añade una primera totalmente nueva, de carácter más rural, a modo de precuela, donde se narra el inicio de la historia de amor entre Pilar y Jesús -interpretados respectivamente por Carmen Viance y José Nieto- así como el momento en que el joven es llamado a filas, ocupando la primera media hora de película de los 72 minutos totales de duración.
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